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El voto femenino: cuatro mujeres y una lucha de 40 años

Hay elecciones que pasaron a la historia y otras que, igualmente trascendentes, quedaron en el olvido. El objetivo de estas líneas no es analizar las causas que llevaron a ocultar algunos hitos de la política argentina para resaltar otros; el propósito es sacar a la luz a algunos protagonistas que nos trajeron hasta acá. En la historia electoral que vamos a contar hoy, todas sus protagonistas son mujeres.

Primero lo primero

La reivindicación del derecho al voto femenino en nuestro país no nació a mediados del siglo veinte como un hecho extemporáneo y aislado del contexto internacional, tampoco se reduce a un nombre propio. Los movimientos sufragistas se remontan a mediados del siglo diecinueve cuando en distintas partes del mundo algunas mujeres más o menos organizadas comenzaron a luchar por la igualdad de derechos. Entre otros -sociales, civiles y religiosos-, el derecho a votar y ser elegidas.

En Argentina, un país que todavía se estaba armando, las primeras acciones en ese sentido se demoraron un poco más, hacia finales de siglo, y estuvieron relacionadas con la inserción en el mundo laboral y la vida universitaria. Entonces sí aparecieron los primeros nombres que hay que seguir para contar esta historia, un recorrido de años que va más allá de la política partidaria.

Cecilia Grierson nació en 1859 en una familia de inmigrantes escoceses. Era maestra, una de las escasas profesiones reservadas a las mujeres, y con eso ayudaba a solventar la economía doméstica. Pero Cecilia quiso ser médica y se convirtió en la primera graduada de la Argentina. Ejerció como obstetra, escribió, dio clases, fundó escuelas y se involucró en la luchas feministas porque, a cada paso que intentaba dar, encontraba resistencia: no se esperaba que una mujer estudiara medicina, no pudo convertirse en cirujana, no le permitieron dar clases en la universidad.Cecilia Grierson fue la primera médica en graduarse en Argentina. Se recibió el 2 de julio de 1889 en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires.Cecilia Grierson fue la primera médica en graduarse en Argentina. Se recibió el 2 de julio de 1889 en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires.

Su estudio sobre el Código Civil permitió un cambio en la Ley sobre la Capacidad Civil de la Mujer que hasta entonces era tratada poco más que como una niña, estuvo en la fundación del Consejo Nacional de Mujeres y presidió el Primer Congreso Feminista Internacional que se hizo en Buenos Aires en 1910.

Fueron muchas las que motorizaron y se encontraron en ese congreso. Muchas para la época. Se presentaron trabajos de mujeres de todo el mundo y discutieron sobre los derechos civiles, el divorcio, la cultura, la economía, el acceso a la educación y el voto. Todo era incipiente pero el horizonte estaba claro. Algunas confiaban en el gradualismo, otras se lanzaron de lleno a la acción.

Una de ellas, también médica, protagonizó uno de los grandes momentos de nuestra historia política. Nació en Italia en 1873 como Giulia Maddalena Angela Lanteri, llegó a Argentina, se nacionalizó y acá se llamó Julieta Lanteri. Pronto se cruzó con mujeres con inquietudes parecidas a las suyas, fundaron la Liga Nacional de Mujeres Librepensadoras y, con la periodista uruguaya María Abella, crearon la revista “La Nueva Mujer”. Definitivamente, se estaban viviendo otros tiempos para las que no se conformaban con un destino doméstico.

Todavía no se había promulgado la Ley Sáenz Peña del voto secreto, universal y obligatorio cuando, en la elección a concejales por Buenos Aires de 1911, Julieta decidió ir a votar. Había advertido que cumplía con los requisitos: era ciudadana argentina y mayor de edad. La convocatoria nada decía sobre el sexo de los votantes y se fue a empadronar. No estaba prohibido el voto de las mujeres, simplemente no las tenían en cuenta. El pedido de Julieta terminó en un juzgado y el juez, en su dictamen, no pudo más que darle la razón.

“Como juez tengo el deber de declarar que su derecho a la ciudadanía está consagrado por la Constitución y, en consecuencia, que la mujer goza en principio de los mismos derechos políticos que las leyes, que reglamentan su ejercicio, acuerdan a los ciudadanos varones, con las únicas restricciones que, expresamente, determinen dichas leyes, porque ningún habitante está privado de lo que ellas no prohíben”.Julieta Lanteri fue la primera mujer en votar en la Argentina. Ocurrió en 1911Julieta Lanteri fue la primera mujer en votar en la Argentina. Ocurrió en 1911

El día de la votación los diarios consignaron la novedad de una mujer -con vestido y sombrero blancos- presentándose ante las autoridades de mesa para ejercer su legítimo derecho como ciudadana argentina a elegir a sus representantes. Señalaron, además, que no pertenecía a ningún movimiento político sin advertir que las agrupaciones feministas en las que participaba eran eso.

Para que a ninguna otra se le ocurriera hacer lo mismo, un decreto promulgó que, desde entonces, el empadronamiento se basaría en el registro del servicio militar y así quedó establecido en la ley Saénz Peña de 1912. Julieta tuvo otra idea. Como el padrón electoral se desprendía del servicio militar, solicitó hacer la conscripción. La respuesta fue un bucle argumentativo: el derecho al voto era solo para los empadronados, para empadronarse debía cumplir con el servicio militar y para portar armas debía ser un varón.

El simulacro

Elvira Rawson también fue médica. Nació en 1867 en Junín, era maestra y usaba sus ingresos para costear los estudios de medicina en Buenos Aires. Durante la Revolución del Parque de 1890 instaló con sus compañeros un hospital de campaña para asistir a los heridos y poco después ya era una militante radical.Elvira Rawson era maestra y usaba sus ingresos para costearse loa estudios en Medicina..Elvira Rawson era maestra y usaba sus ingresos para costearse loa estudios en Medicina..

En 1905 fundó, con un grupo de compañeras, el Centro Feminista y participaba de la Asociación de Mujeres Universitarias que organizó el congreso internacional que se hizo en Buenos Aires en 1910. A diferencia de otras correligionarias que circunscribieron su trabajo por los derechos políticos de las mujeres al ámbito partidario, la lucha de Elvira la llevó a cruzarse y trabajar en conjunto con una militante socialista que estaba dando que hablar.

Alicia Moreau de Justo fue primero feminista. Había nacido en Londres en 1885, en el exilio, después de la derrota de la Comuna de París en la que su padre participó activamente y poco después la familia desembarcó en Buenos Aires. A los veinte años estuvo en el Congreso Internacional de Libre Pensamiento y eso confirmó algunas convicciones que ya tenía: quería pensar por sí misma aunque eso no fuera lo que se esperaba de una mujer.

Mientras cursó sus estudios en la universidad -también fue médica- se fue acercando a distintas asociaciones obreras y a dirigentes socialistas con los que comenzó su militancia partidaria. Viajó a Estados Unidos, se puso en contacto con las sufragistas y al volver fundó la Unión Feminista Nacional en la que convergieron distintas asociaciones que venían funcionando por separado.

Allí se encontraron mujeres de distintos ámbitos y procedencias. Entre muchas otras, estaban las escritoras Julia García Games, Emma Day y Alfonsina Storni, la periodista Adela García Salaberry, la odontóloga Sara Justo, las médicas Petrona Eyle y Ángela Costa, la pedagoga Raquel Camaña y la primera ingeniera del país y Sudamérica Elisa Bachofen. Pronto se juntaron con el comité presidido por Elvira Rawson y empezaron a trabajar en conjunto, incluso apoyando una candidatura por fuera de sus partidos.

1919 fue un año movido para las sufragistas argentinas y las elecciones trajeron a una vieja conocida. Julieta Lanteri se valió del masculino genérico de nuestro idioma para alegar frente a la junta electoral: “La Constitución Nacional emplea la designación genérica de ciudadano sin excluir a las personas de mi sexo, no exigiendo nada más que condiciones de residencia, edad y honorabilidad, dentro de las cuales me encuentro, concordando con ello la ley electoral, que no cita a la mujer en ninguna de sus excepciones”.

No encontraron fisuras en su argumento y Julieta se lanzó como candidata a Diputada Nacional con el apoyo de otras que luchaban por lo mismo (igualdad civil ante la ley para los hijos fuera del matrimonio, educación mixta, sufragio femenino, abolición de la prostitución, igualdad de remuneración entre varones y mujeres por el mismo trabajo) independientemente de sus adscripciones partidarias.

Con la Constitución en la mano, Julieta Lanteri se convirtió en la primera candidata política de una democracia que recorría sus primeros pasos. Los folletos con su nombre inundaron las calles de Buenos Aires y su slogan se fue replicando: “En el Parlamento una banca me espera, llevadme a ella”. Llegó el día de la elección y solo los hombres pudieron votar, 1.730 de ellos lo hicieron por una mujer. No alcanzó para conseguir una banca pero sí para confirmar el camino a seguir.

Las feministas se organizaron para una experiencia inédita: un ensayo de elecciones. Desde las páginas de la revista Nuestra Causa, Alicia Moreau convocó a las mujeres a participar de una jornada histórica: “El 21 de noviembre tendrá lugar un nuevo ensayo de voto femenino. Esta vez con motivo de las elecciones municipales (…) Lo que pretendemos es despertar la atención de las mujeres, es interesarlas en el movimiento, es provocar una manifestación de opiniones (…) Cuando hayamos llegado a la conquista del sufragio, sólo entonces será el momento de una acción política definida (…) Recuerden que los verdaderos derechos se deben conquistar (…)”

Las mujeres de la época no creían siquiera que la política fuera algo para ellas, mucho menos un derecho. Sin embargo, más de 4 mil se empadronaron y aquel 21 de noviembre de 1919 fueron electoras y autoridades de mesa. Las candidatas eran Alicia Moreau por el Partido Socialista, Elvira Rawson por un sector de la Unión Cívica Radical y Julieta Lanteri por el Partido Feminista Nacional. Aquello fue mucho más que un simulacro, repercutió en todo el país, fue observado desde distintos lugares del mundo y replicado por otras agrupaciones feministas.

En el plano institucional, paralelamente, los representantes del pueblo se vieron en la obligación de discutir el tema cuando el diputado radical por Santa Fe Rogelio Araya presentó por primera vez en la Cámara de Diputados de la Nación un proyecto sobre los derechos políticos femeninos.

Mientras tanto en San Juan

En febrero de 1927 los diarios del país informaron, en un pequeño recuadro, de una novedad: “En la provincia de San Juan, y de acuerdo a la nueva Constitución, las mujeres participarán con su voto de la cosa pública”. Efectivamente, el gobernador Aldo Cantoni –originariamente militante socialista y luego fundador, junto a su hermano Federico, de la Unión Cívica Radical Bloquista– reformó la constitución provincial por decreto y, entre otras modificaciones, incluyó el voto para las mujeres residentes mayores de edad.

La elección fue el 8 de abril de 1928. Por primera vez en el país, las mujeres -solo las sanjuaninas- ejercieron el derecho a elegir y ser elegidas. El 97 por ciento del padrón femenino concurrió a votar y una mujer resultó electa: Emilia Collado como intendente de Calingasta. Para que una mujer llegara a cargos provinciales faltaba una década.

Emar Acosta creció con el siglo. Era una niña cuando Alicia Moreau, Elvira Rawson, Julieta Lanteri y otras se juntaron a discutir en un encuentro sobre libre pensamiento en 1906 y poco después en un congreso feminista. Todo eso sucedía en Buenos Aires, lejos de su lugar de nacimiento: La Rioja. Sus primeras inquietudes aparecieron cuando se fue a estudiar abogacía a la Capital. Con el título recién conseguido se instaló en San Juan y el gobernador Cantoni la nombró Defensora de Menores y después en el Poder Judicial; fue la primera jueza de la provincia.

Como funcionaria, se ocupó de los derechos de las mujeres y los niños, defendió la educación laica y el divorcio. Después se alejó del gobierno por diferencias políticas, siguió trabajando como docente, fundó la Asociación de Cultura Cívica de la Mujer Sanjuanina y finalmente se presentó como candidata a diputada provincial por el Partido Demócrata Nacional.

El 19 de agosto de 1934 el New York Times, en su tapa, mostraba una foto ovalada con una joven de pelo a la nuca como se llevaba por esa época y una media sonrisa mirando a cámara. Al lado, la noticia que dio la vuelta al mundo: The first woman legislator in Argentina. Algunos medios señalaron que Emar Acosta no era solo pionera en Argentina sino en toda Latinoamérica y otros repasaron su trabajo por los derechos de las mujeres desde una militancia, paradójicamente, conservadora.Sufragio femenino en Argentina 1951. El 11 de noviembre de 1951 fue la primera vez que votó la mujer en la Argentina. / AGNSufragio femenino en Argentina 1951. El 11 de noviembre de 1951 fue la primera vez que votó la mujer en la Argentina

Emar fue reelecta en 1941 y siguió siendo diputada hasta que su mandato fue interrumpido por el golpe de Estado de junio de 1943, se presentó como candidata otra vez en 1951 y fue derrotada por el Peronismo en las primeras elecciones nacionales en las que votaron hombres y mujeres.

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