Nuestro país constituyó una zona elegida por los carteles mexicanos para ser utilizada como base de operaciones para el tráfico de cocaína o la producción de drogas sintéticas.
Mucho antes que, en noviembre pasado, efectivos de la Gendarmería secuestraran 400 kilos de cocaína en una avioneta que se estrelló en Rosario de la Frontera, en Salta, el narco mexicano Nemesio Oseguera Cervantes, alias Mencho, había fijado su atención en la Argentina. Pero, en febrero pasado los planes del Mencho para avanzar con sus operaciones la frontera caliente de la droga entre la Argentina y Bolivia quedaron truncos: el narco, uno de los más importantes a escala mundial, fue abatido en México por las fuerzas de seguridad que lo buscaban.
Hubo una época, no muy lejana, en la que el jefe del cartel Jalisco Nueva Generación, el abatido Oseguera Cervantes; Joaquín “Chapo” Guzmán, líder del cartel de Sinaloa y Amado Carrillo Fuentes, conocido como “El Señor de los Cielos” y cabecilla del cartel de Juárez, instalaron sus actividades en la Argentina.
Un galpón situado en Illia al 2300, en San Miguel, y un maxikiosco en Puerto Madero fueron los escenarios embrionarios del plan de Mencho para expandir sus operaciones en nuestro país.
En el galpón situado frente a la estación Lemos, del exferrocarril Urquiza, fueron apresados dos narcos mexicanos: José María Rodríguez Cejas, de 42 años, y Abraham Martínez Calderón, de 23. Ambos sospechosos formaban parte del cartel de Los Cuinis, uno de los brazos del cartel Jalisco Nueva Generación, comandado por Abigael González Valencia, cuñado del Mencho. Mientras que un sobrino del Mencho, Gerardo Rodríguez Valencia, fue acusado de lavado de dinero a través del mencionado maxikiosco de Puerto Madero y otras inversiones en countries de la zona norte del conurbano.
Al allanar el galpón de Illia al 2300, el 13 de noviembre de 2008, los policías hallaron 750 kilos de cocaína ocultos entre los ladrillos refractarios de hornos industriales que se exportaban a España. El cargamento, secuestrado en el denominado operativo Arco Iris, porque los paquetes de cocaína tenían distintos colores, estaba valuado en 19 millones de euros colocado en España.
Además, dicho galpón fue escenario de una maniobra de inteligencia orquestada por la SIDE para desviar la investigación del triple homicidio de la efedrina. El allanamiento estuvo a punto de terminar en una masacre, no por la resistencia de los narcos mexicanos, sino porque casi se enfrentaron a tiros los efectivos de la policía bonaerense y de la Policía Federal que irrumpieron al mismo tiempo, pero con objetivos distintos.
Los policías bonaerenses llegaron al lugar para interceptar un cargamento de 2000 kilos de efedrina. Mientras que los efectivos de la Policía Federal investigaban a los narcos que habían alquilado dicho galpón porque tenían el dato de que allí se preparaba el envío de un cargamento de 750 kilos de cocaína a España.
La efedrina nunca apareció. Los policías bonaerenses dieron por cierto un dato falso que les aportó Pedro “Lauchón” Viale», un agente de Contrainteligencia de la SIDE que fue abatido el 13 de julio de 2013 durante un allanamiento realizado por el Grupo Halcón en una quinta de La Reja, en el partido de Moreno, en medio de una interna entre espías.
Esa información apócrifa sobre el cargamento de efedrina permitió al agente de inteligencia que aportó el dato desviar la atención sobre los delegados locales del cartel de Sinaloa como responsables de los asesinatos de Sebastián Forza, Leopoldo Bina y Damián Ferrón, asesinados el 7 de agosto de 2008, en un zanjón, de General Rodríguez.
El móvil de la masacre fue una venganza porque un cargamento de efedrina rebajado con sal provocó la explosión del laboratorio para producir metanfetaminas que la célula local del cartel de Sinaloa instaló en una casaquinta de Ingeniero Maschwitz.
Lo que nadie dijo en ese momento, fue que uno de los competidores de Forza en la carrera para convertirse en el proveedor exclusivo del cartel de Sinaloa, le entregó el cargamento de efedrina rebajado con sal para sabotearlo.
Entre 1999 y 2010 se importaron 55.395 kilogramos de efedrina, cuando la industria farmacéutica de nuestro país consumía no más de cien kilogramos por año para la elaboración de antigripales y descongestivos.
Cada comprimido de esos medicamentos lleva una microdosis de efedrina, por lo tanto, la cantidad requerida por los laboratorios era muy inferior a la que se importaba.
A raíz de la investigación por el triple homicidio, la Justicia determinó que de esos 55.395 kilogramos al menos 40.000 kilogramos de efedrina fueron derivados a los grupos de narcotraficantes, especialmente al cartel de Sinaloa.
Debido a las restricciones impuestas en México para la adquisición de efedrina, los narcos encontraron en la Argentina un lugar donde la falta de controles les permitió adquirir sin problemas este insumo esencial para la producción de la droga sintética que traficaban a los Estados Unidos.
Los policías bonaerenses fueron apresados porque no contaban con una orden de allanamiento, fueron sometidos a juicio, acusados de encubrir a los narcos. Pero resultaron absueltos por el beneficio de la duda. Casualmente los abogados que representaron a los detectives de la fuerza de seguridad bonaerense y lograron las absoluciones estaban pagados por la SIDE.
La jugada pergeñada por el agente de la SIDE de esa época posibilitó que se cortara el envío de 750 kilos de cocaína de Oseguera Cervantes, pero impidió identificar al resto de los integrantes de la conexión local y europea.
Como parte del plan, Mencho instaló una empresa para blanquear el dinero producido por los envíos de cocaína a Europa. Esa maniobra estuvo a cargo de su sobrino, Gerardo Rodríguez Valencia, quien, con una inversión inicial de US$ 2.500.000 planificó instalar una cadena de minimarkets. El primer local se inauguró en Pierina Dealessi al 200, en la zona del Dique 4, en Puerto Madero. Se sospecha que Gerardo Rodríguez Valencia lavó casi siete millones de dólares de la venta de drogas del cartel de Jalisco Nueva Generación con operaciones comerciales e inmobiliarias en Uruguay y en la Argentina.
Rodríguez Valencia fue apresado en Uruguay en 2019 y extraditado a Estados Unidos en 2020 donde fue condenado a cadena perpetua por un Tribunal del Distrito de Columbia.
Para instalar sus operaciones en nuestro país, Chapo Guzmán ungió a un virrey: Jesús Martínez Espinoza que no apuntó al tráfico de cocaína sino que se enfocó en la producción de metanfetaminas, favorecido por la falta de controles en la importación de efedrina, un precursor químico imprescindible para la elaboración de dicha droga sintética.
Chapo Guzmán, también recurrió a una reina de belleza mexicana, con la que tuvo un vínculo estrecho, a pesar que la modelo estaba de novia con uno de los colaboradores de Martínez Espinoza.
María Alejandra López Madrid, coronada como Miss Simpatía en un concurso de belleza realizado en la capital mexicana, fue condenada a cinco años de prisión por tráfico de efedrina por el Tribunal Oral Penal Económico N° 2. Había sido detenida en mayo de 2008 cuando intentaba abordar un avión rumbo a México con diez kilos del mencionado precursor químico en el aeropuerto internacional de Ezeiza.
Debido a que, en ese momento, los efectivos de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) no contaban con un reactivo químico para establecer qué sustancia era la que se transportaba, López Madrid fue liberada y pudo seguir viaje rumbo a México.
Sin embargo, cuando los investigadores de la PSA consiguieron el reactivo y realizaron el análisis que dio positivo con respecto a efedrina, un juzgado en lo Penal Económico ordenó su captura internacional.
La modelo y reina de belleza fue apresada en mayo de 2009 en el aeropuerto de Asunción, cuando llegó a Paraguay para encontrarse con novio Leobardo Gaxiola, alias Bado, que había sido detenido en octubre de 2007 junto con el mencionado Martínez Espinoza.
López Madrid fue extraditada a la Argentina donde cumplió parte de la condena y regresó a México. En diversos reportajes, López Madrid negó haber mantenido un vínculo íntimo con Chapo Guzmán y responsabilizó a una amiga que la invitó a nuestro país, por el episodio en el que le secuestraron los diez kilos de efedrina.
La reina de belleza también fue investigada por la Justicia federal de Chaco en un expediente en el que se la relacionaba con un grupo de iglesias evangélicas de esa provincia a las que usarían para canalizar dinero proveniente del tráfico de drogas del cartel de Sinaloa.
El otro grupo narco mexicano que se instaló en la Argentina fue el Cartel de Juárez. A través de un supuesto delegado, identificado como Atilio Stecca, el líder de la organización delictiva, Amado Carrillo Fuentes, conocido como el Señor de los Cielos, se dedicó a comprar propiedades.
Uno de esos inmuebles fue un departamento de 178 m2, con cochera, situado en Alvear 1845/53. El departamento fue subastado en US$ 600.000 el mes pasado.
Además, se hallaron propiedades en Mar Chiquita, Coronel Vidal y Balcarce. En Mar Chiquita, en la estancia con dos estatuas de leones en la tranquera se instaló Carrillo Fuentes con su esposa e hijos, para reposar de la guerra entre bandas narco que había convertido su país en un baño de sangre.
Después que Carrillo Fuentes abandonó la estancia en Mar Chiquita, una leyenda se instaló entre los habitantes de la zona e indicaba que el narco, como su colega colombiano Pablo Escobar Gaviria, había enterrado tambores con dinero. Casi 30 años después, el mito sigue vivo, rodeado de misterio, tanto como las circunstancias que rodearon la muerte del Señor de los Cielos.
