El próximo domingo, Javier Gerardo Milei hablará en el Congreso de la Nación, para iniciar las sesiones legislativas ordinarias. Será un discurso especial pues el Presidente tendrá una actitud distinta a su primera intervención ante el Parlamento argentino: cuando asumió la primera magistratura, lo hizo de espaldas al edificio histórico del Congreso, donde para él habitaban «las ratas» como definía a los diputados y senadores nacionales. El domingo se ubicará ante un cuerpo donde tiene el control político y los números para avanzar con las más de 50 iniciativas que esbozará en su disertación, la que será transmitida por cadena nacional.
Así, se dará inicio a la campaña presidencial de 2027. El 1° de marzo será el turno de Milei y el lunes 2, el de Axel Kicillof, quien hablará ante la Legislatura bonaerense a las 17 horas y enfrentará el hilo discursivo del presidente libertario. El gobernador bonaerense se mostrará en la vereda de enfrente del jefe del Estado nacional, hablando de empleo, PyMES y la situación económica de muchos argentinos que no acceden al consumo. Delante suyo no tendrá una mayoría de legisladores propios -como sí tiene Milei a nivel nacional- sino que verá las caras de los parlamentarios bonaerenses cristinistas y massistas. Los fieles a Cristina Elisabet Kirchner preparan ya su movilización con motivo del 24 de marzo, otra vez con el eje «Cristina Libre», una vez más enfrascados en la situación judicial de la ex Presidenta, algo que a Kicillof no lo incomoda pues el mandatario provincial no habla del tema. Sí se concentra en consolidar un eje con otros 5 gobernadores, como son Gildo Insfrán, Sergio Ziliotto, Ricardo Quintela, Gustavo Melella y el santiagueño Elías Suárez, el sucesor de Gerardo Zamora. Tensión en la sala…
Milei dará un discurso con impronta de Presidente, no sin sus habituales ironías a la casta que tanto lo divierten, pero no romperá puentes. Antes de redactar su alocución -junto al asesor presidencial Santiago Caputo-, el mandatario nacional recibió números sobre performance. Los guarismos que manejan en la Casa Rosada determinan que la imagen del Presidente está estable desde las elecciones. Luego del 27 de octubre -fecha de la elección de medio término donde se impuso el mileísmo a nivel nacional, la imagen de Milei se recuperó hasta la banda de los 45 puntos; y desde entonces, no ha tenido variaciones de relevancia. En el Gobierno han vuelto a medir hasta principios de febrero, y no observaron variaciones al calor de los debates de las leyes tratadas en las sesiones extraordinarias, como Reforma Laboral o Ley Penal Juvenil. Un factor es que el nivel de interés en los temas políticos de la población bajó fuerte post elecciones.
La imagen del Presidente no fue la única que tuvo una mejora sensible sino también un dato más que relevante para el Gobierno y es que las expectativas sobre la Argentina registraron una suba y esa es la base hoy de su sustentación: hoy el 43% cree que de acá a un año, el país va a estar mejor, versus un 33% que piensa que vamos a empeorar, y que es el histórico número que el peronismo registra para sus seguidores.
En los números que le acercan a Milei, la proporción de gente que declara llegar a fin de mes se mantiene estable en torno al 53% (frente a un 45% que dice que llega con dificultades).Pero tal vez, el factor más trascendente para el Gobierno -y uno de sus activos de cara a la opinión pública- es su gestión en el control de la inflación. A pesar de la aceleración de la inflación de los últimos meses, el electorado muestra un número de aprobación del gobierno en el control de la inflación que se mantiene invariable. Para el ciudadano, una inflación de 1.5% o 2.5% es prácticamente igual, y determinan que la estabilidad está naturalizada y hoy pasó a ser un dato de la realidad, según las investigaciones científicas que realizan los libertarios.
Así, el Gobierno aparece con un mapa estable, sin sentir que no hay un abismo adelante. Mucho más, si aparecen voces nihilistas como la del gobernador riojano Ricardo Quintela, que vaticinan un final anticipado de Milei. Pochoclos sin gusto..
Uno de los hechos que celebrará el Gobierno, casi con seguridad, es la aprobación de las leyes Penal Juvenil y de Reforma Laboral, el próximo viernes en el Senado de la Nación. Quien vive esto con un particular fervor es el ministro de Justicia, Mariano Cúneo Libarona, que ocupa una silla decisiva en estos tiempos. Tanto por la pelea que la AFA de Claudio «Chiqui» Tapia lleva a cabo (con un paro del fútbol en Marzo, en abierto desafío a los jueces y al Gobierno) sino también por las vacantes en la Corte Suprema de Justicia, la definición de un nuevo Procurador de la Nación y la designación de decenas de jueces, definición que el Gobierno de Milei hará con un Congreso favorable y con un peronismo dividido y con Cristina Kirchner perdiendo poder en el Senado, donde se le fueron tres senadores claves, y donde la era K ha perdido su lustre de antaño.
Cúneo Libarona se muestra repuesto (luce rodilla nueva y ya hace largas caminatas con su mujer) y calla sobre su futuro. Dice a quienes lo frecuentan que trabajó «muchísimo» para la Reforma Penal Juvenil y que todo el debate lo llevó a evocar su épica estudiante medalla de oro y joven enamorado del Derecho Penal que trabajaba en un juzgado de instrucción. Que conoció las leyes penales juveniles de 1978 con los militares (con 14 años para la penalización) y la de 1980, que empezaba con los 16 años. El abogado afirma que desde 2023, tenía el asunto en la cabeza y que, lo habló con Patricia Bullrich (entonces ministra de Seguridad) y que lo conversaron y le dijo: «¡Vamos!» y allí, comenzó a trabajar en el texto de la ley, cuyo envión lo consiguió en la Semana Santa de 2024, cuando se encerró 6 días en Bariloche, con una mesa enorme llena de libros que le sirvieron de background.
El ministro de Justicia quería que la edad de punibilidad fuera 14 años y la de Seguridad quería 13; pero la negociación en el Congreso con el PRO, la UCR y los gobernadores aliados, determinó que quedara en 13 años. Ahora, el Gobierno y el actual ministro deberán ver de aplicar la ley -que seguramente será aprobada este viernes- en un régimen que abarca once capítulos, desde el ámbito de aplicación hasta las disposiciones finales, buscando -según aseguran las autoridades- equilibrar el derecho de las víctimas a obtener justicia con el interés superior del menor, así como la necesidad de resocialización del infractor. Todo esto, sin perder de vista la protección de los derechos fundamentales de los adolescentes. «Fiat iustitia, ruat caelum»
