El especialista en política comercial y asesor de mercados emergentes, Alejo Czerwonko, dijo a Cadena 3: “Estamos ante un shock geoeconómico brutal, pero el país puede maniobrar mejor gracias al ajuste”.
¿Cómo evalúa la posición actual de Argentina en materia fiscal dentro de un contexto global tan volátil?
El tema fiscal y el manejo de los recursos del Estado es un área clave. Actualmente, países como Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia o Japón se muestran muy irresponsables fiscalmente, con déficits marcados y sin intenciones de corregirlos. Por el contrario, Argentina presenta superávit fiscal, posicionándose junto a naciones como Perú, Chile, Polonia o Malasia, que mantienen cuentas públicas interesantes. Si bien restan problemas de fondo por resolver, el país está mejor posicionado para ofrecer respuestas a las demandas del planeta gracias a este ordenamiento.
¿Considera que volver a una situación deficitaria significaría un punto de no retorno para el país?
Correcto. Mantener las cuentas ordenadas permite ser más resilientes. En este momento enfrentamos un shock geoeconómico brutal debido a la guerra en Medio Oriente, y Argentina puede maniobrarlo mucho mejor gracias al orden fiscal. Si tuviésemos un desbarajuste como en el pasado, este escenario sería mucho más difícil de digerir.
¿Cómo puede Argentina sobrellevar los dolores de la transición hacia un nuevo modelo económico, especialmente ante la pérdida de empleos en sectores como la industria y la emergencia de nuevos polos económicos?
Hay que reconocer que, cuando los cambios en la estructura económica son tan profundos, siempre habrá ganadores y perdedores. En todo el planeta existen economías que avanzan a múltiples velocidades; no se puede hablar de una situación homogénea. Mientras el sector industrial y el comercio sufren una transición marcada, el ámbito de las materias primas y el campo atraviesan una situación muy superior. El gobierno todavía dispone de mecanismos para regular la velocidad de esta transición y manejar así los efectos adversos de estos cambios estructurales.
Desde la perspectiva de los inversores en Nueva York, ¿se percibe una homogeneidad de rumbo que trascienda las diferencias políticas naturales del sistema?
Empieza a visualizarse un consenso, aunque no sea absoluto. Venimos de una etapa de mucha volatilidad política donde el modelo fue cuestionado, pero si se continúa con la tarea —como la reforma laboral aprobada, la reforma tributaria en la que se trabaja, la desregulación y una mayor participación del sector privado—, es posible que veamos elecciones donde los consensos básicos ya no se discutan. Podríamos encaminarnos hacia una categoría de elección más similar a la de Uruguay o a las que solía tener Chile, donde la discusión no es sobre el modelo de fondo.
