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Prestar atención salva vidas. Infarto y ACV “avisan” siempre con tiempo

La analogía del cuerpo con el auto -aunque trillada- es muy gráfica. Desestimar las luces que indican fallas y no ir al mecánico a tiempo puede derivar en un desperfecto mayor y, en última instancia, en la fundición del motor. El «tablero» de nuestro sistema cardiovascular también da señales mucho antes de que aparezcan fallas severas, como un infarto o un ataque cerebrovascular (ACV).

Así lo demostró un amplio estudio que reunió datos de millones de personas: entre quienes sufrieron un ataque cardíaco, un ACV o insuficiencia cardíaca, prácticamente la totalidad (más del 99%) tenía un factor de riesgo previo, y más de 9 de cada 10 acumulaba al menos dos.

«La presencia de niveles no óptimos de uno o más factores de riesgo tradicionales era casi universal antes de la enfermedad cardiovascular. Estos resultados no solo desmienten las afirmaciones de que los eventos cardiovasculares ocurren con frecuencia sin antecedentes de factores de riesgo mayores, sino que también demuestran que otros eventos, como la insuficiencia cardíaca o el ACV, rara vez ocurren en ausencia de factores de riesgo tradicionales no óptimos, lo que resalta la importancia de las medidas de prevención primaria», concluyeron los autores del estudio publicado recientemente en la Revista del Colegio Americano de Cardiología (JACC, por sus siglas en inglés).

La investigación, que analizó los registros de salud de más de 9 millones de adultos en Corea del Sur y casi 7.000 de Estados Unidos que fueron seguidos en algunos casos durante hasta dos décadas, refuta la idea de que este tipo de eventos pueden presentarse sin señales de advertencia previas.

Philip Greenland (profesor de cardiología en la Facultad de Medicina de la Universidad Northwestern) y Hokyo Lee (del Departamento de Medicina Preventiva de la Facultad de Medicina de la Universidad de Yonsei, en Seúl) dirigieron al equipo que se planteó como objetivo determinar la ocurrencia de cuatro factores de riesgo tradicionales antes de que acontezca el primer evento cardiosvascular o la insuficiencia cardíaca.

¿Cuáles son esas «luces» que comienzan a encenderse años antes? Los investigadores se concentraron en presión arterial, colesterol, glucemia y tabaquismo. Utilizaron las definiciones ideales de salud cardiovascular de la Asociación Americana del Corazón (AHA, por sus siglas en inglés), que describen los niveles no óptimos como:

  • Presión arterial por encima de 120/80 mm Hg o en tratamiento
  • Colesterol total por encima de 200 mg/dL o en tratamiento
  • Glucemia en ayunas por encima de ≥100 mg/dL, diagnóstico de diabetes o en tratamiento
  • Fumar o tener antecedentes de tabaquismo

En un análisis secundario, el equipo también analizó los factores de riesgo clínicamente elevados, los umbrales más altos que los médicos suelen utilizar para diagnosticar hipertensión (presión arterial de 140/90 o más), colesterol (≥240 mg/dL), glucosa ≥126 mg/dL y tabaquismo actual.

¿Qué hallaron? Tanto entre los participantes coreanos como estadounidenses, los resultados fueron concluyentes: más del 99% de quienes sufrieron un evento o desarrollaron insuficiencia cardíaca tenían al menos un factor de riesgo no previo. Mientras que más del 93% acumulaba dos o más.

¿El más prevalente? La presión alta, presente en casi el 95% de los pacientes.

Cuando los investigadores analizaron los niveles clínicamente elevados en lugar de no óptimos (es decir, un riesgo más elevado), el patrón se mantuvo. Al menos el 90% de los pacientes -tanto hombres como mujeres- presentaba al menos un factor de riesgo importante antes de su primer evento cardíaco.

Las enfermedades cardiovasculaes son la principal causa de muerte en Argentina y producen uno de cada cuatro fallecimientos en el país. De ese grupo, la insuficiencia cardíaca, la cardiopatía isquémica (el infarto es su manifestación más grave) y el ACV son las que más muertes provocan.

El «tablero» de los argentinos tiene varias luces de alarma encendidas. Según los resultados de diversos estudios epidemiológicos, incluida la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo de 2018 (que arroja una foto desactualizada, ya que la 5ta ENFR se encamina a cumplir cuatro años de atraso):

  • se estima que 12,1 millones de argentinos viven con hipertensión arterial, y alrededor de 10,1 millones no la tienen controlada;
  • alerededor de uno de cada cinco fuma;
  • al menos uno tercio tiene el tiene colesterol alto;
  • el 13% vive con diabetes.

A eso hay que sumarle que casi 7 de cada 10 están excedidos de peso (la mitad tiene obesidad y la otra mitad sobrepeso) y no cumplen con el mínimo de actividad física recomendada, que son otros dos grandes factores de riesgo para la enfermedad cardiovascular.

El problema es que, en muchos casos -tal como lo observó el estudio publicado en JACC-, hay varias luces encendidas a la vez. Es decir, es frecuente que una misma persona presente dos o más factores que eleven su riesgo cardiovascular.

De hecho, se estima que casi un tercio de la población mundial presenta síndrome metabólico, que se diagnostica ante tres o más de los siguientes signos: presión arterial elevada (mayor a 130/85 mmHg), azúcar en sangre elevada (glucemia en ayunas mayor a 100 mg/dL), exceso de grasa corporal en la cintura (para los hombres, 102 cm o más y para las mujeres, 88 cm o más) y niveles anormales de colesterol o triglicéridos.

«Es el típico paciente que tiene un poco de todo», graficaba en diálogo con Clarín Marcos Marin, ex presidente de la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial (SAHA).

«Uno puede tener síndrome metabólico con presión arterial limítrofe (es decir, sin llegar a hipertensión). O también con presión normal, porque cumple otros criterios», aclaraba en una nota anterior. En Argentina se considera hipertensión a partir de 140/90 mmHg (o 14/9); quienes tienen registros de 130/85 mmHg se encuentran a un paso de desarrollarla.

«En pacientes con esas características y esos factores de riesgo, el colesterol LDL es más aterogénico, le es más fácil introducirse en la pared vascular y generar placa de aterosclerosis», explicaba por su parte Pablo Corral, ex presidente de la Sociedad Argentina de Lípidos (SAL).

La aterosclerosis es la acumulación de grasa, colesterol y otras sustancias en las arterias, lo que da lugar a la formación de placas que pueden dificultar u obstruir el flujo sanguíneo. Con el paso del tiempo, se puede producir un bloqueo de las arterias y, como consecuencia, un infarto o un ACV.

Los autores del artículo publicado en JACC concluyeron que los resultados del trabajo dan cuenta de la importancia de las medidas de prevención primaria.

«Las 8 reglas de la vida» (Life’s Essential 8), elaboradas por la Asocación Americana del Corazón (AHA) marcan el camino en ese sentido.

Los ocho componentes esenciales para cuidar la salud del corazón y el cerebro (y la salud en general) son: no fumar, llevar una alimentación saludable (entre los patrones más aconsejables mencionan la dieta mediterránea y la DASH), actividad física regular (2 horas y media de actividad física moderada o 75 minutos de actividad física vigorosa a la semana), dormir bien (se aconseja entre 7 y 9 horas para la mayoría de los adultos), mantener un peso saludable y niveles normales de presión arterial, colesterol y azúcar en sangre.

Estas pautas cumplen una doble función: por un lado sirven para promover en la población hábitos y conductas que se asocian con una mayor salud cardiovascular y, a los fines de la investigación médica, funcionan como métricas que permiten medirla.

Un artículo de revisión de casi 500 estudios publicado recientemente arrojó un dato preocupante: apenas el 4% de los participantes en esas investigaciones alcanzaba una salud cardiovascular ideal evaluada en función de su adhesión a las pautas de la AHA.