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Los incendios en Chubut calentaron la interna entre Milei y Villarruel

Muchas veces, con un solo trazo, se puede acercar una explicación a la realidad de la Argentina intoxicada de complejidades. Se trata de la gran columna que sostiene los intereses del Gobierno y no deja morir las expectativas sociales. El INDEC (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos) comunicó que la inflación de diciembre alcanzó el 2.8%. El 2025 acaba de cerrar con un alza de costo de vida del 31.5%. El primer año de Javier Milei en el poder (2024) culminó con una marca del 117.8%. El epílogo de Alberto y Cristina Fernández (2023), con Sergio Massa como titular de Economía, había sido con la orquesta del 211.4%. ¿Hace falta añadir algo para explicar la conducta de una sociedad que hace dos años viene ajustando mes a mes su cinturón?

Aquel número mágico para una nación con una larga historia de desquicios exime, tal vez, de recurrir a las explicaciones políticas. No se alcanzaba un índice semejante desde hace ocho años. Ocurrió casualmente en el 2017, cuando gobernaba Mauricio Macri. El principal socio ninguneado de La Libertad Avanza. Las referencias podrían tal vez disparar una interpelación en la franja opositora. ¿El kirchnerismo no debería replantearse las estrategias económicas de su ideario?.

Es cierto que tuvo mejores calificaciones anuales que la presente de Milei. Pero el 26.9% del 2015, en el cierre del segundo mandato de Cristina, ubicó a la Argentina entre los tres países con mayor inflación del mundo. En ese entonces solo superada por Ucrania, aún sin la invasión de Rusia, y Venezuela, ya bajo la tutela del dictador capturado por Estados Unidos, Nicolás Maduro. La inflación elevada, con controles y precios pisados, siempre ha sido un karma para la principal oposición.

La baja de la inflación representa la verdadera fortaleza de Milei. Le sirve para neutralizar todavía otras evidentes carencias. En lo económico, ligadas a la caída de los ingresos, del consumo masivo (las ventas minoristas cayeron 5% en las fiestas) y la producción. Con excepción de los grandes sectores del campo, la energía y la minería. En lo político, relacionadas con las carencias de gestión, las confusiones recurrentes sobre gobernabilidad y un estilo presidencial que, aún moderado después de la debacle electoral de septiembre pasado en Buenos Aires, continúa poseyendo una tendencia innecesaria al conflicto.

Sin entender el impacto que el descenso inflacionario tiene en la población resulta imposible decodificar otros tópicos. Veamos el cierre valorativo del año que registró la última encuesta de la consultora Managment & Fit. Allí se señaló que el Gobierno retiene un 47.3% de aprobación. Aunque un 47.1% evaluaría negativamente la situación económica del país. Un 25.4% la califica, en cambio, como positiva. Un 45.5% manifiesta expectativas de mejoras a futuro.

En ese enredado paisaje, presentado sólo con algunos números, la baja inflacionaria juega como un factor estabilizador. En los bolsillos y en las emociones. Argumentos que explicarían en parte la sorprendente victoria de Milei en las legislativas de octubre. El otro espaldarazo, determinante, fue el apoyo del Secretario del Tesoro, Scott Bessent, cuando la administración libertaria por falta de dólares estaba cerca de fluir por una alcantarilla.

Luis Caputo, el ministro de Economía, y Santiago Bausili, el jefe del Banco Central, comunicaron que el dinero aportado en aquella oportunidad por Washington (unos U$S2860 millones) fue imprevistamente cancelado. Nunca se aclaró de donde se sacaron los fondos. Bessent confirmó la operatoria y mediante un posteo dijo a sus ciudadanos que Estados Unidos había hecho un gran negocio con la Argentina que le permitió “ganar mucha plata”. Tales opacidades y otras se encuadran en el alineamiento inquebrantable que la Casa Rosada tiene con Donald Trump.

La algarabía del Gobierno por el índice inflacionario interanual posibilita disimular otros aspectos. Desde junio del 2025 (1.6%) la referencia del costo de vida viene en alza. Julio y Agosto sellaron 1.9%. Septiembre 2.1%, octubre 2.3%, noviembre 2.5% y diciembre 2.8%. Este 2026 arrancó con ajustes en todas las tarifas de servicios. Milei ha dicho que la inflación quedará pulverizada en Agosto venidero. Un vaticinio similar había realizado a comienzos del año último.

Detrás de esa cortina suceden un montón de episodios graves que por la estacionalidad y el temor de muchos argentinos por no sacudir la alfombra y romper la estabilidad precaria pasan de largo. La Patagonia vive el drama de los incendios que se repiten todos los veranos, sin distinción de gobiernos. Con aquellos que pregonaron siempre el Estados presente; con otros como el libertario que en su manual de teoría ignora la trascendencia estatal en muchísimos planos.

En el caso presente se estarían combinando dos aspectos. La indiferencia política del Presidente ante la tragedia. El déficit en la gestión. No habría que achacarla únicamente a la motosierra. Presente también en el futuro inmediato. Las ONG patagónicas señalan que el Presupuesto 2026, aprobado a fin de año, establecería un recorte del 79% en las partidas para el Servicio Nacional del Manejo del Fuego.

El problema poseería precedentes más graves. Aquellas mismas organizaciones afirman que el Gobierno dejó sin aplicar el 25% de los recursos disponibles en 2025 y que habría ejecutado apenas el 22% en 2024. Nadie pretendería que el Presidente esté encima de esos números. Pero alguien en la estructura ministerial debería hacerse cargo por semejante incompetencia.

Milei no ocultó su ajenidad con el drama en el sur que, tardíamente, pretendió enmendar con recursos discutibles. Un comunicado en el cual exaltó la tarea de los bomberos voluntarios y los vecinos para combatir las llamas. Una fotografía montada con inteligencia artificial donde se lo ve, con traje y corbata en medio del fuego, estrechando la mano de un bombero exhausto.

Las energías libertarias, karinistas y de las Fuerzas del Cielo que comanda el joven Santiago Caputo, fueron direccionadas para otra cosa. Descalificar a Victoria Villarruel. La vicepresidenta, a diferencia de Milei, resolvió hacer una incursión en una de las zonas incendiadas de Chubut. La tensión del conflicto es de tal magnitud que la mujer prefirió ocultar cualquier fotografía en el lugar para no estimular la interna.

Tampoco se cruzó con el gobernador de la provincia, Ignacio Torres, que prefirió mantener equidistancia en el pleito en el poder. Aunque admitió que nunca recibió siquiera un llamado de Milei. La Casa Rosada pretendió compensar esa ausencia con la figura de Diego Santilli. El ministro del Interior viajó a Chubut y estuvo junto al gobernador en un par de ocasiones en medio de los operativos por los incendios. Pero el “Colo” se había trasladado hasta el sur, como lo había hecho antes en provincias del norte, con otra intención: conversar sobre la reforma laboral que el oficialismo pretende comenzar a tratar en febrero en el Congreso. La postura de los mandatarios provinciales será crucial.

Las cosas ocurrieron de ese modo en la escena del drama. No siempre resulta redituable vender gato por liebre./Clarín