Es probable que el sueño de Lionel Messi no haya sido de barrilete. Tal vez, por una cuestión generacional, su sueño fue electrónico, de videojuego. El Leo adolescente se pasó horas y horas jugando primero al Family Game, después al Sega y más tarde a la Play, anhelando alguna vez jugar un partido de local con la camiseta Argentina. También festejar un gol. Y la vida fue generosa con el talento imposible y la dedicación denodada del rosarino, quien anoche contra Zambia en la Bombonera jugó su último encuentro en suelo nacional con la celeste y blanca. Fue, claro está, una jornada marcada por la emoción y el agradecimiento eterno de los miles que esta vez sí llenaron la cancha. Y la Pulga correspondió el cariño: anotó un gol en la victoria 5-0 frente a los débiles africanos.

Ya desde la entrada en calor se notó otra intención en Messi, otra energía. Si ante Mauritania se lo había percibido apagado y ajeno, frente a Zambia se llenó de luz para decirle adiós a las canchas argentinas con la Selección. En la repleta y feliz Bombonera sonó el recurrente “que de la mano de Leo Messi” y el capitán de la Scaloneta saludó con énfasis a cada uno de los sectores del estadio. “Messi/Messi/Messi”, se acopló la reverencia cada vez que se acercó a patear un córner o tiro libre.
El mayor de los logros de Messi no es la Copa del Mundo que levantó en Qatar ni tampoco son los 8 Balones de Oro que decoran su hogar familiar. La capacidad de no perder el hambre, la pasión, ese amor por la pelota que aprendió de la mano de su abuela materna Celia, la misma a la que le dedicó todos los goles de su carrera, es lo que más distingue a su camino. Porque ser el mejor futbolista del mundo es una condición a la que han llegado bastantes jugadores. Pero nadie jamás pudo ser el mejor a lo largo de dos décadas, como sí lo consiguió Leo.
La sensación inequívoca era que no había futuro después de la consagración en Qatar. Mucho más con el “ya está, ya está” que le regaló a su familia desde el campo de juego. Pero siguió Messi, muy pasito a pasito, como la canción. No se puso metas y se dejó llevar. Y ahora está a nada de convertirse en el primer futbolista en disputar seis Mundiales, hito que podría empardar el portugués Cristiano Ronaldo, el más perfecto de sus competidores.

Se podrían escribir miles de líneas con estadísticas de Messi, pero algunas grafican mejor que otras. Y desde la final del Lusail, desde ese adiós imaginario, Leo jugó otros 26 partidos con la Scaloneta y anotó 18 goles. Le llaman vigencia.
Messi hizo mellizos lo fantástico con lo cotidiano. Por eso parece más de lo mismo el corte de cintura que realizó adentro del área para su primer grito, el segundo de Argentina. O la jugada que pensó para el primero de Julián Álvarez, a los 3 minutos de la etapa inicial.
Ocurre algo extraño en la Scaloneta, que puede ser tomado al mismo tiempo como algo positivo y algo negativo: el que cambia el ritmo es Messi, que en el Mundial cumplirá 39 años y que se desempeña en una liga de baja exigencia como la MLS. Es mérito del rosarino y alivio para el equipo que aún tenga esa capacidad. Lo malo es que alguien más tiene que aparecer para inyectar energía en los metros decisivos. Thiago Almada recién fue determinante en el complemento (le hicieron el penal del tercero de Nicolás Otamendi) y a Alexis Mac Allister y a Enzo Fernández les faltó mayor velocidad. El dato revelador de la húmeda jornada fue la suplencia de Rodrigo De Paul.
Qué hacer con la aceleración debe ser un tema a definir -o profundizar- por Scaloni. La Selección maneja muy bien la pelota, especialmente cuando Leandro Paredes está en cancha. El volante de Boca jugó un primer tiempo para meter en un cuadrito ante Zambia. Pero a la Scaloneta le faltó voracidad, más allá de la goleada. Tuvo mucho espacio para correr y decidió siempre un pase extra para atrás. Y no se habla de cambiar el libreto que tantos éxitos entregó. Una solución podría ser intentar transiciones rápidas y, en caso de no hallar el hueco, ahí sí comenzar a juntar pases. La prueba de los africanos se pasó sin problemas. Distinto será ante una selección top.
La Scaloneta vistió su once de gala después de la alarma que se encendió ante Mauritania y volvió a recuperar el juego, la sangre y los goles. Culminó con un categórico 5-0 por el gol en contra de Chanda y el quinto de Valentín Barco, que se acerca al Mundial.
Saludó a todos Messi, que se metió al vestuario con una amplia y agradecida sonrisa. Su última vez en Argentina con la de Argentina fue como se merecía. Fueron, en total, 54 juegos en suelo nacional con la celeste y blanca, con 39 victorias, 13 empates y 2 caídas.
“Que de la mano/de Leo Messi/todos la vuelta/vamos a dar”, fue el último cántico esperanzador. ¿Logrará levantar otra vez la Copa para cerrar el más maravilloso de los sueños?
