El gobernador de la provincia, Osvaldo Jaldo, es un dialoguista nato. Cree en el diálogo como herramienta política idónea para llevar adelante su gestión. No le esquiva al conflicto cuando cree que es necesario sostener sus convicciones y cuando lo hace demuestra que no mira la intensidad del mismo. Ejerce el poder con energía.
El poder no existe en el vacío; requiere interacción entre personas donde unas otorgan autoridad y otras la reciben. Implica una distribución desigual de recursos, beneficios o capacidades, donde los agentes no suelen ser iguales en poder y a eso Jaldo no entiende acabadamente. Él tiene el poder y sabe que debe ejercerlo y está dispuesto a demostrarlo cotidianamente.
Luego de las consideraciones precedentes es necesario recordar que frente a un gobierno fuerte como el de Javier Milei, tempranamente se mostró como un dialoguista y no un gobernador confrontativo. El pragmatismo pudo más que las convicciones o vio, antes que sus pares, que el peronismo había perdido autoridad frente a una sociedad que mayoritariamente lo cuestiona por la falta de buenos resultados económicos y la ausencia de bienestar social. Dejar un país con una inflación del 211% anual y con tendencia a la hiperinflación no es un hecho que se pueda soslayar.
Hay otra arista a tener en cuenta, debe «convivir» con gobernadores peronistas que tienen distintas posturas políticas frente al gobierno de Milei. Están los «duros» que solo plantean la confrontación a secas y los que creen que es necesario mantener una relación «armoniosa» para no perder recursos económicos. Jaldo fue el primero en ubicarse en esta posición y luego convenció a otros mandatarios provinciales que terminaron siguiendo su estrategia.

Por eso en un principio apoyó la idea de los gobernadores peronistas de realizar una reunión para unificar la posición que iban a tener frente a la reforma laboral, que al reducir los aportes de las empresas golpearía a las arcas provinciales porque Ganancias es coparticipable.
Tucumán con la reforma laboral podría perder hasta 800.000 millones de pesos anuales. No es una cifra menor. Por eso tramitó compensaciones para poder recuperar por otra vía los menores ingresos en caso que salga el proyecto tal cual lo envió el Ejecutivo nacional.
Ante este panorama concurrir a la reunión en el CFI no era una buena idea. Jaldo prefiere no aparecer en fotos que sin dudas agraviaría al Gobierno nacional y generaría un enojo con el gobernador que viene manteniendo un diálogo positivo con la Nación, si se tienen en cuenta los recurso recibidos vía ATN. Lo que no significa que haya reclamos pendientes, como por ejemplo los 40.000 millones que entiende que se le adeuda a la provincia por las prestaciones que le corresponden al PAMI.
Sus laderos Jalil y Sáenz, de Catamarca y Salta respectivamente, también mostraron reticencia a la hora de participar de la reunión en el CFI que finalmente fracasó. Cuando Jaldo verbalizó el motivo de su ausencia afirmó “Estamos trabajando, y ustedes saben y lo van viendo. Tucumán, cuando se la nombra a nivel nacional, la califican como una provincia dialoguista”, dijo.
Tucumán se queja que recibe ente ocho y diez mil millones de pesos menos de coparticipación por mes, que la llevó a perder una planilla salarial entre 2024 y 2025 lo que representa un monto total de 400.000 millones según cálculos oficiales.
Distanciarse el Gobierno nacional implicaría un riesgo que los recursos que recibe la provincia disminuyan aún más. Sería un desastre financiero que pondría en riesgo el equilibrio administrativo logrado. Jaldo esa situación no la contempla, por eso gestiona acuerdos permanentes en Buenos Aires.
Finalmente hay que tener en cuenta que la provincia realiza obras públicas con fondos propios que antes llegaban de la Nación. Además, los compromisos de financiamiento de obras no llegan como se acordaron y esa situación se torna delicada para el resultado financiero provincial.
No hay margen para asumir riesgos en un país donde los recursos públicos comenzaron a achicarse desde que el presidente libertario si hizo cargo del sillón de Rivadavia.
