El 20 de Noviembre de 1959 se conoció a nivel mundial la Declaración de los Derechos del Niño. A partir de ese extraordinario acontecimiento quedó claro para todos los países que los niños no son propiedad de los padres ni de los mayores, son sujeto de derecho y todos tienen la obligación de protegerlos, primero sus progenitores, pero cualquier persona mayor de edad debe hacer todo lo que este a su alcance para no permitir la explotación, maltrato y violencia contra los niños. El Estado es el responsable final cuando de garantizar derechos se trata. Clarísimo.
Esta declaración establece los derechos que tienen los niños y hacerlos respetar es obligación de todos debido a la falta de madurez física y mental que tiene una persona en esa etapa de su vida.
Por eso cuando un niño fue violentado o está en riesgo se le suspende o quita la patria potestad a los padres y se los pone en guarda en otro hogar o se lo institucionaliza. Para protegerlo y preservarlo.
Ante hambrunas o catástrofes los niños son prioridad para ser asistidos, porque esa es la regla que quedó establecida desde la Declaración de los Derechos del Niño.
Mejorar las condiciones de vida de los niños genera una gran movilización de recursos humanos y económicos a nivel mundial. Los países saben que deben asegurar que las instituciones, servicios y establecimientos encargados del cuidado y protección de los niños cumplan las normas vigentes sobre la materia.
El acceso a la sanidad, educación, alimentación y cuidado tiene al Estado y a sus funcionarios como actores principales para lograr ese cometido ético y legal. Se espera que los países adopten todas las medidas administrativas, legislativas y de otra índole para hacer efectivo esos derechos.

Por eso no puede generar otra cosa que repudio que el titular de la SAT, el siniestro personaje Marcelo Caponio, publicite en las redes sociales fotos donde se ve a niños y niñas sosteniendo carteles agradeciéndole porque les permite acceder a un derecho humano tan elemental como es el agua.
Tristeza debería generar que todavía se celebre que se permite a personas acceder al agua a esta altura del siglo XXI. Habla muy mal de ese Estado y de la misma sociedad.

La pésima imagen de Caponio, el «Cajero» del peronismo, lo lleva a querer mostrar que hay sectores de la sociedad que le sienten aprecio. Y es tal su falta de ubicación y su atroz insensibilidad y falta de empatía que «utiliza y explota» a niños para aparecer en las fotos que publica en las redes sociales.
El mismo gobernador, que ha demostrado otra sensibilidad y criterios protectores hacia los más vulnerables debería sacar a ese funcionario que perjudica la imagen y la gestión de su gobierno. Pero también, de oficio la Justicia debería actuar cuando se hace pública la vulneración del derecho a la inocencia que tienen los niños. Utilizar de esta forma tan artera la ingenuidad de niños y niñas, haciéndolos aparecer con carteles agradeciéndole a un funcionario porque cumple con el deber que tiene y por el cual recibe un jugoso sueldo, no debe tolerarse si se quiere mantener incólume los valores y principios más elementales sobre los cuales se asienta la vida de la comunidad.

