Categorías
Noticias Política

Hay peronistas con peluca

En el intrincado tablero político argentino de 2026 surgió una novedad inesperada: la creación del bloque «Convicción Federal» en el Senado, que emergió como un símbolo de las fisuras profundas dentro del peronismo. Tres senadores, que responden a tres gobernadores de buena sintonía con el presidente Milei, decidieron armar un bloque autónomo. El experimento no es tan brutal como los diputados radicales que el año pasado se pasaron a las filas de La Libertad Avanza y apodaron “radicales peluca”, pero los flamantes integrantes del bloque “Convicción Federal” ya comienza a recibir el apodo de “peronistas peluca”.

El bloque «Convicción Federal» está integrado por los senadores Guillermo Andrada, Sandra Mendoza y Carolina Moises, que, hasta hace poco, formaban parte del bloque del Frente de Todos, dominado por el kirchnerismo. Cada uno responde directamente a un gobernador peronista que ha cultivado una relación dialoguista con la Casa Rosada, priorizando la supervivencia provincial en un contexto de ajuste económico. Guillermo Andrada, representante de Catamarca, responde al gobernador Raúl Jalil, un peronista que se ha posicionado como uno de los «preferidos» de Milei dentro del PJ. Jalil, distanciado del kirchnerismo duro, ha apoyado iniciativas clave del gobierno nacional, como la reforma laboral, a cambio de inversiones en litio y obras viales. Su comportamiento con Milei ha sido de acercamiento estratégico: participó en reuniones con el Presidente, respaldó proyectos en el Congreso y fue invitado a la «Argentina Week» en Nueva York en marzo de 2026, un evento para atraer capitales extranjeros. Jalil, en su relación con Milei, tiene una fuerte limitante: su esposa Silvana Ginocchio es una acérrima opositora al gobierno libertario. Hasta diciembre del año pasado era diputada nacional por Catamarca. Aunque ya no estará en el Congreso para dejar en claro sus posiciones e incomodar a su marido, la conversación seguirá, al menos por ahora, puerta adentro de su casa.

Por su parte, Sandra Mendoza, senadora por Tucumán, responde al gobernador Osvaldo Jaldo, quien ha mostrado un tono dialoguista con el oficialismo, aunque con matices. Jaldo apoyó la reforma laboral en 2025, argumentando la necesidad de «modernizar» las leyes para generar empleo, y ha mantenido canales abiertos con la Casa Rosada para negociar coparticipación y paritarias provinciales. Jaldo, criticado por el mileísmo local que busca disputarle Tucumán en 2027, ha sido acusado de oportunismo: su apoyo a Milei se enmarca en la necesidad de sostener la producción industrial tucumana ante el ajuste nacional, pero sin romper del todo con el peronismo tradicional.

Finalmente, Carolina Moisés, de Jujuy y presidenta del nuevo bloque, responde al gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, a pesar de no ser de la misma provincia, un detalle que subraya las alianzas regionales del norte grande. Sáenz, enfrentado abiertamente a Cristina Kirchner, ha endurecido sus críticas al kirchnerismo, cuestionando su «autoritarismo» y las intervenciones partidarias en distritos como Salta y Jujuy. Su relación con Milei es de colaboración fluida: participó en cumbres presidenciales, respaldó leyes clave y fue invitado a eventos internacionales para promocionar inversiones. Sáenz, como Jalil y Jaldo, actúa en tándem con otros gobernadores norteños para negociar con Balcarce 50, pero su motivación radica en atraer fondos para infraestructura y minería, no en una adhesión ideológica al mileísmo.

Moisés justificó su ruptura con el interbloque peronista al afirmar: «No podemos seguir en este estado de no hacer, no ocupar, no decir y no tener la responsabilidad como oposición». Al analizar la crisis del espacio, la senadora concluyó: «Nos faltan bancas porque la gente se fue corriendo del eje, porque no somos una alternativa».

Aliados. Hoy, los «peronistas peluca» orbitan más cerca del gobierno de Milei, impulsados más por internas partidarias, rechazos al liderazgo de Cristina  Kirchner y presiones económicas provinciales que por una genuina afinidad con el libertarianismo mileísta. Esta movida, consumada en la víspera al inicio del año legislativo, no sólo fragmenta al peronismo hasta su menor representación en el Senado desde 1983, sino que genera un torbellino de polémicas y controversias que cuestionan la lealtad ideológica, el oportunismo fiscal y el futuro del justicialismo.

Para seguir sumando malas noticias, el kirchnerismo también perdió autoridades en el Senado. Hasta el año pasado tenían la vicepresidencia del Senado, en manos de Silvia Sapag, y este año ese lugar quedó para Carolina Moisés. Es una práctica habitual que la vicepresidencia del Senado quede en manos de la oposición. Durante el gobierno de Alberto Fernández los vicepresidentes del Senado fueron Martín Lousteau primero y Carolina Losada después.

Otro armado parlamentario que le dará alegrías al Gobierno es el interbloque Impulso País, conformado por siete senadores, un puñado del PRO, otros de Provincias Unidas y representantes provinciales, que decidieron sentarse en la misma mesa en un momento en que el oficialismo de  Milei necesita votos para llegar a los dos tercios. No es un bloque ideológico sino operativo: ordenar voluntades, negociar leyes y acercar posiciones en una Cámara cada vez más fragmentada. La excusa formal es una “visión federal y productiva”. En la práctica, funciona como puente entre gobernadores dialoguistas y la Casa Rosada. Hay tres senadores del PRO, Enrique Goerling (Misiones), Andrea Cristina (Chubut) y María Victoria Huala (La Pampa), dos del bloque Provincias Unidas, Alejandra Vigo (Córdoba) y Carlos “Camau” Espínola (Corrientes), y completan Edith Terenzi (Despierta Chubut), que responde al gobernador Ignacio Torres (PRO), y Beatriz Ávila (Independencia-Tucumán), ex intendenta de San Miguel de Tucumán por Cambiemos.
Milei está exultante. Llegó la hora de los “peronistas peluca”.