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La abogada argentina retenida en Brasil se reencontró con su familia 

Después de haber estado detenida y de recibir una tobillera electrónica en Río de Janeiro, Agostina Páez, la abogada argentina acusada de injuria racial, se reencontró con su familia en la puerta del edificio donde permanece alojada. “La gente me odia, hay mucho ensañamiento”, expresó la joven. Y expresó su mayor miedo: “Me quieren matar”.

La llegada de su padre, Mariano Páez, y su hermana menor se dio este sábado, luego de conseguir pasajes para viajar. Se abrazaron apenas se vieron, todos visiblemente emocionados.

“Muy feliz de encontrarme con mi hija nuevamente. Estoy muy contento. No había vuelos, recién conseguimos para hoy. Sentí mucho miedo cuando la detuvieron, temí por la vida de ella. Ahora que está acompañada me siento tranquilo”, dijo el padre, quien contó que se quedarán con ella entre una semana y 15 días, mientras siguen de cerca la causa y mantienen reuniones con el abogado y, posiblemente, el cónsul. De hecho, adelantaron que tienen previsto encontrarse con el letrado el lunes.

Ella puede moverse por todos lados, pero lleva la tobillera. Para mí esto es un alivio importante», agregó en diálogo con TN. Respecto de lo sucedido, se limitó a decir: “Hablamos poco de lo que pasó, me explicó cómo fueron los hechos. Está arrepentida, el gesto lo hizo inconscientemente”.La abogada contó cómo atraviesa la situación

La hermana menor de Agostina acompañó el reencuentro y, entre lágrimas, solo atinó a decir: “La extrañaba un montón, no veía la hora de verla”.

La propia Agostina eligió no mostrarse en cámara y explicó al canal de noticias: “Prefiero no hacerlo porque hay una campaña antirracismo con mi imagen, no hay objetividad, por eso estoy en peligro. Incluso ahora están haciendo stickers antirracismo. Es demasiado ya».

Constantemente me llegan amenazas, no he salido porque estoy muy expuesta. Es gente que me odia. Me dicen de todo. Hay mucho ensañamiento. La he pasado muy mal, también la misma Policía me expone, estoy muy desprotegida», continuó desahogándose.

Luego, aseguró: “No puedo hablar absolutamente nada de los hechos, lo único que voy a decir es que no he mentido en nada, conté lo que pasó. No puedo decir muchas cosas porque aquí lo pueden tomar de otra manera, me quieren matar”.

La joven cerró sobre su situación actual: “Tengo unas medidas que cumplir. Además de la tobillera electrónica, que por suerte es ambulatoria, no es domiciliaria, tengo que ir al juzgado una vez al mes, del 1 al 10. Pero no hay una fecha exacta para volver (a Argentina)”.

La letrada de 29 años enfrenta una causa judicial por injuria racial que, según la legislación de Brasil, prevé penas de entre dos y cinco años de prisión, sin posibilidad de fianza.

El juez Orlando Eliazaro Feitosa, del Tribunal de Justicia de Comarca de Río de Janeiro, tiene a cargo el expediente y deberá definir los próximos pasos del proceso.

Mientras tanto, la defensa de Páez insiste en que no existen riesgos procesales, ya que desde el inicio de la investigación la joven respetó todas las restricciones impuestas, entre ellas el uso de tobillera electrónica y la obligación de presentarse en el juzgado una vez por mes.

Desde el 14 de enero, la joven se encuentra imposibilitada de salir de Brasil. Primero se le retuvo el pasaporte, luego fue obligada a instalarse una tobillera electrónica y, aunque su documento nacional fue devuelto, la prohibición de abandonar continúa vigente.

La situación personal de Páez se tornó aún más delicada tras un incidente en su residencia temporal. Tres personas ingresaron al departamento en el que se alojaba, lo que la llevó a mudarse por razones de seguridad. Su familia manifestó preocupación por su estado anímico y evalúa viajar a Brasil para acompañarla, ante las amenazas recibidas y el agravamiento de la tensión.

Ayer, la joven pasó varias horas bajo arresto en una comisaría de la ciudad. La detención se había concretado a 48 horas de que el Ministerio Público Fiscal de la ciudad carioca pidiera su prisión preventiva.