Es una evidencia incuestionable que la dirigencia política dejó de escuchar a los ciudadanos que los revisten de autoridad y les dan un mandato. Ese mandato está en deuda porque no hay respuestas a demandas que tienen décadas. Se implementó con éxito la política de los oídos sordos.
Uno de los temas que irrita a toda la sociedad es el sistema de acoples que está vigente en la provincia. Nació como una necesidad del peronismo, no lo reclamó la sociedad. Los acoples vienen a solucionar la falta de interna partidaria. Ese idóneo mecanismo para elegir a los candidatos se dejó de lado para permitir que todos aquellos que quieran aparecer en una boleta lo hagan con mínimos requisitos. Insólito. Absurdo.
Los acoples solo benefician al que está en el poder y maneja montos de dinero insuperables. Ahí tiene sentido el sistema de acoples. Miles de candidatos pujando por llegar a distintos cargos apalancados económicamente. Todo un desatino político. Lo que se busca es que un ejército de ciudadanos salgan a buscar adhesiones para finalmente beneficiar al partido. Los que no ganan siempre encuentran como premio alguna ayuda permanente de los fondos públicos, que cada vez son más privados porque ayudan a unos y no a otros.

Los acoples no son una demanda de la sociedad. Si hay alguna duda habría que llamar a un Plebiscito. Hasta una encuesta responsablemente realizada con calidad técnica arrojaría el mismo resultado.
Entrar a un cuarto oscuro donde se encuentran cientos de boletas solo ocurre en Tucumán, donde la degradación de la política tocó techo. Hay un sometimiento a la ciudadanía a un sistema electoral perverso, dañino y no querido por los votantes. Decir que cuantas más opciones hay en el cuarto oscuro hay más Democracia es humor negro. Significa entonces que donde no hay un sistema de acoples la Democracia está acotada.
Dentro del peronismo hay posiciones divididas. Los sensatos, los que no perdieron la sensibilidad social y mantienen firme las convicciones republicanas reconocen que el sistema de acoples está agotado. No plantean eliminarlos, proponen reducirlos. Pero en el fondo de su conciencia saben que deberían desaparecer definitivamente.

También están los peronistas que defienden el sistema con fuerza bruta y sin otra convicción que usar la política para conseguir poder y dinero. Son los que experimentaron la movilidad social ascendente unitariamente, no hicieron nada para que esa posibilidad la tengan sus conciudadanos. Usan a la Democracia como mecanismo no como un sistema de valores. Un mecanismo que permite a los que están en el poder, mantenerse invariablemente durante décadas, poner a sus hijos, esposas, parientes y amigos. Es un socialismo acotado con límites bien definidos.

Tucumán debe revertir su historia de decaimiento y opacidad en la que se encuentra desde hace unas décadas. Los gobiernos de José Alperovich y Juan Manzur degradaron la política al extremo. Primó el billete no las convicciones. Se mercantilizaron las instituciones y se banalizó la opción por la ética republicana. Salir de ese proceso requiere sensatez y honradez política. Hay algunos que apuestan a superar este estado de cosas y otros que se sienten muy cómodos con el barro. Reminiscencia de su cuna, tal vez.
