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Los chats que hicieron estallar la guerra Macri-Larreta

—Hola, buenas tardes. Felices Pascuas —saludó Cristian Ritondo.

Domingo, cinco de la tarde. 17.03, para ser precisos. El grupo de WhatsApp que reúne a nueve dirigentes clave del PRO, denominado Mesa Ejecutiva, comenzaba a alterarse. Raro que se activara un domingo, pero el tema ya asomaba con tono de escándalo. Más de uno pensó que había espacio para impedirlo. Pero ya era tarde.

Ese día que Horacio Rodríguez Larreta, que estaba en España, había tomado la decisión de convocar a elecciones concurrentes en la Ciudad para que los porteños asistan el 13 de agosto a votar, por un lado, presidente y legisladores nacionales y, por otro, con boleta electrónica, un nuevo jefe de Gobierno. Una apuesta trascendente porque Mauricio Macri, Patricia Bullrich y María Eugenia Vidal se oponían. El ex presidente considera que la estrategia perjudica a Jorge Macri y beneficia al radical Martín Lousteau en la pelea por la sucesión porteña. Es la primera vez que Rodríguez Larreta adopta una determinación crucial en contra de los deseos del fundador del PRO. “Es un hito y estamos exultantes”, dice uno de sus colaboradores.

Macri se enteró de la maniobra mientras desayunaba y leía el diario. Pensó que se trataba de un error periodístico. Intercambió mensajes con asesores y decidió aceptar una entrevista en radio Rivadavia, en una reacción inédita en él, para marcar la cancha y plantear dudas. “No creo que Horacio haga eso”, dijo, como si buscara dejar una puerta abierta.

Después de saludar por las Pascuas a sus compañeros de chat, y cuando en todos los portales se abordaba el tema, Ritondo avanzó:

—Estoy preocupado, y creo que esta Mesa también, con lo que pasa en CABA. Me parece que así como tomamos definiciones sobre cambios de reglas electorales en Provincia, tendríamos que definir acá y no dejar que el radicalismo nos corra.

Le contestó Fernando De Andreis, mano derecha de Macri, a las 17.09:

—Felices Pascuas. Sí, coincido totalmente. Me parece que de mínima amerita una conversación entre nosotros. Estamos hablando del único distrito que gobernamos.

Se sumó Patricia Bullrich:

—Hola. Hagamos mañana un zoom e invitemos a HRL.

—Estoy —escribió Jorge Macri, a las 17.28.

—Yo también —apuró de Andreis.

—Y yo —aseguró la diputada Laura Rodríguez Machado.

—Se podrían sumar MM y MEV —sugirió Ritondo, en alusión a Macri y Vidal.

—Sí, de una —aprobó de Andreis.

—Estoy, cuando quieran avisen —sostuvo desde Santa Fe Federico Angelini—. Sería importante, con mucho respeto, que estén sobre todo Diego Santilli y ni hablar Horacio.

Dos horas y media después de abierto el debate virtual, que transcurrió todo por escrito, el que irrumpió en el chat fue Eduardo Macchiavelli, una de las voces más escuchadas en el universo que rodea a Rodríguez Larreta:

—Queridos amigos: H está volviendo del exterior. Está llegando a media mañana del lunes. Por otro lado, no hay ninguna decisión tomada. Más allá de la profusión de notas que salieron hoy yo propongo que esperemos a tener una reunión martes o miércoles.

Macchiavelli no sabía o no decía toda la verdad. A las pocas horas del chat, Rodríguez Larreta ya había regresado de Barcelona, donde viajó para visitar a sus dos hijas. Lo primero que hizo al pisar el aeropuerto de Ezeiza fue convocar para el lunes, bien temprano, a los cinco dirigentes de mayor confianza. Les dijo que era para definir la forma de votación y que los esperaba en Bolívar 1, la vieja sede del Gobierno de la Ciudad. “Estuve pensando, ¿verdad que esto es lo mejor?”, preguntó, de modo retórico, apenas arrancó la reunión.

La decisión estaba tomada. Mientras los seis analizaban el impacto que podría generar el anuncio y uno de ellos, Federico Di Benedetto, ofrecía un panorama de encuestas, alguien apretaba el botón de publicar en las redes del alcalde para subir el video con el anuncio formal. Larreta lo había grabado en el Jardín Botánico, el 4 de abril. Dos de sus principales colaboradores lo ignoraban. “No nos dijo ni a nosotros”, confiaron. El funcionario grabó cuatro videos, con cuatro discursos distintos. Ese dato, al trascender, terminó de desatar la ira de los macristas.

A Macri lo irritó especialmente saber que pasaron muchos días desde la grabación. Que su socio desde hace más de veinte años tuvo tiempo de comunicarle qué estaba por hacer. Los larretistas hablaban de un giro brusco, que también podría atribuirse a que las cosas no marchan como ellos quisieran: “Está mostrando que puede ser líder”, afirmaron. Los macristas hablaron de “traición”. A algún larretista le gusta calificar la iniciativa como “una venganza fría”: aseguran que estaban hartos de los desplantes de Macri.

Ahora se sabe: la mayoría de las reuniones que compartieron Macri y Larreta este verano en Cumelén – el country del sur argentino-, y las que siguieron en Buenos Aires fueron de regulares a malas, muy distintas a las fotos en las que se los veía sonrientes. Hay un detalle que pinta esos encuentros: Macri le pidió a Larreta que le hiciera llegar todas las encuestas que hace su equipo, que son muchas y de las más variadas. Pasó el tiempo y nada. Un colaborador de Macri presentó el reclamo ante un hombre de Larreta. “Che, Mauricio está caliente porque Horacio se lo prometió y no cumplió”. La respuesta desconcertó al macrista: “¡Cómo voy a saberlo si Horacio nunca me dijo nada!”.

Los radicales celebraron el anuncio del jefe de Gobierno. Elisa Carrió, más: la jefa de la Coalición Cívica viene sosteniendo que Macri trabaja para herir a la coalición; es la única que no elogió su decisión de bajarse de la candidatura presidencial.

¿Y ahora? Hay quienes descuentan que Macri correrá a apoyar la candidatura presidencial de Bullrich. Larreta lo intuye y Bullrich también. Al alcalde le queda una carta fuerte por jugar: ¿seguirá avalando las candidaturas en la Ciudad de Fernán Quirós y Soledad Acuña? ¿O hará que se bajen para contentar a Macri y liberar el camino de su primo?

El martes, en una oficina del teatro Colón, Larreta recibió a Jorge Macri. La charla fue dura, lejos de las primeras versiones que hablaban de un diálogo cordial.

—Vos querés ser jefe de Gobierno, ¿no? —preguntó Larreta.

—Sí, obvio — dijo Jorge Macri.

—Bueno, y yo quiero ser presidente. ¿Por qué yo te tengo que apoyar solo a vos y vos no solo a mí? Yo te diría que te tomes los días que me pediste y cuando vuelvas hablamos.

La conversación duró menos de quince minutos. Ni siquiera llegaron a terminar el cortado. Jorge Macri viajó a Estados Unidos con su esposa. Esta semana retomarán el contacto en Uspallata.

A las pocas horas, el martes, Larreta mantuvo otra reunión, pero esta vez bajo estricta reserva. Visitó el departamento de Facundo Manes en la calle Cerrito, un piso hermoso con vista al Obelisco. Manes lo quiere poco, pero tampoco come vidrio. Está molesto con la cúpula radical porque cree que no quieren jugar a fondo por el poder y analiza cómo pararse mejor en el escenario. La charla con Larreta fue buena, pese a que la desconfianza es mutua. Manes le dijo que está preocupado por la violencia social y por los extremos políticos. En eso coinciden. A Larreta le gustaría complementar la fórmula con una figura radical y carismática. ¿Y si le ofreciera la vicepresidencia?

El acercamiento de Larreta con la UCR potencia otra especulación. ¿Podrá Bullrich agudizar el buen diálogo que tiene con Javier Milei? Y otra que todos niegan, pero que vale la pena hacerse frente a los acontecimientos: ¿Llegará unido Juntos por el Cambio a las PASO del 13 de agosto?

“Se están sacando las tripas”, celebraron en la Casa Rosada. La pelea en la oposición alivió las penas en el Frente de Todos. Desde luego, solo por algunos días. Aníbal Fernández cambió el eje de la agenda cuando declaró que las calles estarán “regadas de sangre y muertos” si gana la oposición.

El viernes llegó otra pincelada fatal de realidad. El Indec difundió que la inflación de marzo trepó al 7,7%. No solo fue la más alta del cuarto ciclo kirchnerista, sino la más elevada desde 2002. Demasiado atrás quedó la promesa de Massa, que auguraba el inicio de una nueva etapa en abril, ya con una inflación que arrancara con el 3 adelante.

El mazazo desvanece el sueño del ministro, desconcierta a Cristina -que quería y todavía quiere al tigrense como candidato presidencial- y deja sin discurso a La Cámpora, que se debate entre sus integrantes sobre hasta qué punto será conveniente seguir tragando sapos.

Nadie puede pelearse con los números. La inflación no para de subir desde noviembre. Los sueldos se pulverizan, los alquileres se disparan a precios inaccesibles para la mayoría de los inquilinos y los alimentos exhiben una proyección desesperante para lo que resta del mes.

Alberto Fernández sufre. Tampoco él podría aspirar a la reelección con una inflación de esta naturaleza. De tanto en tanto repasa los números y compara las variables de Massa con las de Martín Guzmán. Maldice a Cristina y a La Cámpora y se pregunta qué habría pasado si no hubieran asfixiado al ministro que él eligió y al que todavía consulta.

Fernández lleva tres años y cuatro meses en el poder. Tarde, demasiado tarde para lágrimas. 

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