El dolor que generó la derrota del seleccionado argentino en la final disputada en el MetLife Stadium de East Rutherford fue tan impactante como la superioridad que en el encuentro decisivo impuso España, un merecidísimo campeón mundial, que después de un inesperado tropiezo en su debut, pavimentó su camino hacia la consagración con un sólido juego, basado en una defensa casi inquebrantable, prolijidad y paciencia en el mediocampo y efectividad en el ataque.
Campeón de la Eurocopa Alemania 2024, subcampeón de la Liga de las Naciones de la UEFA 2025 (perdió por penales la final ante Portugal en Múnich), el conjunto dirigido por Luis de la Fuente aterrizó el 5 de junio en el Aeropuerto Internacional de Nashville con un invicto de 30 partidos a cuestas, construido a partir de la derrota 1 a 0 ante Colombia en un amistoso disputado el 22 de marzo de 2024 en Londres. Sin embargo, la mayoría de los especialistas lo ubicaban un par de pasos detrás de Francia y Argentina en las mesas de arena de las candidaturas al título.
El estreno alimentó las desconfianzas. Frente a la debutante Cabo Verde, la Roja no solo igualó 0 a 0 en Atlanta, sino que dejó una imagen preocupante: expuso un juego muy poco fluido y más allá de poseer el balón casi hasta el cansancio, no encontró líneas de pases para quebrar la sólida defensa del combinado africano. “Esto se soluciona insistiendo con la misma idea, pero obviamente mejorando en la faceta finalizadora. Fue uno de esos partidos en los que generas mucho, pero te falta la frescura que hay que tener”, explicó De la Fuente.
El mensaje del entrenador tuvo su correlato en los hechos. El combinado ibérico no renunció a su plan maestro, pese a ese primer baldazo de agua helada, sino que porfió en su idea. Y el fútbol asociado que había había escaseado ante los caboverdianos comenzó a aparecer en el segundo duelo, la victoria por goleada ante Arabia Saudita, y desde entonces fue una constante, más allá de que en partido contra Uruguay el equipo tuvo que calzarse de a ratos el overol para equilibrar la tenacidad de la Celeste de Marcelo Bielsa.
La prolijidad de Rodrigo Hernández, distinguido con el Balón de Oro como mejor jugador de la Copa del Mundo, el desequilibrio de Lamine Yamal, la explosividad de Dani Olmo y el oportunismo de Mikel Oyarzabal y Mikel Merino permitieron que España encadenara siete victorias después de la igualdad con Cabo Verde, en las cuales convirtió 14 tantos. Pero probablemente lo más destacable de este conjunto haya estado en el otro extremo del terreno de juego.
El tanto de cabeza que Charles De Ketelaere le convirtió a los 41 minutos del primer tiempo del duelo de los cuartos de final en Los Ángeles fue el único que Unai Simón recibió en este certamen. Antes de ello, el guardavalla vasco había acumulado 650 minutos con la valla imbatida en partidos de la Copa del Mundo (159 en Qatar 2022 y 491 en este certamen), con lo que quebró el récord de 517 minutos del italiano Walter Zenga en 1990. Después de ello, y más allá de algunas inseguridades, el cancerbero del Athletic Club de Bilbao no volvió a ver el balón dentro de su meta. Eso le valió ser reconocido con el Guante de Oro.
A menudo se repite como una verdad de Perogrullo que para ganar un torneo hay que derrotar a los mejores rivales. España cumplió a rajatabla con esa máxima. En la etapa de eliminación directa, dos veces debió afrontar partidos que fueron catalogados como finales anticipadas. En los octavos de final, debió emplearse al máximo para dejar en la cuneta a Portugal, con un gol de Mikel Merino en el primer minuto añadido del segundo tiempo, y marcar el final de la historia de Cristiano Ronaldo en los Mundiales. Y en una de las semifinales superó con claridad a Francia, hasta entonces superfavorita para quedarse con la corona.
La final fue otra muestra de autoridad. Ante una Argentina que se exprimió y entregó hasta la última gota de energía, la Roja marcó una superioridad infrecuente en una final: asfixió a su adversario desde el primer minuto, lo obligó a jugar incómodo constantemente, lo encerró contra su arco y convirtió a Emiliano Martínez en figura. El solitario gol de Ferran Torres en el primer minuto del segundo período del tiempo extra le dio un título merecidísimo.
“Siento un inmenso orgullo por esta generación de jugadores, que crecieron con la idea de ser los mejores. Fueron un ejemplo de grupo, de equipo, de familia, de grandes jugadores. Acompañarlos en este camino fue, sobre todo, un motivo de orgullo para mí”, afirmó Luis de la Fuente, el arquitecto de este colectivo, en la entrevista que concedió tras la coronación, que permitió además que España se convirtiera en el primer país en la historia en ser campeón simultáneamente en la rama masculina y en la femenina (obtuvo ese título en la Copa del Mundo Australia-Nueva Zelanda 2023).
“Estamos en una nube. Solo puedo dar gracias a Dios por todo lo que me ha dado. Este grupo es sensacional. Este torneo fue el más difícil de la historia de los Mundiales. Hemos jugado la final ante un equipo que tiene al mejor jugador de la historia y hemos dominado el partido. Nuestro secreto como selección es que siempre vamos por más. Y Dios al final te recompensa por haber sido valiente”, destacó Rodrigo Hernández, el emblema del campeón.
