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Cómo se gestó el nuevo bloque peronista en el Senado y qué leyes impulsan

«Conmigo no cuenten más», se despidió el senador Guillermo Snopek el martes de la reunión del Frente de Todos en la oficina del tercer piso del palacio, histórico bunker del peronismo.

El jefe José Mayans la había convocado el feriado para evitar una asamblea más ruidosa, enterado de los descontentos acumulados en los últimos meses que habían impedido abrir el recinto mientras él se recuperaba de un problema de salud. Planeaba una sesión para el jueves, después de reelegir autoridades, pero necesitaba garantizar la unidad y no era fácil.

El formoseño confiaba en evitar una ruptura como hace dos años, cuando Snopek redactó su renuncia y el entrerriano Edgardo Kueider y el correntino Carlos Espínola llegaron a puntear nombres para una bancada propia. El jefe de bloque ofreció  presidencias de comisiones estratégicas y logró que no sacaran los pies del plato.  

Esta vez fue inevitable. Snopek presentó su nueva carta de salida el viernes, furioso por detenciones a ex funcionarios y pedidos de desafueros a legisladores peronistas en Jujuy. Esperaba una cruzada de Alberto contra el gobernador radical Gerardo Morales, que nunca llegó.

Diez días antes le anticipó a Cristina Kirchner en su despacho que se iría si no había una reacción del Gobierno contra Morales. La vice prometió gestiones que no dieron resultado.

Durante el fin de semana de carnaval Snopek cruzó chats con Kueider, Espínola y la puntana Catalfamo, quien ya había anunciado su salida del bloque en diciembre. La cordobesa Alejandra Vigo, que tenía un monobloque y votó casi siempre con Juntos por el Cambio, estaba lista para sumarse a la nueva bancada y esperaba una definición.

Acordaron encontrarse el miércoles por la tarde en el despacho de Catalfamo y mantener en secreto la decisión. Pero alguien no cumplió y por la mañana la creación del nuevo bloque se filtró en algunos medios. Sospechan de una maniobra de los gobernadores Alberto Rodríguez Saá y Juan Schiaretti para sacar provecho en sus peleas locales. 

La noticia casi frustra el plan. Espínola era el más enojado: había sido tan rígido en su secretismo, que le negó todo a Mayans. El gobernador de Entre Ríos Gustavo Bordet no sabía nada. Kueider le informó el mismo miércoles y abrió el teléfono cuando la decisión estaba tomada.

El senador tuvo que aclarar que no se trata de una ruptura del Frente de Todos ni mucho menos un alineamiento con Schiaretti, sino una forma de impulsar una agenda legislativa que tenga rédito en las provincias. La única que encontraron.

Guillermo Snopek y Carlos Espínola.

La ruptura comenzó a gestarse después de la última sesión del Senado el 16 de noviembre, cuando Espínola casi abandona el recinto ni bien supo que se aprovecharía la ausencia de la oposición para incorporar leyes. Sólo aceptó votar un resarcimiento para las víctimas de la represión de 2001.

«Le molesta todo», se escuchó quejarse a sus por entonces compañeros. El ex medallista olímpico estuvo decidido a enfrentar al Frente de Todos 2021 para reelegir pero Cristina lo convenció de quedarse, con una reunión en su despacho. «Cristina, vos me conoces: yo siempre voy a jugar a ganar», le dijo el senador, molesto porque buscaban excluirlo. «Lo sé», respondió la vice y ordenó que encabece la lista.

Catalfamo anunció su salida en diciembre por presión de su gobernador y Snopek se decidió en febrero, porque Alberto no lo apoya en su pelea con Morales en Jujuy. Se lo dijo a Cristina y a Mayans. Kueider discutió a los gritos con el presidente porque incumplió una promesa. Espínola venía molesto por la agendas de la sesión. 

Pero el año pasado Espínola no quedó conforme con el funcionamiento del bloque. Se sentía «atrapado» por la agenda de temas de la ex jefa de Estado y el desgaste de Alberto, que complican su posicionamiento en la política correntina, donde el gobernador radical Gustavo Valdés tiene una aceptación récord.

Catalfamo se había desmarcado del bloque en septiembre, cuando votó en contra de la ley para ampliar la Corte Suprema a 15 miembros.

Su gobernador promovió el proyecto original para que sea de 25, pero el senador Adolfo Rodríguez Saá, el hermano y rival local, presionó para bajarla a 15 y se impuso. El kirchnerista Oscar Parrilli intentó ablandarlo en su despacho, pero no hubo caso. 

El menor de los Saá tenía una en contra: no quiso visitar a Cristina cuando presentó esa ley. Se fue antes, interesado en sacarse el ropaje de kirchnerista que le asignan sus detractores en San Luis. La corrección de su hermano a su texto fue un límite e instruyó a Catalfamo a armar un monobloque.

En diciembre la senadora presentó su carta, pero no se preocupó en difundirla. Desde 2019 se mostró cómoda con sus pares de La Cámpora, con quienes impulsaba la agenda de género y juventud. No pasaba por ahí.

Edgardo Kueider. 

Esperaba la primera sesión para romper y nunca llegó: Anabel Fernández Sagasti, la jefa en reemplazo de Mayans, iba a convocarla para el 21 de diciembre pero supo que habría otros dos ausentes y no llegaba a la mayoría propia. Uno era Espínola. Había alguno más que no podía volver de la final del mundial de fútbol. Y hasta un camporista tenía problemas de vuelos. «Nos vemos el año que viene», se despidió la mendocina. 

Antes, el 28 de noviembre, Catalfamo recibió en San Luis a Kueider, que venía de discutir a los gritos con Alberto Fernández. Siempre tuvieron diálogo directo, desde que el presidente en diciembre de 2020 le pidió votar a favor del aborto y lo logró.

Volvió a llamarlo cuando en el debate del presupuesto en comisión el senador amenazó con no votar si no incluían a Entre Ríos en las zonas cálidas con tarifas diferenciadas de luz. Le alcanzaba con una resolución de la secretaría de Energía. 

«Podes decir en la provincia que yo me comprometo a firmarla», le garantizó el presidente. Kueider votó el presupuesto, pero la resolución nunca se publicó. El costo fiscal, calcula, no excedería los 50 millones de pesos.

Después de reunirse con Emmanuel Macrón en París, Fernández atendió un llamado de Kueider y escuchó las recriminaciones. Oriundo de Concordia, el senador tiene una vieja lucha por el costo de la energía para los entrerrianos, que abastecen al país a través de la represa Salto Grande, pero no le sacan provecho.

María Eugenia Catalfamo 

Además, Kueider y Espínola se calzaron el buzo de albertistas hace un año para defender el acuerdo con el FMI, rechazado por el kirchnerismo. Cuando fue necesario, irrumpieron en las reuniones de bloque y defendieron al presidente. Sólo recibieron como premio promesas incumplidas. 

«En la primera sesión que haya, yo también me voy», le había dicho el entrerriano a Catalfamo en San Luis. En enero pasaron cosas: Alberto Rodríguez Saá se mostró con Schiaretti, quien otra vez coquetea con la idea de un peronismo republicano compitiendo en las presidenciales.

Vigo, su esposa, había sido contactada por los senadores díscolos para sumarse a un bloque, pero ninguno le garantizó apoyo a una aventura nacional del gobernador.

«Esto es una alianza legislativa, para instalar temas de las provincias que no son tenidos en cuenta», le aclararon. Vigo pasó el mensaje y nunca habló del tema.

Snopek estaba decidido a dar el portazo y en enero la vio a Catalfamo en San Luis. Ambos tienen mandato hasta diciembre. Las detenciones de ex funcionarios del ex gobernador jujeño Eduardo Fellner lo decidieron a romper y se lo anunció a Cristina. En la apertura de sesiones del 1 de marzo se lo gritará a Alberto.

La vice siempre valoró que en 2018 Snopek se haya negado a votar los allanamientos a su domicilio de El Calafate. En esos días lo recibió en su departamento de Recoleta para agradecerle. Pero esta vez no pudo ayudarlo.

Fernández Sagasti hizo los últimos intentos para retenerlo, pero el martes, en la reunión de bloque, supo que no sería posible. En la sesión preparatoria del jueves no ocultó su fastidio.

El bloque Unidad Federal. 

En el despacho de Catalfamo, el quinteto se comprometió a no pronunciarse por la interna del Frente de Todos, pero Snopek ya lo había hecho: en su carta, presentada el viernes, acusaba al presidente por su salida y no mencionaba a Cristina, quien ordenó difundirla y provocó el primer cortocircuito.  Alberto intercambió mensajes con Kueider para intentar evitar la fractura. No cambiaron nada. 

El jujeño fue elegido presidente del bloque, luego que Kueider y Espínola desistieran de cargos. Vigo se anotó como vice y la puntana estuvo a cargo de la carta de presentación, que algunos ni leyeron. Es un texto raro: mezcla sus demandas sobre políticas de género y diversidad, con los reclamos de recursos de las provincias.

Estos últimos, en realidad, son los que el nuevo bloque pedirá para abrir el recinto, a través de tres proyectos que en los próximos días le acercarán a Mayans y a los jefes de JxC.

El primero es el que Kueider presentó hace una semana para bajar el costo de la energía en el país, a través de una reducción del IVA, aumento de las regalías a las provincias productoras y del valor que Cammesa le paga a Salto Grande. También propone federalizar los costos del transporte y distribución.

El otro proyecto es el que aumento los subsidios al transporte automotor de las provincias. Lo presentó Vigo junto al radical Alfredo Cornejo. En Diputados una iniciativa similar tuvo dictamen, pero no llegó al recinto.

La última ley que reclamarán es la unificación de los costos de combustible en el país. Suele ser más barato en el área metropolitana y nadie sabe bien porqué. Lo están estudiando. Y quieren que cambie.

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