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A seis años del caso Báez Sosa: la noche de Gesell no se recupera

La noche en Villa Gesell ya no es la misma. No lo dicen los carteles ni los folletos turísticos: lo dicen las veredas semivacías de la noche, las filas cortas que avanzan lento porque los organizadores aguardan a que lleguen más personas y los boliches que abren algunos días sí y otros no. Seis años después del asesinato de Fernando Báez Sosa, la ciudad carga con una marca que todavía se siente cuando cae el sol y empieza a oscurecer.

Un jueves cualquiera, pasada la una de la madrugada, el contraste es evidente. En la zona donde antes se concentraba la movida nocturna hoy hay menos ruido, menos grupos esperando y más espacio libre sobre las veredas. Hace seis años, según relataron a Clarín chicas de la edad que hoy tendría Fernando, a esa hora las filas de los boliches ya se apoderaban de la calle. Hoy, si hay cola, es breve. A las tres, adentro tampoco se llena: quedan huecos en la pista, espacios vacíos donde antes no entraba un alfiler y costaba poder respirar.

El 18 de enero de 2020, Fernando Báez Sosa, de 18 años, fue asesinado a golpes por un grupo de jóvenes a la salida del boliche Le Brique, en plena avenida 3, el el corazón de la ciudad balnearia. La escena quedó grabada en cámaras de seguridad, celulares y en la memoria colectiva. La violencia del ataque, la brutalidad en plena calle, convirtieron ese episodio en uno de los casos policiales más emblemáticos de la Argentina.

Clarín recorrió Villa Gesell para observar cómo se vive hoy la noche entre los jóvenes. La ciudad parece reconfigurada. En los veranos previos al crimen, las madrugadas era de los jóvenes con parlantes en la playa, previas en la arena, grupos de amigos que se quedaban en la playa hasta el amanecer. Ahora el clima es distinto. Es mucho más contenido y con mayor presencia policial en las calles.

Frente a lo que fue Le Briqueel altar de Fernando sigue intacto. Algunas flores, un retrato plastificado de su rostro, ramos apoyados contra el paredón y una placa oxidada con su cara grabada en metal. Más arriba, dos afiches repiten la misma consigna: “Justicia por Fer”. El boliche está totalmente abandonado, con persianas bajas y sin movimiento alrededor.

El boliche Le Brique, frente al que mataron a Fernando está totalmente abandonado. Foto: Fernando de la Orden, enviado especial.

En la peatonal se ven familias caminando, abuelos, parejas y algún que otro grupo de chicos de 19 o 20 años. No hay multitudes ni corridas. La noche avanza tranquila.

Victoria Trelean y Malena Iraquio tienen 19 años y dicen que es una de sus primeras noches en Villa Gesell. “Yo siempre que salgo a bailar voy a Mar Azul, que es donde vengo con mi familia”, cuenta Victoria.

Eran chicas cuando asesinaron a Báez Sosa, pero el recuerdo igual les quedó marcado. La historia la impactó entonces y sigue presente hoy: cuando llegó a Gesell, su primer pensamiento fue lo que había pasado con Fernando, sobre todo cada vez que pasa por el frente de lo que fue Le Brique. «Recuerdo que fue un revuelo ese caso. Siempre lo tenemos en mente y más cuando salimos. La gente se suele pelear y a veces nos da miedo”, cuenta Victoria.

Sobre cómo es hoy la noche, Malena agrega: “Los chicos yo sé que salen a Dixit, también a Pueblo Límite y a Origen, que es más bar pero después se hace boliche. Particularmente en Dixit no vimos peleas a la salida. Siempre hay Policía”.

En la misma fila del boliche que más gente convoca ese jueves están Ximena de La Canal (28) y Gonzalo (33). Ambos vacacionan seguido en Gesell, pero ya no viven la noche como antes.

“No solemos salir mucho, disfrutamos más la playa”, dice Gonzalo. “Respecto a cómo fue cambiando Villa Gesell, creo que se fue transformando en algo más familiar que juvenil. Ahora los boliches están vacíos. Cambió el paradigma de lo que era antes. El hecho de Fernando Báez Sosa marcó fuerte a Gesell”.

Enumera lo que ya no está: “Antes estaba Dixit, Bocata, Le Brique, KM20 y Pueblo Límite. Ahora solo está Dixit, Pueblo Límite, que hoy, por ejemplo, está cerrado, y Origen, que es un bar que se pone en boliche”.

Para él la conclusión es clara: “Murió la noche. Cambió lo que era Villa Gesell. Lo de Fernando Báez Sosa lo cambió cien por ciento. Ese año fue tremendo, caótico. Se escuchaban peleas en todas las carpas y paradores. Llegó a lo más bajo del descontrol. Triste, muy triste. Después lo de Fernando tapó todo, pero ese verano fue tremendo”.

Adentro de los boliches se ve poca gente. Foto: Fernando de la Orden, enviado especial.

Según Gonzalo, no había alternativa: “Cuando llegás tan abajo a nivel descontrol, no hay otra manera de remontar. Ahora los chicos eligen Mar del Plata o Pinamar”.

Ximena suma otro dato: “Este año hasta nos pareció novedoso que Dixit volvió a abrir, porque el año pasado no estaba”.

Desde adentro de la noche, la mirada es similar. “Yo toda mi vida trabajé en Le Brique Hace 34 años trabajo en la noche de Gesell”, dice un histórico del rubro. “Para mí Gesell no se reconvirtió en nada, es lo mismo, pero con menos gente. Los pibes eligieron Pinamar y Mar del Plata».

La lógica económica también pesa: “Son la 1.30 y no abrimos las puertas de este boliche. Hoy iba a estar la fiesta de la espuma en Pueblo Límite y no abrió. Un boliche de 20 mil personas que no abre marca todo. Un lugar así con mil personas es una mancha”.En la calle se ven pocos grupos y bastante tranquilidad. Foto: Fernando de la Orden, enviado especial.

Desde Origen, el encargado explica los cambios: “Es el quinto año que estamos. Después de Fernando, antes era KM 20. Tras la pandemia cambió. El local antes apuntaba a un público más chico y ahora más 21. Los chicos ya no vienen, hay más gente grande”.

Y agrega: “Las noches bajaron un montón después de lo que pasó ese verano. Hay menos conflicto y menos público. Esta es la noche número 16 del año y todavía no hubo ninguno. Cambiamos los vasos de vidrio por plástico y hay más policías. Bajó mucho el público nocturno. El año pasado hubo menos propuestas: Dixit no abrió, Pueblo Límite abre algunos días sí y otros no”.

Seis años después, Villa Gesell sigue de pie, pero su noche quedó marcada. No solo por lo que pasó, sino por lo que ya no volvió a ser. La música todavía suena. Las filas existen, pero son cortas y lentas. Y el recuerdo de Fernando sigue ahí, presente, como una herida abierta.