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La formación religiosa en las escuelas católicas no tiene incidencia en la fe de los alumnos

En Argentina, estudiar en un colegio católico no acrecienta la fe del alumno, pero tampoco la perjudica. Aunque sólo seis de cada diez que va a un establecimiento de esa confesión religiosa se declara católico y el resto pertenece a otra religión o a ninguna. Esta es una de las principales conclusiones de una inédita encuesta sobre la formación religiosa que la Iglesia católica a través de sus diversas organizaciones educativas realizó a nivel nacional y que abarcó a más de nueve mil adolescentes de los últimos años de sus escuelas de nivel medio.

La encuesta arrojó que a seis de cada diez alumnos la escuela “poco” y “nada” les ayudó a crecer en su fe, y también que a seis de cada diez la catequesis “poco” y “nada” les ayudó a crecer en su fe. Además, la mitad manifestó que sus catequistas no los ayudaron a crecer en su fe. “Lo religioso queda relegado a la vida privada, sin un registro subjetivo de lo institucional y su influencia en las creencias religiosas”, apunta el secretario ejecutivo de la comisión de Educación del Episcopado, el sacerdote Juan Manuel Ribeiro.

“Sin embargo -añade Ribeiro, que coordinó la encuesta en su calidad de sociólogo-, siete de cada diez dijeron que fue ‘buena’ o `muy buena’ la catequesis, lo que permite inferir que no existe una animadversión a la asignatura en sí, siendo considerado un espacio ‘bueno’ o ‘muy bueno’, inclusive con condimentos humanísticos que pueden ser valorados por los alumnos, pero que no tienen injerencia vital en su crecimiento en la fe”.

En ese sentido, señala que “muchas veces hemos hablado acerca del fracaso de la educación católica o también hemos oído que quienes asistieron a escuelas católicas o los jóvenes que terminan su trayectoria escolar en colegios católicos no tienen fe, pero la encuesta estaría evidenciando lo contrario: que la escuela católica no influiría negativamente en las creencias de los jóvenes, aunque tampoco lograría incidir positivamente”.La abuela es la principal referente religiosa de muchos alumnos, según la encuesta.

La encuesta fue realizada en el marco del proceso de renovación de los “Lineamientos curriculares para la catequesis en la escuela” publicados por la Comisión Episcopal de Catequesis en 1997 y participaron esa comisión, la Episcopal de Educación -representada por el Consejo Superior de Educación Católica (Consudec)- y la Federación de Asociaciones Educativas Religiosas de la Argentina (FAERA).

A partir del sondeo del CONICET de 2019 que determinó que se mantiene alta la cantidad de padres que bautizaron o bautizarán a sus hijos -un 87,3%-, si bien con una muy leve disminución respecto del porcentaje de los bautizados, la encuesta arroja que cuatro de cada diez estudiantes asistieron al templo al menos alguna vez y dos de cada diez participaron de una peregrinación o visita a un santuario.

Pareciera haber poca incidencia vital de las creencias religiosas. Cinco de cada diez estudiantes se consideran “poco religiosos” y casi la mitad de los estudiantes creen “bastante” y “mucho” en varias verdades de fe. Dios, Jesús, la Virgen María y en cuanto a la significatividad vital de la fe en Dios, la oración, Jesús, la Virgen María y los santos, los indicadores “poco” y “nada” tienen una gran relevancia.

El 65% afirma haber participado en actividades solidarias, con una fuerte prevalencia de Cáritas. Casi la mitad refieren que dichas actividades los ayudaron a crecer en su fe, pero sólo el 15% de los alumnos en el último año se confesó. En tanto que el 44% dice tener un referente religioso para su vida, siendo la persona de la abuela la que posee mayor incidencia, la madre y la familia en menor medida.

La práctica religiosa que más se lleva adelante es la oración personal, casi el 90% de los encuestados. La lectura de la Biblia pocas veces: el último año con casi un 30%. Y en cuanto a la vocación sacerdotal, ligeramente solo lo consideró el 10% de los encuestados, lo que implica un número importante teniendo en cuenta la ausencia de una cultura vocacional.

El padre Alejandro Puiggari, ex director del Instituto Superior de Catequesis (ISCA) y perito de la Comisión Episcopal de Catequesis, opina que “hay que ser sumamente prudente en el análisis, para evitar conclusiones apresuradas. Esta presentación es una invitación a seguir reflexionando y dialogando sobre estas realidades y otras que se viven en nuestros colegios”.

“Pero -destaca- esta primera encuesta nos ayuda a ver claramente la necesidad de una renovación, no solo de la catequesis escolar, sino también de toda la pastoral educativa de nuestras escuelas. Renovación que implicará seguir apostando a las comunidades educativas como lugar de encuentro y de diálogo, y anunciando, acompañando, ‘la vida como viene’”.

Cree, además, que esta renovación “nos obligará a replantearnos muchas cosas, entre ellas no reducir el anuncio del Evangelio a la clase de catequesis, sino que sea un contenido y espíritu trasversal que dialogue con toda la curricula escolar y trascienda el aula, para impregnar proyectos y espacios comunitarios incluso extraescolares”.

Señala que “debemos animarnos creativamente a vincular la fe con la persona de Cristo, haciendo experiencia viva de su amistad y asumiendo su proyecto que en mucho es contracultural. Y hacerlo no desde el repliegue institucional y eclesial, con nostalgias de tiempos pasados, sino con la audacia y certeza que Jesús está vivo”.

Y concluye: “El encuentro con Cristo y su mensaje nos congrega y nos hace protagonistas de un mundo capaz de vencer las nuevas pandemias que amenazan a este tiempo: la soledad, la orfandad de vínculos, la inequidad social… todos ellos signos de una cultura de muerte que amenaza la fraternidad e incluso nuestra casa común”.

La homologación de una evaluación de creencias en la comunidad cristiana con respecto a la judía se torna difícil. La educación judía, si bien comprende la transmisión de principios y valores cuya base está vinculada a lo religioso, siendo que el plano espiritual suele ocupar un lugar preponderante, no está exclusivamente ligada a rituales y creencias teológicas.

En el Instituto Bet El, así como en otras escuelas judías, el estudio del hebreo, la Biblia, la historia, la música y las tradiciones se estructuran en asignaturas específicas, y las clases son impartidas por docentes especializados en el tema. Los alumnos participan de la vida congregacional y casi la totalidad de ellos celebra sus ritos del ciclo de la vida (ceremonias de nacimiento, Bar/Bat Mitzvá, casamientos) en la sinagoga. La mayoría de los padres de los estudiantes son egresados de escuelas hebreas, lo que indica que ellos mismos quieren que sus hijos vivencien experiencias similares a las suyas.

Por otro lado, la educación no formal -grupos juveniles, talleres, campamentos- están íntimamente ligados al sistema de educación formal, que complementa los contenidos y valores judaicos, y establecen un marco de pertenencia que se transmite de generación en generación.

El paradigma judío también insiste en una concepción de formación permanente, como modelo de aprendizaje durante toda la existencia de la persona. Desde el punto de vista pedagógico representa una suerte de movimiento continuo que se adapta a los cambios sin abandonar la tradición.

En definitiva, para lo judío, la creencia en la trascendencia se traduce en el desarrollo integral de los comportamientos cotidianos.

El Colegio Argentino Árabe Islámico “Omar Bin Al Jattab” del Centro Islámico de la República Argentina (Cira), en el barrio porteño de San Cristóbal, tiene tres niveles: jardín de infantes, escuela primaria y colegio secundario.

Solamente un poco más del 30% de los alumnos y estudiantes son musulmanes. Sin embargo, la enseñanza islámica ha sido muy fructífera.

Cada jornada se inicia con la recitación de un capítulo del Corán, el libro por excelencia del Islam, a cargo de uno de los alumnos. Además de brindarse clases instructivas y talleres fuera del horario escolar, sobre los principios y dogmas de la religión, también se aprende la lengua árabe.

Los resultados han sido altamente positivos en las últimas décadas. Por ejemplo, los musulmanes rezan cinco oraciones diarias obligatorias y en el Colegio del CIRA se lleva a cabo la oración del mediodía de la que participa un grupo numeroso.

Además, una parte importante del alumnado asiste a la Oración Comunitaria de los Viernes que se lleva a cabo en la Mezquita Al Ahmad del CIRA.

Los días sábados hay un curso de lectura y memorización coránica y aprendizaje de historia y cultura del Islam combinados con momentos de recreación al que concurren no solamente los estudiantes del colegio sino también chicos y chicas provenientes de otros centros educativos. Y sus familiares comprueban que el Islam es una religión de paz y diálogo.

Las escuelas, de todos los niveles, fundadas a partir de iglesias cristianas evangélicas, tienen su fundamento de trabajo en las palabras de la Biblia “La exposición de tus palabras, alumbra” Salmo 119:130. Necesariamente, el proceso educativo, no es solo informativo, sino fundamentalmente formativo. De allí la importancia de la base bíblica. No es objetivo de la educación en las escuelas evangélicas el ganar adeptos, sino trabajar en la formación de la vida de los educandos, en medio de una realidad agresiva que propone parámetros de vida que destruyen.

La experiencia que han dado los años en esta tarea, muestra que las personas que van pasando por las aulas de las escuelas evangélicas, en su gran mayoría, recuerdan su paso por las aulas con profundo cariño, y buscan que sus hijos y nietos vivan la misma experiencia.

Fundamental en el trabajo de las escuelas evangélicas, es su personal; que, comprometidos con la visión institucional, realizan su tarea con base en las palabras de Cristo: “Yo estoy entre ustedes como el que sirve”, lo que permite un acercamiento entre educadores y alumnos lleno de afectividad.

Ejemplos de vidas cambiadas por la tarea desarrolladas en nuestras escuelas sobran. Pedro era muy rebelde, quemó un depósito en una escuela evangélica en la cordillera. Era para expulsarlo, pero no era esa la tarea de la escuela. Los docentes siguieron trabajando en su vida; terminó su primario, su secundario, su terciario, su universidad. Formó una familia con valores bíblicos. Se jubiló como rector de una escuela secundaria evangélica. Hoy es pastor evangélico y sigue con su pasión diaria de escritor.

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