El martes a la noche, Javier Milei saludó con abrazos y besos a sus invitados y se sentó a la izquierda de Santiago Caputo, en una mesa negra y ovalada de la jefatura de Gabinete de la Residencia de Olivos. “Los estuve viendo cuando van a la televisión y quiero decirles algunas cosas para que puedan defender mejor lo que estamos haciendo”, les dijo a los diputados de La Libertad Avanza y el PRO. El Presidente pidió el control remoto y puso la grabación de un programa de LN+ en el que Lilia Lemoine y Silvana Giudici defendían al Gobierno de las críticas que Hernán Reyes le hacía al plan económico. Milei se detuvo especialmente en un tramo en el que el legislador de la Coalición Cívica sostenía que el modelo libertario desembocará en una crisis traumática. El primer mandatario pausó la imagen cuando el televisor marcaba que eran las 20.16 del día del programa. En ese momento, Lemoine decía que su madre había quebrado a fines de los noventa y Reyes quería convencerla de que había sido como consecuencia de las políticas menemistas, que a su juicio son las mismas que aplica este Gobierno. Milei hizo correr el tape hasta las 20.22, pero lo aceleró, retrocedió y frenó tantas veces que esos seis minutos de grabación derivaron en una explicación teórica de más de una hora.
“Comparan nuestro plan con la convertibilidad, esto es absolutamente inexacto”, les dijo. Argumentó que, después de asumir, él no impulsó ningún Plan Bonex, dijo que su modelo no propone un tipo de cambio fijo y que no necesitó de una megadevaluación para estabilizar la economía. Milei se jactó de haber hecho “lo que nunca se hizo” en la Argentina y aseveró que “no hay ningún riesgo” de terminar en una crisis.
— ¿Por qué no lo entienden? —lo interrumpió uno de sus invitados.
Milei citó entonces el libro Parásitos Mentales, de Axel Kaiser, en el que el académico chileno evalúa que ciertas ideas progresistas, como la justicia social y el Estado benefactor, pueden actuar como parásitos para condicionar el pensamiento crítico y las libertades individuales. El líder de LLA tenía el libro en la mano y lo abría, cada tanto, para leer en voz alta sus propias anotaciones. “¿Vieron que no puteo más?”, se preguntó en dos ocasiones
En la mesa estaban Diego Santilli, Cristian Ritondo, Silvana Giudici, Daiana Fernández Molero, Luciano Laspina, Alejandro Bongiovanni, Alejandro Finocchiaro, Sabrina Ajmechet, Gabrie Bornoroni, José Luis Espert, Romina Diez, Martín Menem, Manuel Quintar, Lemoine, Alberto Benegas Lynch, Santiago Santurio, Lisandro Almirón y Pablo Cervi, entre otros. Cada uno tenía un vaso de agua, hojas en blanco y una lapicera. Varios de ellos tomaban nota de lo que escuchaban.
“Era todo un poco surrealista, parecía que estábamos en una clase de Harvard, con alumnos que celebraban al profesor. A mí me dio un poco de cosita”, dijo uno de los diputados que no tocó la lapicera. Otros parecían fascinados: “El Javo es un lujo para este país”, decían.
Ninguno se negaría, al cabo de la presentación, a quedarse a comer empanadas y a ver Homo Argentum, la película en la que actúa Guillermo Francella, pese a que todos estaban sin celulares (Casa Militar se los hizo entregar al llegar) y no pudieron comunicarse con su familia. Se fueron después de la 1.30, mientras algunos, al caminar por los jardines, encendían de nuevo sus teléfonos y decían “mi mujer me va a matar”. Para Milei, el film representa “una oscura e hipócrita agenda de los progres caviar”. El viernes se las hizo ver a sus ministros en la Casa Rosada después de la reunión de Gabinete.
El Presidente reunió a la tropa parlamentaria en Olivos el día previo a que se conociera la inflación de julio, que marcó 1,9% y un alza acumulada del 17,3% en lo que va del año. Ambos datos constituyen el principal activo del Gobierno, que heredó una suba del 211,4% en 2023, con pronósticos de la mayoría de los economistas que alertaban sobre un crecimiento exponencial para el año siguiente. Lo que se buscó durante las cincos horas del encuentro en la Residencia fue contradecir a quienes auguran un fracaso de la actual administración.
Aunque reconoció que puede haber un poco de inflación en los próximos meses, Milei insistió con que después bajará más rápido porque no habrá pesos y reafirmó que el año que viene, a esta altura del año, la suba de precios habrá quedado pulverizada. Maldijo a los bancos, a los que asocia a movimientos para generar volatilidad y perjudicarlo electoralmente, y afirmó que el equipo económico libra una batalla contra todo el mercado. No lo hizo el martes, pero suele ponerles nombres y apellidos a los banqueros que, según él, lo quieren alejar del poder.
El Ejecutivo pregona que hará todo lo que sea necesario para no poner en aprietos el sistema de bandas cambiarias y que eso, más tarde, se traduzca en suba de precios. Los estrategas de campaña, con Caputo a la cabeza, razonan que un desliz podría conducirlos a la derrota y que eso sería el preludio de mayores problemas para el día después del paso por las urnas.
Medidas para evitarlo, con final todavía incierto, se toman. Luego de que el miércoles el Gobierno solo pudo renovar el 61% de la deuda por vencer y convalidó una nueva suba de tasas (pactó rendimientos de hasta el 69,2% nominal anual), el jueves, el Banco Central subió los encajes para las entidades bancarias (para impedir que se movilicen los fondos) y elevó los costos por “incumplimiento” de esos encajes. El objetivo: aspirar los pesos del mercado y frenar una eventual suba del dólar.
La campaña, de a poco, y no solo por la economía, comienza a alterarse. Los hechos de inseguridad con epicentro en La Matanza, bastión histórico del peronismo, podrían ser usados como botín de campaña. Cerca de Axel Kicillof crece la preocupación. ¿Qué pasaría si hubiera un crimen resonante, como lo hay casi todos los días, muy cerca del día de la votación? Le temen, también, a la presión de los medios.
Esta semana, además, por primera vez, Milei se refirió al escándalo por el fentanilo contaminado, que ya se cobró la vida de 96 personas. Hasta el ministro de Salud, Mario Lugones, tuvo que romper el silencio en televisión con una entrevista en TN. Fue después de que en la Casa Rosada tomaron nota de que el kirchnerismo empezaba a decir que en el Ejecutivo nacional se estaban “lavando las manos”. Milei apuntó contra Kicillof y Lugones relacionó a Ariel García Furfaro, el dueño del laboratorio HLB Pharma, con “la política kirchnerista”.
La confrontación Milei-Kicillof se agudiza a medida que avanza el calendario. La pelea central de este año será en la provincia de Buenos Aires y tendrá su primer capítulo el 7 de septiembre, cuando se elijan legisladores bonaerenses. Los estrategas libertarios suponen que se tratará de una suerte de primaria de la batalla para elegir diputados nacionales, el 26 de octubre. Evalúan que el kirchnerismo podría sacar números casi calcados en ambas contiendas. “En cambio, nosotros vamos a crecer en octubre”, dicen.
Milei meterá mano en el Gabinete cuando pasen los comicios. Habrá, al menos, tres modificaciones de peso. Patricia Bullrich se presentará como candidata a senadora en la Ciudad y dejará el Ministerio de Seguridad, Luis Petri se irá de Defensa para postularse en Mendoza y Manuel Adorni prometió que va a asumir en la Legislatura porteña.
Bullrich quiere que su cargo lo ocupe la secretaria de Seguridad, Alejandra Monteoliva, aunque hasta ahora no tuvo ninguna confirmación. Las chances son, más bien, bajas. Se trata de un lugar caliente porque es el ministerio que se encarga de, entre otras cosas, impedir los piquetes, que es otro de los logros que la gente le reconoce al mileísmo. El próximo destinatario del sillón de Petri era, hasta anoche, un misterio. El ministro se resistió todo lo que pudo antes de aceptar la candidatura.
Bullrich y Petri conformaron la dupla presidencial del PRO en 2023 y saltaron juntos al universo libertario cuando quedaron marginados del balotaje. Los que traducen el pensamiento de Karina Milei no descartan que la hermanísima pueda aprovechar sus salidas para colocar dos dirigentes puros y asegurarse más poder. Otros sugieren mirar hacia Mar del Plata. El intendente Guillermo Montenegro, que se presenta como legislador, podría aspirar a alguno de los ministerios. Si es que no le ofrecen el de Justicia, ante la posibilidad de un cuarto cambio de Gabinete, el de Mariano Cúneo Libarona. Montenegro no sería el único alcalde con expectativas de saltar al Ejecutivo nacional.
“Lo que viene a partir de diciembre no será nada fácil. Vamos a necesitar renovar el equipo”, deslizan en el entorno presidencial. Un hecho, vital pero acaso reduccionista, determinará si la renovación se hará con bisturí o con el empleo de una motosierra. Ganar o perder las elecciones.