Las altas temperaturas traen de regreso a los mosquitos, un problema clásico de cada verano. Es común notar que, en un mismo grupo de personas, estos insectos atacan a unos y esquivan por completo a otros. La ciencia investigó este comportamiento para entender los motivos exactos de esta selección.
Conocer las razones detrás de esta preferencia permite tomar medidas más precisas para evitar las picaduras. A partir de estos datos, resulta más fácil elegir los métodos de protección adecuados para transitar la temporada sin molestias.
Los especialistas confirman que la atracción no es casual y que ciertas características físicas actúan como un imán durante el verano. Según los investigadores, la genética juega un papel central, destacando que las personas con grupo sanguíneo O reciben el doble de picaduras que aquellas con grupo A.
Otro factor clave es la composición de las bacterias presentes en la piel humana. Cada persona tiene una combinación única de microorganismos que produce un olor particular, el cual resulta indetectable para los humanos, pero funciona como un rastro claro para los insectos.
El principal elemento que atrae a estos insectos en pleno verano es el dióxido de carbono que emitimos al exhalar. Las personas de mayor tamaño y quienes hacen deporte producen una cantidad superior de este gas, lo que permite que el mosquito las identifique desde varios metros de distancia.
El segundo y tercer aspecto son el ácido láctico y el ácido úrico que se liberan a través del sudor. A esto se suma tener la temperatura corporal elevada y el consumo de bebidas alcohólicas, ya que ingerir alcohol sube el calor de la piel y aumenta la transpiración.
La prevención más efectiva para el verano comienza por bloquear el contacto físico directo. Se recomienda usar ropa holgada y de colores claros que cubra brazos y piernas, ya que los tonos oscuros como el negro o el rojo facilitan que el insecto fije su objetivo visualmente.
En el hogar, la medida indispensable es eliminar cualquier recipiente que acumule agua estancada, cortando así el ciclo de reproducción. También es fundamental colocar barreras físicas, como mosquiteros en puertas y ventanas, y evitar la exposición al aire libre durante las primeras horas de la mañana y al atardecer.
Los expertos coinciden en que la opción más confiable para el verano son los repelentes que contienen DEET, el ingrediente activo tradicional que traen los aerosoles y cremas más conocidos. Este componente confunde los sensores del insecto, impidiendo que huela la piel humana y bloqueando su capacidad para posarse.
Para quienes buscan alternativas, existen productos fabricados con Icaridina, otro compuesto muy habitual en farmacias que suele recomendarse para bebés o personas con piel sensible. Sin importar cuál se compre, el secreto es volver a aplicarlo cada ciertas horas y ponerlo siempre después de que el protector solar se haya absorbido.
