“Yo no compré nunca en mi vida ropa en Argentina porque era un robo“. Con esa frase, el ministro de Economía, Luis Caputo, encendió una pelea inesperada con el sector textil, que alertó sobre el panorama actual de su actividad, afectado por la baja de consumo, el impacto del ingreso de los productos importados y la caída de la productividad, que derivó en cierres de empresas.
“El sector textil es un caso emblemático de un sector que ha sido protegido durante muchísimos años, con el cuento de que hay 150.000 familias que trabajan en esto. Pero hay 47 millones de argentinos que han tenido que pagar textiles y calzado dos, tres, cuatro o hasta diez veces lo que valen en el mundo”, criticó Caputo. Horas más tarde, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, sumó: “Vos comprás un jean acá y te cuesta US$100, mientras que importarlo cuesta US$25. Lo importás, explicame dónde se pierde el puesto de trabajo”.
Los dichos del oficialismo no tardaron en impactar en la industria. El presidente de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI), Claudio Drescher, salió al cruce del Gobierno y expuso: “No lograron desarmar ni un solo impuesto. Yo le diría al ministro que no compra ropa, pero tampoco debe comprar autos en la Argentina porque valen el doble. No va al supermercado porque la comida argentina ya es más cara que en el mercado europeo”.
Con esta explicación, el titular de la Cámara Industrial Argentina y dueño de la marca Jazmín Chebar, argumentó que los precios de la ropa en la Argentina, en gran parte, se explican por los costos impositivos. Según detalló, en el rubro textil el peso tributario ronda el 55%: 21% de IVA; 1,2% de impuesto al cheque; 1,8% de arancel de tarjeta; 14,85% de costo de la aplicación de cuotas; y el 15% del costo de alquiler.
Lo cierto es que en 2025, los precios de prendas de vestir y calzado subieron 15,3%, según el INDEC, muy por debajo de la inflación general, que fue de 31,5%. Y referentes del sector indicaron, además, que es un rubro donde los valores que paga el consumidor muestran fuertes dispersiones de acuerdo al lugar de venta.
Más allá de los precios, desde los últimos dos años, la industria textil atraviesa un delicado escenario. De acuerdo a las estimaciones de Protejer, la producción del sector se contrajo 36,7% interanual en noviembre de 2025 y se redujo 47,6% frente a noviembre de 2023. En tanto, en el acumulado enero–noviembre de 2025, la actividad textil cayó 6,4% en comparación con el año previo.
Incluso, la utilización de la capacidad instalada del sector se ubicó en 29,2% en noviembre de 2025, el nivel más bajo de toda la industria manufacturera. Esto es, que siete de cada 10 máquinas textiles permanecen paradas en las fábricas.
Como consecuencia, muchas de las empresas textiles debieron cerrar sus puertas, lo cual derivó también en la pérdida de puestos de trabajo. En concreto, entre diciembre de 2023 y octubre de 2025, se perdieron más de 18.000 empleos, que equivalen a una caída del 15% del empleo registrado en el sector y se cerraron 558 establecimientos.

En paralelo, la pérdida del poder adquisitivo limitó el consumo y se observó un fuerte crecimiento de las importaciones, que antes eran del 50% y ahora llegan al 70% en el rubro. Los principales productos ingresan desde China, impulsados principalmente por plataformas como Shein y Temu.
“Estas plataformas generan una competencia desleal porque prácticamente no pagan ningún impuesto, tienen subsidios por parte de sus países, no cubren costos de logística, no venden en cuotas (por lo que no afrontan costos financieros), ni pagan alquileres. Además, en algunos casos fabrican en países con normas laborales y ambientales mucho más laxas y que no están, en muchas ocasiones, alineadas con los estándares internacionales”, señalaron en Protejer.
“Sumado a la caída de los ingresos reales de la población, hoy se verifica un fuerte crecimiento de los precios de los servicios y de los bienes esenciales, como tarifas de servicios públicos, transporte, alquileres, alimentos y salud, que absorben una porción cada vez mayor del ingreso de los hogares. Como resultado, el consumo se reorienta hacia estos gastos impostergables, y la ropa deja de ser una prioridad”, cerraron.
