Una consulta frecuente en el consultorio es la de pacientes que han notado aumento de peso después de unos meses de comenzado un tratamiento farmacológico. ¿Puede ocurrir? ¿Somos nosotros o los medicamentos?
La realidad es que existen fármacos que pueden generar ganancia de peso en algunas personas. Esto puede resultar beneficioso en quienes al comienzo tenían bajo peso. En cambio, para quienes están dentro de un rango normal, sumar algunos kilos tal vez puede requerir controles para manejarlo de manera adecuada. Sin embargo, en las personas que ya tienen sobrepeso, ese aumento extra puede transformarse en un riesgo para la salud.
Ese aumento de peso depende del tipo de medicamento, del género, de la duración del tratamiento y de la edad del paciente. En algunos casos, el incremento puede ser leve (unos pocos kilos al año), pero en otros puede llegar a ser significativo (hasta 10 kilos), especialmente si el tratamiento se prolonga durante años.
Son muchos y de diversas familias, entre los que se incluyen antidepresivos (amitriptilina, imipramina, paroxetina, clomipramina, mirtazapina), antipsicóticos y estabilizadores del ánimo (clozapina, olanzapina, litio, quetiapina, risperidona, aripiprazol), para la diabetes (insulina, pioglitazona), corticoides (prednisona), antihistamínicos (cetirizina, loratadina, difenhidramina), betabloqueantes para controlar la presión arterial (atenolol, propranolol), anticonvulsivos y analgésicos (gabapentina, carbamazepina, pregabalina, valproato), anticonceptivos hormonales, antirretrovirales para tratar el VIH y fármacos hipolipemiantes (alirocumab, evolocumab, inclisirán).
Existen fármacos que afectan no solo el peso sino la redistribución de la grasa corporal, especialmente aumentan la adiposidad abdominal. Ejemplos de ello son los corticoides y algunos antrirretrovirales.
El aumento de peso relacionado con medicamentos es relativamente frecuente y puede afectar atodas las edades. Pero muchas veces el propio paciente puede no notar el cambio hasta que el médico se lo señala en una consulta.
Algunos signos que pueden acompañar este proceso son mayor apetito, hinchazón o retención de líquidos, mayor almacenamiento de grasa, dificultad para realizar actividad física o tareas cotidianas, fatiga.
¿Es el medicamento lo que me está causando aumento de peso? Es lo que algunos se preguntan. Para orientarte y consultar al médico, si comenzaste un tratamiento en los últimos 6-12 meses y notaste un incremento significativo, podés evaluar lo siguiente: ¿cambiaste tu alimentación o aumentaste la ingesta de comida? ¿Incrementaste el consumo de sal y notás tobillos hinchados? ¿Bajaste tu nivel de actividad física? ¿Atravesaste situaciones de estrés o cambios importantes en tu vida?
En primer lugar, nunca supendas el medicamento por tu cuenta. Está totalmente contraindicado.
Si tenés dudas o notás cambios en tu peso que asociás al tratamiento, consultá con tu médico/a, que podrá ayudarte determinar si se trata del fármaco y solucionar el problema.
Una opción es analizar otra opciones terapéuticas más “neutras” para el peso corporal es decir que se puede cambiar a un medicamento con menor riesgo de aumento de peso y con los mismo efectos positivos para tu enfermedad. Y obviamente eso lo indicará tu médico de confianza.
Por tu lado, vos tenés una tarea importante: revisá tu estilo de vida. Sostené una alimentación equilibrada, practicá ejercicio regularmente y aprendé a manejar el estrés con técnicas como mindfullness, meditación, yoga, taichi, eutonía. Recordá que el estrés estimula no solo la ingesta de carbograsas dulces y saladas sino que incrementa la grasa abdominal.
Aunque no están aprobados específicamente para el aumento de peso inducido por medicamentos, los nuevos fármacos para bajar de peso (liraglutida, semaglutida o tirzepatida) pueden ser una solución. Por supuesto, sin descartar los cambios en tu modo de vida.
Antes de finalizar, ¡buenas noticias! El incremento de peso es un efecto secundario común de algunos fármacos, que puede tener consecuencias metabólicas y cardiovasculares, pero con el acompañamiento de tu médico/a, cambios en el estilo de vida o medicamentos, es posible controlarlo y minimizar sus riesgos.
