Cuesta encontrar buenas noticias pero entre tanto bajón hay algo que levanta el ánimo: las señales que llegan de la justicia, empezando por el juicio que acorrala a Cristina. Avanza lento pero avanza y con los jueces sin intentar ocupar el lugar central. El lugar central se lo han dejado a las pruebas de la corrupción. Otra: que haya salido a luz la banda mafiosa de funcionarios, ex funcionarios y droguerías que robaba en la Andis, la agencia a cargo de un ex abogado de Milei, Spagnuolo, y que se ocupa de los discapacitados. Nada menos. Los funcionarios pasan, los negocios de las droguerías quedan. Y una más, de la misma lista: la mugre que no para de brotar en Sur Finanzas, la financiera cercana al Chiqui Tapia que funcionaba como una mega lavadora de plata negra.
El dueño es Ariel Vallejo, un ex barra de Racing que de la mano del Chiqui Tapia y de su tesorero Pablo Toviggino se convirtió de la noche a la mañana en prestamista y sponsor de clubes amigos de la AFA y de la misma AFA, con fotos y abrazos con Messi incluidos. Tapia y los que rodean a Tapia se cuelgan de Messi y Messi deja que se cuelguen de él. Lamentable. Lo importante: para la AFIP Vallejo movió casi un billón de pesos. Nadie sabe cómo juntó tanta plata, demasiada incluso para alguien que, como él, lavaba dinero de la corrupción y armó tinglados de agencias de cambio para llenarse con el 100% de la brecha del dólar, un negocio para unos pocos en la gestión Fernández/Cristina/Massa.
Detrás de Vallejo, inscripto como trabajador autónomo y que tenía una Ferrari en la puerta y empresas en Miami, según revelaron Nicolás Pizzi e Ignacio Grimaldi en La Nación, están la jueza Straccia y el fiscal Guerberoff, del penal económico. Una denuncia del Central los alertó sobre la agencia Marvic, donde encontraron de todo: contratos simulados, escrituras truchas, documentación apócrifa, domicilios inexistentes. Un dato: entre otros, aparece allí Elías Piccirillo, que también pasó de canillita a campeón. Lo llamaban el rey del blue, no por la música precisamente. Piccirillo se volvió famoso por casarse con Jessica Cirio, ex de Martín Insaurralde, el del juego bonaerense y el yate El Bandido y ex ministro de Kicillof. Pobre Cirio, siempre se enamora de la persona equivocada.
Con la ayuda de policías corruptos, Piccirillo fue preso por meterle una pistola y plantar droga en el auto de un señor que le debía dólares y al que hizo detener. Así como suena. En la Justicia tratan de saber si Vallejo tuvo que ver con esos dólares. Lo que sí saben es que los dos se asociaron en maniobras en otras empresas: Construcciones TAR, Concordia Inversiones, Darel S.A, Centro de Inversiones Concordia. La lista sigue. Los denunció la Procelac y llevan la causa la jueza Capuchetti y el fiscal Taiano, que propone pasársela a Straccia. Capuchetti quiere quedársela.
Pero el plato fuerte recién empieza a cocinarse. La AFIP comprobó que Sur Finanzas movió $880 mil millones a través de 1200 personas físicas y jurídicas. Detectó 40 empresas truchas y un 30% de indigentes entre los titulares de cuentas de billeteras virtuales. Además encontraron plata que viene y va a Rosario. El dinero de la droga corre y se lava hoy por billeteras virtuales. También, el del juego clandestino. La denuncia cayó en el juez Villena y la fiscal Incardona, que arrancó pidiendo allanar clubes. El negocio, si puede llamarse así lo de Vallejo, es otro.
“Gracias, Marcelo Moretti. Se aproximan proyectos junto a San Lorenzo”, mensajeó Vallejo al dirigente que fue grabado metiéndose en el bolsillo 25 mil dólares destinados al club. Vallejo le dio una montaña de plata y dicen que para garantizar el cobro de esa deuda, Tapia sostuvo a Moretti como presidente. Vallejos está fuera del país.
¿Qué hará Tapia para frenar este lío que se le fue de las manos? Encima, inventó una copa para Rosario Central y su presidente Belloso y su esposa Carolina Cristinziano, que es la vice, los dos del PJ vinculados a Toviggino y ex funcionarios de la Conmebol. El título a dedo fue algo disparatado, como el fallo del Tribunal de Disciplina que lo legitimó y castigó a Estudiantes, tras el papelón con el PDF adulterado para poder castigar precisamente a Estudiantes.
Era demasiado pretender que la escuela de arreglos a medida y de matufias a medida de los 35 años de Grondona se rindiera fácilmente. Pero lo de Tapia y Toviggino, hombre de Gerardo Zamora y Massa y monje negro de la AFA con sus tuits agresivos y cargados de invocaciones religiosas y frases de Perón, es una versión mucho más grotesca, porque a los sucesores del gran Padrino no les da el piné. Enterraron la Súper Liga que le había dado seriedad y reglas claras al fútbol, llevaron el torneo a 30 equipos y cambiaron seis veces los reglamentos aplicando una máxima a lo Groucho Marx: si no te sirve el reglamento, tengo otro. Y encima manipulan todo el tiempo los arbitrajes. Los dirigentes están más pendientes de quién los va a dirigir que de los jugadores que tendrán enfrente.
Con Tapia, el fútbol se renovó para atrás. Anticipó un año su reelección y pasó la sede de la AFA a Provincia para gozar de la protección de Kicillof, que lo designó jefe del Ceamse. Dirigente camionero y plateísta de Boca, llevó a Barracas de la primera B Metropolitana a la Liga Profesional. Puso de vice del club a Diego Turnes, que había sido vice de Passarella en River. Fueron procesados por administración fraudulenta: esperan turno para el juicio en el Tribunal Oral 11. Turnes, que le llenaba las declaraciones juradas a Tapia, sigue teniendo un cargo alto en la AFIP.
Desde que arrancó, Tapia se dedicó a seducir a Messi. Esto es: resolverle problemas. Y armó una relación estrecha con el papá de Messi y ahora dicen que hacen cosas juntos. El año pasado, Tapia autorizó al club Leones de Rosario a subir sin escalas a la Primera C. ¿Quién es el presidente de ese club? Matías Messi, el hermano de Leo. En cualquier país normal estas cosas no pasan. El disparate con el título por decreto a Central es rechazado por el fútbol y por la gente y se ha manifestado en canchas y recitales. El comandante, como lo llama Toviggino, se premia a sí mismo. Tapia se hizo dar esta semana, en el predio de Ezeiza, el Alumni de Oro por su gestión. Un Martín Fierro propio. Ni Luis Ventura lo hubiera hecho mejor.
