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Jaldo respira 2025

El gobernador de la provincia Osvaldo Jaldo, se tomó unos días de descanso pero por su personalidad nunca dejó de estar conectado con lo que pasaba en Tucumán durante su ausencia. Es un político que comprende como nadie la esencia y características del poder.

A su regreso sorprendió diciendo públicamente, en una entrevista, que estaba pensando realizar algunos cambios en su gabinete. Esto significa que hay funcionarios que no están llevando a cabo sus responsabilidades como se esperaba y están afectando el desempeño institucional del gobierno. Esto tiene una consecuencia en cualquier organización: el alejamiento de los que no obtienen resultados.

Jaldo tiene una capacidad de trabajo reconocida y está llevando a cabo la gestión con obstinación y firmeza, siguiendo los acontecimientos, produciendo hechos, evaluando a los colaboradores y controlando a los disidentes dentro del peronismo. A esos que especulan con el debilitamiento de primer mandatario, como una forma de venganza por el desarraigo que sufrió el manzurismo de las calientes tierras tucumanas.

Los cambios que realizará el gobernador están solo en su cabeza y tal vez haya uno funcionario, que goza de gran confianza, que sepa lo que va ocurrir. Pero una de las claves del poder es sorprender a propios y extraños y no adelantar las acciones que uno va a realizar. Tampoco contar los proyectos. Toda filtración le da tiempo y espacio a los afectados y puede generar resistencias anticipadas.

Hay quienes descartan que se trate de cambios de ministros, aunque hay algunos que no están demostrando resultados suficientes. Pero en el mundo de la política a veces sobreviven mucho tiempo los ineficientes por contar con el apoyo o la buena voluntad del más poderoso.

En 2024 Jaldo debió enfrentar dos escándalos por la mercadería que compra el Estado para repartirle a las familias de bajos recursos. En el centro de la escena estuvo el ministro de Desarrollo Social Federico Masso, quien no viene de las filas del peronismo. Su especialidad eran los cortes de calles y rutas y las presiones permanentes al Estado para conseguir subsidios y alimentos que repartía sin control de ningún tipo.

Durante los dos episodios que generó su cartera algunos especularon que los días del funcionario estaban contados, pero no fue así y todo indica que Jaldo tiene una opinión de Masso más benévola que la opinión de los tucumanos sobre la calidad de la gestión del repartidor de mercadería.

Si bien el gobernador es muy exigente con el resultado de sus colaboradores tiene una tranquilidad ya que en el horizonte no aparecen opositores a la vista, ni tampoco alguien que esté lo suficientemente pertrechado como para disputarle el poder. Hasta acá, aunque falta mucho tiempo, Jaldo se perfila para decidir quien va a ser su sucesor.

En este año electoral seguramente podrá concretar algunas obras públicas que anhela, por dos motivos, primero por venirlas impulsando y negociando con la Nación desde que asumió Milei y segundo porque el presidente sabe que a los gobernadores dialoguistas que lo ayudan en la gestión hay que pagarles la gratitud con cosas concretas: obras no palabras.

En carpeta está la ampliación del Aeropuerto Benjamín Matienzo que es una obra de la concesionaria, pero que Jaldo sabrá capitalizar correctamente. También el acueducto de Vipos es una obra muy codiciada porque viene a solucionar un tema central y sensible como es el servicio de agua. Finalmente está otro tema de gran impacto en el humor de la gente y es el fortalecimiento de la alimentación de energía con el Bracho.

El momento de mayor tensión seguramente lo va a vivir cuando haya que definir la lista de candidatos al Congreso de la Nación. Jaldo debe tener un bosquejo de como se debería armar la lista pero no podrá hacerlo en soledad y sin necesidad de negociar.