Bajo presión interna y cuestionada por haber negociado con el Gobierno sus cajas, la Confederación Genaral del Trabajo (CGT) resolvió hoy activar una huelga general sin movilización para el día en que se trate el proyecto de reforma laboral en la Cámara de Diputados. El debate legislativo podría ser este jueves o el miércoles 25.
El paro general de la CGT, el cuarto contra la gestión de Javier Milei, tendría la adhesión total de los gremios del transporte, según deslizaron fuente sindicales. La decisión se conocerá después de la reunión virtual de consejo directivo que se está desarrollando.
“Están dadas las condiciones y se vienen generando consensos colectivos hacia una huelga nacional”, afirmó ayer Cristian Jerónimo (Sindicato del Vidrio), que asumió la conducción de la CGT el año pasado, junto a Jorge Sola (Seguros) y Octavio Argüello (Camioneros).
La reunión de hoy de la cúpula de la central obrera fue convocada de urgencia después de que los gremios más díscolos se adelantaron con el anuncio de protestas. En la CGT afirman que el Gobierno, a través de Patricia Bullrich, busca un tratamiento exprés del debate en el Congreso a pesar de que hay puntos del proyecto que obtuvo media sanción en el Senado que no están resueltos, como el relativo a las remuneraciones por licencias médicas. .
Este punto llevó a la jefa del bloque del Senado, Patricia Bullrich, a aclarar que se aplicarán cambios en el régimen de licencias para enfermedades “fehacientemente comprobables”.
Para que la medida de fuerza tenga impacto, en la CGT buscan garantizarse el respaldo pleno de los gremios del transporte. Desde el triunvirato de mando hubo contactos para lograr la adhesión de la Unión Tranviaria Automotor (UTA), el estratégico gremio que reúne a los colectiveros. “Seguimos siendo un gremio confederado, con lo cual si la CGT decreta una medida de fuerza vamos a adherir como corresponde”, dijeron desde el sindicato que conduce Roberto Fernández.
En el anterior paro general, también adhirió, pero el argumento para no parar los colectivos fue que se había una conciliación obligatoria, tal como decretó el gobierno hace cinco días. Sin embargo, esta vez la adhesión de la UTA podría dejarse por sentada con la paralización de actividades de sus afiliados. “Hay que esperar, son jabonosos”, puso paños fríos otra voz sindical.
El paro general asoma, además, como una vía para descomprimir tensiones internas en el mapa sindical. Con base en la sede de la UOM sobre la calle Alsina, el Frente de Sindicatos Unidos —impulsado por gremios distanciados de la conducción de la CGT— ya definió un paro con movilización frente al Congreso cuando Diputados trate la reforma laboral. Además de los metalúrgicos, el espacio está integrado por los estatales de ATE, Aceiteros y ramificaciones del sector aeronáutico, y cuenta con el respaldo de las dos vertientes de la CTA. En ese armado orbita el camionero Pablo Moyano, también distanciado del actual triunvirato cegetista.
La decisión de la CGT de no movilizar es motivo de discusión interna. Puertas adentro no esconden el sinsabor de lo desdibujada que quedó la protesta del último miércoles, signada por los desmanes tras el choque entre fuerzas federales y las columnas donde se ubicaba Izquierda. “No está dado el clima social, pese a las consecuencias que la reforma laboral vaya a ocasionar en la vida de la gente”, reconocen internamente en la central obrera, donde entienden que el debate para cambiar la normativa del funcionamiento del empleo “hay que darlo, pero no como quiere el Gobierno”.
De concretarse, será la cuarta huelga general de la CGT durante el mandato de Milei y la primera bajo la conducción del actual triunvirato. La serie de ofensivas sindicales comenzó el 24 de enero de 2024, apenas seis semanas después de la asunción presidencial, en rechazo al DNU 70/23, que contemplaba una reforma de la legislación laboral en su capítulo IV, que fue objetado por la Justicia y está aún hoy pendiente de una resolución de la Corte Suprema.
El segundo paro fue el 9 de mayo de 2024, en pleno debate por la llamada Ley Bases, y tuvo su último capítulo el 10 de abril de 2025, en una protesta con consignas diluidas que fue leída puertas adentro como “la de menor impacto”. Aquel día dejó una postal incómoda para la central obrera: la circulación de colectivos en los principales centros urbanos del Gran Buenos Aires (GBA) mostró a miles de trabajadores informales o monotributistas camino a sus empleos, atenuando el efecto de la medida, y exponiendo los alcances de las influencias sindicales en la sociedad actual. Por ese motivo, el gremio de los colectiveros de la UTA es considerado una pieza clave en la contundencia de cualquier huelga general y, pese a no responder a la actual conducción cegetista, cerca de Fernández ya adelantaron que adherirá.
