El Gobierno nacional celebró este viernes la aprobación por parte del Consejo Europeo el acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur, que se dio luego de intensas negociaciones internas y pese a los intentos de Francia por bloquear su avance.
Fue el canciller Pablo Quirno quien dio más detalles y confirmó que el «acuerdo histórico» se firmará el 17 de enero en Paraguay.
La decisión despeja un obstáculo político central para la ratificación del entendimiento alcanzado por la Comisión Europea con Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, cuyo objetivo es conformar la mayor zona de libre comercio del mundo por cantidad de habitantes.
El canciller Pablo Quirno celebró con un mensaje en X el avance del acuerdo con la Unión Europea, en un mensaje en el que repasó los principales lineamientos y confirmó cuándo se firmará.
«Más comercio, más inversión y más empleo», comienza el mensaje, que señala: «El Consejo Europeo autoriza la firma del Acuerdo Mercosur-UE: luego de más de 30 años de negociaciones, firmaremos el 17 de enero en Paraguay un acuerdo histórico y el más ambicioso entre ambos bloques».
«Todos ganamos: la Argentina y los países del MERCOSUR accederán de manera preferencial a la UE, la tercera economía global, un mercado de 450 millones de personas, que representa cerca del 15% del PBI mundial», agregó.
Y detalló: «La UE eliminará aranceles para el 92% de nuestras exportaciones y otorgará acceso preferencial para otro 7.5%. De esta forma, el 99% de las exportaciones agrícolas del MERCOSUR se verán beneficiadas».
«La Argentina liderada por el Presidente Javier Milei decide competir, producir y crecer con reglas claras y en libertad», concluyó.
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Javier Milei celebró el acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea
Sobre ese mensaje, el Presidente publicó: «Siguen las buenas noticias. Fin».
La votación dejó en evidencia las diferencias existentes dentro del bloque europeo. Francia lideró la oposición al acuerdo, con el respaldo circunstancial de Italia y otros países con fuerte peso del sector agropecuario, que alertaron sobre el impacto que una mayor apertura comercial podría tener en sus economías rurales. En paralelo, organizaciones agrícolas realizaron protestas en París y otras ciudades, con movilizaciones que buscaron presionar a los gobiernos nacionales y a las instituciones europeas.
Frente a esas resistencias, la Comisión Europea incorporó compromisos adicionales, en especial en materia ambiental y de salvaguardas para productos sensibles, con el objetivo de construir una mayoría política suficiente. Finalmente, la UE optó por avanzar, considerando el acuerdo como una herramienta estratégica en un escenario internacional atravesado por disputas comerciales, reconfiguración de cadenas de suministro y creciente competencia geopolítica.
El principio de acuerdo entre ambos bloques fue alcanzado hace poco más de un año, tras casi 25 años de negociaciones marcadas por avances y retrocesos. La firma definitiva estaba prevista para el 20 de diciembre pasado durante una cumbre presidencial del Mercosur en Foz do Iguazú, pero las objeciones francesas lograron postergar ese paso.
Con el aval del Consejo Europeo, ahora se espera que el documento sea firmado en la próxima cumbre del Mercosur, que se realizará el martes y miércoles próximos. De concretarse, se cerrará la etapa política de la negociación, aunque el proceso institucional de ratificación recién comenzará después.
El tratado prevé la eliminación progresiva de aranceles y la conformación de una zona de libre comercio entre ambos bloques. El esquema contempla reglas de origen que buscan evitar la triangulación de productos desde terceros países y asegurar que los beneficios queden dentro de las economías del Mercosur y de la UE.
Además, el texto incluye capítulos sobre servicios, inversiones, propiedad intelectual, compras públicas, empresas estatales, comercio sostenible y mecanismos de solución de controversias. Este último punto es considerado clave para brindar previsibilidad jurídica a los flujos comerciales y a las inversiones de largo plazo.
En términos generales, el acuerdo eliminaría aranceles sobre alrededor del 90% del comercio bilateral, con plazos de desgravación más largos que los concedidos por la UE en tratados anteriores, lo que fue determinante para acercar posiciones con los países europeos más reticentes.
Una vez en vigor, el acuerdo abarcará a unos 722 millones de habitantes y un Producto Bruto Interno conjunto cercano a los 22 billones de dólares, lo que lo convertiría en el mayor acuerdo comercial del mundo por volumen de mercado. Actualmente, el comercio bilateral entre la UE y el Mercosur ronda los 88.000 millones de euros anuales en bienes y 34.000 millones de euros en servicios, según estimaciones de centros de estudios internacionales.
Desde la Unión Europea, se calcula que el tratado podría generar hasta 10.000 millones de dólares adicionales en exportaciones anuales, mientras que el comercio total asociado al acuerdo crecería en torno a los 60.000 millones de dólares en el mediano plazo.
Para los países del Mercosur, el acuerdo supone un mejor acceso a uno de los mercados más grandes y de mayor poder adquisitivo del mundo, especialmente para productos agroindustriales como carne, granos, alimentos procesados y economías regionales. También abre oportunidades para sectores estratégicos como la energía, el litio y otros minerales críticos, en un contexto de transición energética global.
El tratado podría impulsar inversiones europeas en infraestructura, industria y servicios, alentadas por reglas claras y un marco de previsibilidad jurídica. Al mismo tiempo, plantea desafíos para sectores industriales locales que deberán competir con productos europeos de mayor escala y tecnología, lo que reaviva el debate sobre políticas de reconversión productiva y competitividad.
En ese sentido, los plazos de desgravación más extensos buscan dar margen de adaptación a las economías del bloque sudamericano, aunque su efectividad dependerá de las políticas internas que adopte cada país.
Para la UE, el acuerdo con el Mercosur cumple un doble objetivo. Por un lado, asegura el abastecimiento de alimentos, energía y materias primas estratégicas, diversificando proveedores en un contexto de incertidumbre global. Por otro, facilita el ingreso de productos industriales y servicios europeos a Sudamérica, fortaleciendo la posición de sus empresas en la región.
Desde una perspectiva geopolítica, el tratado es visto como una herramienta para reposicionar a Europa frente a Estados Unidos y China, reforzando su presencia en América del Sur y consolidando alianzas con países considerados socios confiables.
