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Mabel, la mujer de 93 años que es influencer, juega al tenis y conoció al hombre de su vida a los 87

“A los 19 años, mi papá se enamoró de una chica que tenía tuberculosis. Sus padres se opusieron, pero él se fue y se casó con ella, sabiendo que se iba a morir. Se puso a trabajar y le hizo una tumba. Un romántico total”, cuenta Mabel Roncoroni, de 93 años.

Recuerda la historia a la perfección, su memoria es infalible aunque cuando pronuncia cada palabra se da cuenta que lleva en la sangre esa forma de amar, con tanta intensidad. Una familia romántica. “La verdad que sí”, reconoce. Incluso si su propia historia llegó mucho después, a los 87.

Sentada en el sillón de su casa de Palermo, Mabel Roncoroni se acomoda y arranca. Quiere contar su vida, pero sobre todo ese amor que marcó un antes y después. Lleva un mono azul —regalo de una marca— y se ríe al contarlo: desde hace dos años es influencer. Junto a su nieta Juana Figueroa sube videos que mezclan humor y complicidad. Y funcionan. “Hacemos un gran equipo”, dice.

Siempre fue inquieta, curiosa, un poco adelantada: “Mis compañeras siempre fueron uno o dos años más grandes, siempre estuve adelantada en el colegio”. Le apasiona la lectura, quizás eso explica su mente tan lúcida. A los 16 años se recibió de maestra y hasta pensó estudiar letras. Hoy, a los 93 años sigue dando clases de inglés.

La familia de Mabel tenía una casa en Mar del Plata, en Güemes y Alberti. A la vuelta vivía un primo que tenía tres amigos incondicionales. Uno de ellos se llamaba Guillermo. “Ahí está la foto del año 1947 cuando lo conocí”, señala Mabel un portarretrato arriba de la mesita del living.

“También me encontraba con unas amigas. Nos juntábamos todos, ya sea en la playa, después a andar en bicicleta. A mí me gustaba, y parece que a él también, pero nunca me dijo nada”, confiesa.

En ese momento, Guillermo tenía 17 años y ella 14. “Él quería ingresar a Medicina, ser pediatra. Después fui una vez con mi mamá a la casa de él a tomar el té y después nunca más ”, recuerda Mabel.

Quedó como algo que pudo haber sido, hasta que pasaron 72 años. Un día, saliendo del coro, lo vio venir caminando con su bastón. “Lo reconocí enseguida pero esa tarde tenía un torneo de bridge (juego de cartas) y no tenía tiempo de saludarlo”, explica la mujer que en ese momento tenía 87 años.

Mabel y Guillermo se conocieron cuando ella tenía 14 y él, 17. Se volvieron a ver 72 años después. Foto Constanza Niscovolos

Pero el destino les iba a dar una segunda oportunidad. Al día siguiente, Mabel volvió a pasar por la calle Santa Fe y lo vio caminando de nuevo. “Ahí sí me paré y le dije: ‘vos sos Guillermo’. ‘Sí, ¿vos quién sos?’, me respondió. «Mabel Roncoroni». Ahí me abrazó, no lo podía creer. Nos dimos un beso y me vine a mi casa”.

Guillermo quedó tan impactado que le pidió a uno de sus nietos que busque a Mabel y le mande un mensaje. “No lo vi, no me fijaba en el messenger, pero el sábado recibió otro mensaje más largo de su hija. Le di mi número y ella me dio el de él”, cuenta.

Mabel no dudó y lo llamó por teléfono. “Me dijo que nosotros habíamos tenido un amor de verano y que le gustaría que nos viéramos”, cuenta Mabel. Esas palabras de Guillermo fueron el puntapié inicial de una relación que cambió la vida de ambos.

Ella siempre tuvo una vida social muy activa. Guillermo tuvo que esperar dos semanas para poder verla. “Fue antes de la pandemia, yo me iba a una estancia con cuatro amigas en Gualeguaychú. El único día libre que tenía eran los miércoles, lo dejé esperando”, revela entre risas.

El primer encuentro llegó y desde aquel día Mabel y Guillermo vivieron un romance de película.

“Le abrí la puerta y venía con un gran ramo de flores. Me contó todo de su vida. Ahí nos empezamos a ver todos los miércoles, salíamos, íbamos al Botánico, al parque o venía a casa. Un día le dije que quería conocer su casa y nos dimos cuenta que vivía a una cuadra de la mía”, dice entre risas.

–¿Cómo es amar a los 87 años?

–Una compañera de colegio me dijo que tuvimos un amor adolescente. Algo que no se produjo, que quedó en un limbo, algo que no pensabas ni soñabas. Y de repente al encontrarlo, él a mí y yo a él se dio algo increíble.

–¿Cómo te hacía sentir?

–Yo me enamoré de él y él de mi. Para mí fue el hombre de mi vida y lamenté realmente no haberlo encontrado antes. No podíamos estar si no estábamos abrazados o besándonos, como si tuviéramos 16 años. Fue algo divino.

Un amor de la adolescencia que se concretó en la adultez. La relación duró un poco más de un año. Él tenía problemas de corazón y murió el 5 de febrero de 2020.

“En su cumpleaños no sabía qué regalarle y una amiga me dice: ‘¿Por qué no te sacás una linda foto con él y le regalas la foto?’. Entonces, le pedí a mi nieta Manuela que nos saque. Le gustó mucho”, dice la mujer de 93 años.

Ella conoció a toda la familia de él. Sin embargo, solo Manuela llegó a ver a Guillermo. “No sé, preferí guardarlo para mí”, confiesa.

Y agrega: “Para mí fue muy triste. Él me decía que me iban a quedar los recuerdos, pero yo le dije que me quería morir con él ahora que lo había encontrado. Es triste y hermoso, lo extraño, extraño sus besos y abrazos”, cuenta entre lágrimas Mabel.

Antes de Guillermo, hubo otra Mabel. “Si no te casabas antes de los 25 años eras una solterona”, cuenta Mabel sobre esa época. En cierta forma, se vio obligada a casarse a los 22 años con Carlos.

“Duró 32 años nuestro matrimonio pero no fue bueno, era muy posesivo”, describe. Incluso, recuerda que el día antes de su casamiento estaba muy angustiada y lloraba. Su hermano Aquiles se dio cuenta y le dijo que si quería deshacía todo.

“No pensé que me iba a ir tan mal, cuando sos joven no te das cuenta”, dice. Mabel siente que se casó para poder tener hijos. Ella siempre anheló ser madre de hijos varones y pudo tener dos, Eduardo y Horacio. “Son mi adoración, cuando nacieron me sentí una estrella de cine, como nunca en la vida. Son mi propósito”, recuerda. Hoy tiene cuatro nietos.

Mabel tiene dos hijos varones y cuatro nietos. Foto Constanza Niscovolos

Su vida cambió a los 55 años cuando quedó viuda y tuvo que reinventarse. En parte, lo logró gracias a la terapia. “Hice muchos años terapia para cambiar la cabeza, adaptarme. Me abrió la mente”, explica.

Y agrega: “Estaba un poco perdida cuando enviudé, porque nunca había vivido sola. Pero cambió mi vida, me liberó”. Empezó a jugar al tenis para sacarse la tensión y terminó armando un grupo de amigos. “Soy muy de organizar cosas con gente”, confiesa.

Aunque reconoce que tiene cuatro amigas del alma, Susana (74), Marisa (65), Fernanda (63) y Cristina (72). “Tenemos un grupo que se llama soulmates”, cuenta la mujer que se siente más cómoda con personas jóvenes.

Hoy, a los 93 años, Mabel no se queda quieta: sale con sus nietas, amigas y continúa dando clases de inglés. Tiene una vida social muy activa. A eso se le suma su costado de influencer.

Todo arrancó cuando su nieta Juana Figueroa subió un video en el que peloteaba al tenis con su abuela, que en ese momento tenía 91 años.

“Nos llamaron de todos lados. Lo que a nosotras nos dicen mucho es que mostramos a la gente como mi abuela, con autonomía, independencia, la vida de ella y no como: ‘ay, qué tiernos los viejitos’. Todo lo contrario, ella labura, hace cosas, tiene sus opiniones”, cuenta Juana, encargada de las redes junto a su abuela (abuelamabelyjuanita).

Y agrega: “Creo que la sociedad no le presta mucha atención a la gente mayor y a nosotras nos encanta ponerlo en valor, tienen un montón de anécdotas, historias, sabiduría”

Juana cuenta que reciben muchos mensajes y que hay algo que se repite: personas que se ven reflejadas en el vínculo entre ellas o que confiesan que les hubiera gustado tener una relación así con su abuela.

“Es lindo, yo les digo que mi abuela las adopta a todas y le dice: ‘las nietas virtuales’”, dice Juana, entre risas.

“Nos divertimos mucho. Somos un buen equipo”, dice Mabel. Está la posibilidad que Juana se vaya a estudiar al exterior un año y Mabel no quiere. “La voy a extrañar un horror”, repite.

“Pero nosotras nos llamamos mucho por facetime, me ves la cara y yo te veo la cara a veces por las noches”, le contesta Juana.

Mabel sonríe, pero insiste: “El abracito no va a estar”./Clarín