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 Aguas milagrosas del mundo Inca en Jujuy

A unos 150 Km. al norte de San Salvador de Jujuy, se encuentra la localidad de Casabindo, departamento de Cachinoca.

Es el segundo pueblo más antiguo de la República Argentina. En ese lugar, residía en tiempos precolombinos el “curaca”; o sea el jefe de los grupos originarios que poblaban la zona, bajo el mandato y disposiciones del Inca.

Estos lugareños eran, desde los primeros tiempos, asiduos visitantes de unas aguas naturales a las que atribuyeron carácter de sagradas, situadas en las proximidades de la famosa red de senderos conocida como Camino del Inca.

Aprovechaban las mismas para bañarse tras haber comprobado que generaban bienestar y tenían efectos curativos para el cuerpo humano. Habiendo llegado esto a oídos del Inca, que residía en Cuzco (hoy territorio de Perú), éste y su séquito decidieron iniciar una serie de lo que podríamos llamar “peregrinaciones” a efectos de conseguir sanidad y, con ello, una probable longevidad.

Llegado a este punto, es sencillo comprender que cuando los españoles tuvieron conocimiento de tales aguas prodigiosas poco les costó asociar el tema con los mitos y leyendas ancestrales de la Fuente de Juvencia que, al sumergirse en la misma, proporcionaba prácticamente la inmortalidad.

La primera referencia conocida del mito de una fuente de la juventud está en el tercer libro de las Historias de Herodoto (siglo IV a. J.).

La Fuente de Juvencia es símbolo de longevidad e inmortalidad, una fuente natural a la que se atribuía la capacidad de dar sanidad completa e inclusive devolver la juventud a quien se bañe en sus aguas y, también, en algunos casos, a quien la beba.

Fueron los mismos colonizadores europeos quienes, informándose sobre esas visitas, regulares, que hacía el Inca y su grupo de mayor confianza, bautizaron el lugar con el nombre de “Termas de Reyes”. Y así, como esta fuente figura actualmente en el mapa de la provincia de Jujuy, esa región que cuenta con aguas termales cuyos beneficios para quienes toman baños en ellas han sido comprobados por la ciencia moderna.

Próximo a dichas termas hay un río bien de montaña que fue bautizado, igualmente, con el nombre de Reyes. Lo bordea un largo sendero, se trata de un camino difícil a causa de lo escarpado y frecuentes derrumbes de los cerros adyacentes.

Por allí se encaminaban los jerarcas incaicos quienes, conociendo la peligrosidad del terreno y el cruce de cornisas, no cejaban en el impulso por obtener los beneficios de las aquellas aguas calientes sagradas. Las valoraban inclusive más que las que se encuentran al pie de Machu Picchu, que hoy aparecen en el mapa con el nombre de Aguas Calientes.

Los representantes de esta avanzada civilización indígena, apreciaban los beneficios que otorgaban sus aguas, entre los cuales se destacan la relajación corporal, la circulación sanguínea y la eliminación de toxinas.

Gracias a los historiadores se pudo descubrir que los Incas, hijos del Sol, eran los mayores dominadores del agua; con una concepción mágica relacionaban las curaciones del cuerpo y del alma con los poderes de este elemento natural. Conocían los secretos del termalismo y los disfrutaban.

Podemos imaginar la llegada de los Incas a territorios majestuosos rodeados de bosques intuyendo las posibilidades de juventud y los sueños de eternidad que allí los esperaban.

Dentro de los límites del actual territorio argentino estos pueblos incas fueron transmitiendo sus conocimientos acerca de las propiedades de estas aguas hilvanado poéticamente û desde épocas precolombinas û hechos y leyendas en las que, con múltiples matices, priman la vida, la muerte, al amor y el odio.

La epopeya de fumarolas de aguas hirvientes de aroma azufrado. Los Incas tenían una visión específica de las aguas termales que no era cercana a la ciencia sino vinculada a la estética del lugar y la obra de la Naturaleza; otorgándole a todo origen y causa divinas. La Pachamama e Inti entramaban allí sus poderes cósmicos a los que esta civilización rendía culto y veneraba.

El elemento del agua y sus propiedades milagrosas atravesaron parte de su historia, la misma que superó las barreras del tiempo y permanece vigente hasta la actualidad.

El agua representa el elemento más importante en la Cosmología Inca, era el principio dinámico que explicaba el movimiento, la circulación y las fuerzas de cambio. Esta civilización indígena concebía al agua como la esencia misma de la vida.

Este pensamiento básico que regía una gran parte de su cultura, era el fundamento de las teorías incas acerca del origen de los pueblos y de los derechos tradicionales a las aguas y a las tierras que formaban las estructuras políticas y económicas.

En este sentido, aparece una curiosa similitud entre esta concepción y la de los alquimistas û tanto árabes como europeos û que entendían el agua como “el disolvente universal”; una coincidencia que llevó a algunos investigadores a especular con la existencia de un intercambio de informaciones entre culturas mucho antes de la llegada de Colón al Nuevo Mundo en 1492.

Al respecto, la doctora Silvia Limón Olvera, investigadora de la Universidad Autónoma de México, destaca como propuesta novedosa, la asociación del dios pluvial con el gobernante inca, que representó la conjunción de las dos fuerzas que hicieron posible la producción de los alimentos: la lluvia y el Sol; es decir, Inti.

Este era considerado un dios todopoderoso, pero también un dios benevolente y capaz de gran generosidad. Sin embargo, Inti se podía enojar y demostrar su disgusto a través de eclipses solares que requerían de sacrificios para lograr de vuelta el buen favor del dios.

Los gobernadores incas se consideraban a sí mismos descendientes directos de Inti, el patrón del imperio y de las conquistas militares.