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El gobierno cedió ante los aliados y la ley ómnibus se vota el lunes

El Gobierno cedió en varios puntos ante el pedido de los aliados para conseguir el dictamen de la ley ómnibus y la tratará en el recinto el próximo lunes.

Los diputados Santiago Santurio, José Luis Espert y Nicolás Mayoraz, al frente del plenario de comisiones que debatió el último borrador de la nueva ley ómnibus, lograron este jueves dictamen de mayoría con 61 firmas sobre 115. Con mano de hierro para conducir la reunión, el libertario que asumió al frente de Legislación General en reemplazo de Gabriel Bornoroni anunció que habían alcanzado ese número alrededor de las 15:30, y extendió el plazo para la presentación de los dictámenes de minoría y las disidencias hasta las 18.

De hecho, se formularon cuatro dictámenes más. Unión por la Patria (UP) elaboró el suyo, como durante el verano, al igual que el FIT, mientras que Hacemos Coalición Federal (HCF), la bancada de Miguel Pichetto, habilitó a que la Coalición Cívica llevara uno por su lado y los socialistas Mónica Fein y Esteban Paulón, junto a Margarita Stolbizer, redactaran otro.

Las 61 firmas del dictamen oficialista se dividieron entre 19 libertarios, 18 macristas y el resto los aportaron los radicales, la mayoría del pichettismo e Innovación Federal pero con disidencias. La discrepancia de esos sectores con el borrador discutido no fue homogénea aunque los tres espacios guardan expectativas por seguir introduciendo modificaciones antes del tratamiento en recinto.

Por caso, la UCR insiste con incluir la quita de la cuota sindical ante los acuerdos paritarios, punto contemplado en su propuesta de reforma laboral, así como el bloque de Pichetto y los legisladores salteños, conducidos por Pamela Calleti, aspiran a que se incorpore otra vez el impuesto al tabaco, una de las pujas que cubrió este medio en una serie de notas.

Lo curioso es que en la noche del 23 de enero, previa a la redacción del dictamen blue en un departamento de Recoleta, el oficialismo sacó un dictamen con 55 firmas, tres por debajo de las 58 necesarias. Y como este jueves, también entonces los pichettistas se repartieron entre los que acompañaron en disidencia, los lilitos con dictamen propio y los socialistas y Stolbizer por su cuenta.

Otro detalle de la revancha de la ley ómnibus se dio en el seno del radicalismo. De los cinco legisladores del partido centenario presentes en el plenario, Pablo Juliano y Fernando Carabajal no firmaron el despacho. «Ojo, que de acá al lunes falta una eternidad y Milei puede seguir tuiteando», deslizó un asesor que pone en duda que la votación en recinto sea sencilla para el gobierno.

Además, las concesiones más importantes son un desafío a la experiencia del Presidente al frente del Poder Ejecutivo. Por un lado, los negociadores se allanaron ante la presión de Sergio Palazzo y los diputados de extracción sindical y quitaron el Banco Nación de la lista de empresas sujetas a privatización. Por otra parte, accedieron a automatizar la transferencia de recursos para las cajas previsionales armonizadas de las provincias, una demanda de Pichetto en defensa de los gobernadores Martín Llaryora, Maximiliano Pullaro y Rogelio Frigerio.

Aún así, el pronóstico es reservado. Si bien cerca de Bornoroni confían en que se repetirá el guarismo de enero para la votación en general, cuando los votos por la afirmativa treparon por encima de los 140, el ex diputado y actual director del Instituto Consenso Federal, Alejandro «Topo» Rodríguez, vaticinó un escenario difícil para el oficialismo cuando se pase a la votación en particular. «En el verano, Juliano y Facundo Manes estaban solos votando en contra pero ahora ya corrió mucha agua bajo el puente», advirtió.

En la misma dirección, una fuente libertaria admitió que el número mágico de la Cámara Baja es 10, en referencia a la cantidad de legisladores que pueden inclinar la balanza en el tratamiento de una ley, con el actual reparto de bancas. «Para la votación en general, el gobierno puede sacar 144 votos pero en algunos artículos puede que haya algunos votos que no estén», graficó.

En los pasillos del Congreso se enfocan en el primer título de la ley, el de las facultades delegadas. Siendo tal vez el corazón del proyecto, abroquela un rechazo con un piso de 126 legisladores en contra: 99 de UP, 6 lilitos 5 de la izquierda, 2 santacruceños, 2 socialistas, 2 cordobeses y una decena de radicales.

Con ese horizonte todavía en la nebulosa, el debate arrancó este jueves después de las 12 y se tramitó al principio con agilidad, porque Santurio y Espert querían liquidar rápidamente la sesión para dar paso al debate del pacto fiscal en la comisión de Presupuesto, citada para las 16. El ambiente se empezó a caldear cuando intervinieron los legisladores de la izquierda y UP: sus discursos eran abuchados tibiamente por los libertarios hasta que Santurio decidió cortarles el micrófono a los oradores que se excedían en el uso del tiempo.

La diputada Agustina Propato

Así ocurrió con Agustina Propato, quien fue interrumpida persistentemente por Santurio para que termine su exposición. Cuando el titular de Legislación General le apagó el micrófono, la diputada kirchnerista se enfureció, agarró su cartera, una carpeta y sus apuntes y se fue. «Se va a la concha de su madre, me voy a la mierda», dijo.

En medio del griterío, buena parte del bloque de UP se levantó y salió detrás de ella. Antes del altercado, Carlos Castagneto le propuso a viva voz que se pospusiera la reunión de Presupuesto para el viernes: «¿Por qué nos vamos a ir a las cuatro de la tarde si nos hemos quedado hasta las tres de la mañana?», agitaba desde el fondo del salón el ex jefe de la AFIP.

Entonces, Espert tomó la palabra y contestó: «no se va a postergar la comisión de Presupuesto, se convocó anoche para discutir pacto fiscal y queda una hora para discutir la ley ómnibus».

El radical Martín Tetaz, que continuaba en la lista de oradores, le concedió a Propato una interrupción a su discurso para que concluyera su exposición. «No quiero una interrupción, quiero hacer uso de la palabra», respondió la legisladora.

La bronca se incrementaba, Santurio le hablaba encima y ella también retrucaba. Después de insultar por la impotencia fuera de micrófono, se puso de pie y, aunque una compañera de bancada intentó detenerla, se fue repitiendo que se iría «a la mierda». 

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