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Destino Bariloche: 70 años de viajes de egresados

“¿Te cuento algo? Hoy es lunes y no vas a ir al colegio. ¡Estás en Bariloooooooocheeeeeeeeeeeeee!”

La arenga de Martín Marino, conocido como “El Indio”, icónico presentador en el boliche Grisú desde hace casi 20 años, tiene la reacción esperada: un rugido efervescente de miles de adolescentes que saltan, bailan, se abrazan y celebran el aquí y el ahora: su esperado viaje de egresados.

Grisú, según su óptica, es el templo de las discotecas. “¿Quién no la conoce?”, pregunta en la charla. Y agrega con entusiasmo: “Abrió sus puertas en 1969 y con cuevas, escaleras, seis pisos y más de cuatro pistas se convirtió en un boliche icónico. Allí bailaron en su viaje de egresados al menos tres generaciones que vinieron a Bariloche a disfrutar del recreo más largo y más lindo”.

La ciudad rionegrina empezó a convertirse en sede de los viajes de egresados hace casi 70 años, cuando Cira Forti, Susana Veranese, Irma Echevarría, Aurora Fernández y Elena Schuszler, cinco amigas del Colegio Nacional de Morón, tuvieron la idea de viajar a esa localidad para celebrar el final de sus estudios en 1956. Fue una travesía que duró 36 horas en tren.

La moda se fue expandiendo y terminó de consolidarse como una tradición en los años 70 y 80 gracias al programa Feliz domingo para la juventud, que emitía Canal 9, conducía Silvio Soldán y premiaba con un viaje a Bariloche a toda la división (más dos acompañantes) de aquel participante que eligiera la llave correcta para abrir “el cofre de la felicidad”.

Los años pasaron y las ofertas a otros destinos se multiplicaron. Sin embargo, la magia y la mística que rodean a esta ciudad de poco más de 135.000 habitantes sigue ganando por varios cuerpos.

Pero, ¿cómo es hoy un viaje de egresados? ¿Cómo hizo Bariloche para frenar el descontrol que era moneda corriente durante las madrugadas en boliches y alrededores? ¿Cómo evitaron que adolescentes alcoholizados deambulen por las calles a cualquier hora? ¿Cómo consiguieron domar ese combo de juventud, alegría, desenfreno, libertad y excesos?

El show de luces y lásers de By Pass sigue siendo de lo mejor de la noche barilochense

“Lo que hicimos fue profesionalizar la propuesta. Capacitamos a coordinadores y empresas. Nosotros trasladamos a los chicos en micros incluso cuando los hoteles están a cuatro cuadras de los boliches porque una noche linda con gritos implica vecinos que no duermen. Encapsular toda esa efervescencia adolescente encarece los costos, claro que sí”, resume Néstor Denoya, presidente de la Cámara de Turismo de Bariloche, en diálogo con LA NACION.

Y compara: “Antes era más barato, pero más riesgoso. Hoy la seguridad es cara, la buena comida es cara, los trajes de nieve de calidad son caros, los vehículos son caros. Antes había opciones B y C, más económicas. Hoy todo es plan A. Se compite por calidad o variantes de excursiones, pero no por precio. La idea fue hacer un negocio sustentable y cuidarlo. Bariloche es el principal destino turístico del país y el turismo estudiantil no podía quedar al margen de ese salto de calidad. La ciudad nos obligó a subir la vara”.

Se pudo percibir de cerca esa seguridad y ese control casi total y constante de los jóvenes, que disfrutan como siempre y sin notar esos cuidados. Por lo pronto, apenas se despiden de sus familias cada uno recibe una pulsera con un código de barras. Este elemento sirve durante la estadía en el sur para dos cosas: acceder de manera inmediata a su ficha de salud (precargada en caso de alguna urgencia médica) y, al mismo tiempo, conocer sus movimientos.

A cada pasajero le escanean esa pulsera cuando sale o entra del hotel rumbo a una excursión o a un boliche para marcar su egreso y reingreso, y lo mismo ocurre en la puerta de cada boliche, para que en el sistema figure en donde está (o no) cada adolescente.

Los traslados son sí o sí en micro: ya no hay chances de ver a chicos caminando por las calles barilochenses de madrugada. Esto evita cualquier tipo de discusión o conflicto que, potenciado por algún consumo excesivo de alcohol, puede terminar en una gresca. Tampoco hay posibilidad de dormir en un hotel que no sea el propio, ni ingresar en un boliche diferente al que se le asigna a cada contingente para cada noche. Y un dato más, relacionado con el cuidado de la salud: como tanto las chicas como los chicos van a bailar con poca ropa, para evitar que tomen frío en esos breves traslados, a cada uno lo cubren con una manta polar que reciben en la puerta del hotel y dejan en la puerta del boliche. Y viceversa.

Esta temporada Bariloche recibió a unos 140.000 egresados entre junio y enero. Es la misma cifra que en 2024, cuando de a poco los números empezaron a acomodarse después de la pandemia. En promedio conviven en la ciudad entre 5000 y 7000 adolescentes al mismo tiempo, repartidos entre diferentes empresas y hoteles. Los precios de cada paquete no baja de los $ 2.000.000 y en general son muy similares: ida y vuelta en avión (adiós al histórico ómnibus), nueve días y ocho noches, pensión completa muy variada con quinta comida incluida a las 5 (al regreso del boliche) y excursiones diversas.

Este destino genera trabajo para más de 10.000 personas en turismo estudiantil y todas ellas están capacitadas. Las cocinas están preparadas para dietas especiales, veganos, celíacos. Hay un desarrollo industrial y humano muy alto”, aporta Denoya.

En diálogo con este diario, Daniel García, presidente de la Cámara Argentina de Turismo Estudiantil (CATE), aporta otro dato: “Se sumó una herramienta clave, el seguro de caución, que garantiza el 100% del viaje. Las familias tienen la tranquilidad de que el viaje está asegurado, porque existe un respaldo que cubre cualquier inconveniente. En este esquema, el Estado no interviene en la negociación entre privados; se trata de un acuerdo claro entre los padres y las empresas”.

Zipline, la atractiva alternativa que ofrece Piedras Blancas cuando no hay nieve

Las empresas –y la ciudad– también debieron adaptarse al cambio climático. Por ejemplo, si toca una temporada sin nevadas como la del invierno 2025, los esquíes se cambian por remos para hacer un espectacular rafting en el río Limay y el clásico culipatín en Piedras Blancas muta a una espectacular tirolesa de frente (zipline) en la misma locación.

Todo está planificado. Incluso cada noche, en la que el outfit ocupa la mayor parte de las valijas de los egresados, ya que la indumentaria para nieve y barro la proveen las empresas. En este caso el cronograma fue: “Semáforo” en Grisú, “Argentina” en Roket, “Flúo” en Cerebro, “Animal” en By Pass, “Bizarra” en Grisú, “Disfraces” en Genux, “Colegial” en By Pass, “Noche de velas” en Feet Up y la octava, que es idéntica a la primera. Todo en base a qué día arriba a la ciudad cada grupo.

“Nadie se olvida de esa semana en Bariloche. Es el momento cúlmine del final de ese capítulo hermoso llamado secundaria, en donde pasan a ser adultos y a tener más responsabilidades”, comparte El Indio. Y agrega: “En lo personal, sentir que cada noche hay más de 1500 chicos esperándome para el show, para bailar, para disfrutar, para saltar, para cantar y para cerrar boliche, es algo que me emociona”.

Sorprende que a esos boliches icónicos solo ingresan contingentes de egresados. Más claro: si alguien pretende vacacionar en Bariloche e ir a bailar a Roket o a Cerebro, no puede. El acceso es exclusivo para los que están de viaje de cierre de estudios.

Dentro de los boliches los chicos no lo advierten, pero el control y la seguridad es total: hay personas de civil que pasan completamente desapercibidas, pero están en todo momento atentas a lo que pasa en las diferentes pistas y pasillos de cada lugar. Es por eso que si en la efervescencia adolescente hay algún exceso, de inmediato hay una acción para disipar. Por ejemplo, si se produce una avalancha o si alguien pretende, en pleno jolgorio, subirse a caballito de otra persona, de inmediato varios láser verdes apuntarán a los revoltosos con el fin de que se calmen o que sus propios amigos lo hagan por ellos. Y si la cosa no se frena de esa forma, directamente se corta la música. No se permite fumar dentro de las instalaciones y en la puerta de cada baño hay un empleado de seguridad que retiene los vasos.

Noche de Grisú y láser en Bariloche

“¿A qué vienen los chicos a Bariloche? ¡Por supuesto que a divertirse! Quieren bailar, relacionarse, enamorarse, tener diez novios o novias en una semana. Pero hoy hay control, cámaras, protocolos. Hay salas de monitoreo con cientos de cámaras. Se recuperan camperas, celulares, lo que sea. Hay un renacer de algo colectivo y que cuidamos entre todos”, explica Denoya.

También se evidencia una evolución en todo lo vinculado con el respeto a la otra persona. “Hubo un punto de inflexión cuando trabajamos con la Defensoría del Pueblo. Nos capacitamos durante tres años, incluso antes de que el tema de género estuviera instalado como hoy. Empezamos a escuchar situaciones de acoso, a defender el derecho del niño y la niña, a detectar signos de violencia que antes se naturalizaban. Se capacitó a todos: conserjes, médicos, guías, choferes, coordinadores, personal de hoteles y restaurantes. Hoy los coordinadores tienen que ser cada vez más adultos y formados”, detalla el presidente de la Cámara de Turismo de Bariloche.

Fuimos el primer destino –y hasta ahora el único– con capacitación obligatoria en género, bajo el lema ‘No es no’. Y quizá lo más importante: un protocolo conjunto con la fiscalía y el hospital público. Cuando una chica o un chico dice ‘me tocaron’ o ‘me insinuaron’, se activa un botón rojo. Si es menor, cámara Gesell. La denuncia queda en manos de la Justicia. Nosotros aprendimos a no involucrarnos más y a dejar actuar a los profesionales. Al principio hubo muchas situaciones límite, incluso denuncias falsas, pero con el tiempo, psicólogos, médicos y la fiscalía nos ayudaron a mejorar el sistema. El cambio fue enorme. Hoy nos llaman de otros lugares para explicar cómo lo hicimos. Fue un trabajo silencioso, largo y muy serio. Una figura clave fue la doctora Andrea Galaverna, que recorrió todo el país capacitando coordinadores”, añade.

Galaverna, militante de los derechos de género, médica, profesora universitaria y Defensora del Pueblo de Bariloche entre 2013 a 2017, resume esa tarea: “Es un trabajo silencioso el que hemos hecho, que llevó muchos años. Y creo que nunca termina porque uno ve que la gente cambia. Es muy importante que las cabezas de las instituciones y de las empresas hayan incorporado herramientas para darse cuenta que es un tema importante para ellos y para los chicos en su etapa adolescente.

En relación a cómo empezó todo esto, Galaverna lo relata con detalle: “Néstor Denoya se acercó con otras personas del sector turístico a la Defensoría del Pueblo, allá por 2013, a propósito de una cuestión de violencia de género que se había dado en un hotel entre unos chicos. Que en general son todos menores, entonces uno tiene que ser muy cauto, no solo tener claras las cuestiones de género, sino también tener una mirada de derechos de niños, niñas y adolescentes. Esa situación de violencia tomó relevancia nacional. Ellos acudieron a la Defensoría del Pueblo, se encontraron conmigo y yo les dije que les armaba una capacitación a todos los sectores, que incluía a la gente de los hoteles y de las discotecas, a los coordinadores estudiantiles, a los dueños de las empresas. Es decir a todos los que tuvieran contacto con los estudiantes. Y así fue saliendo, por la voluntad no solo de esa institución que lideraba yo en ese momento, sino por la decisión de todos los involucrados”.

Las pistas circulares y con balcones de Roket

Sobre lo que sucede en los boliches hay algo claro: cualquier pelea que se produzca adentro no tiene vuelta atrás. Aquella persona que es expulsada por el personal de seguridad no vuelve a entrar a otro boliche en toda la estadía. Y si alguien se alcoholiza en la previa en el hotel antes de salir, se queda con al menos un compañero de habitación. Eso los obliga constantemente a ser responsables, cuidarse entre sí y entre ellos mismos evitar los excesos de los más desaforados. Si bien en cada noche los contingentes se cruzan con otros de escuelas de distintas localidades, todas forman parte de la misma empresa.

Tanto en la ciudad como en los boliches la venta de alcohol está prohibida para menores. Aunque como pasó siempre, en todo grupo hay alguien que ya cumplió los 18, al que le ponen un sello de “mayor de edad” en la barra y compra los tragos para sus amigos.

Los vasos icónicos de los boliches Grisú, Roket, Cerebro, By Pass y Genux; solo falta Feet Up

Además, cada local bailable tiene una sala de primeros auxilios en donde atienden algún caso vinculado a la salud, que puede ir desde un golpe o un dolor de cabeza al extremo de un coma alcohólico. De acuerdo con el cuadro, los médicos avisan a los coordinadores y estos a las madres y padres acompañantes cómo continuar.

“Un tema que siempre es importante aclararles a las familias: nosotros cuidamos a sus hijos, pero no los educamos. Si un chico llega con problemas de alcohol, adicciones o conducta, lo vamos a contener, pero no podemos modificar hábitos de vida. Lo que sí decimos es que durante esos ocho días en Bariloche las normas las ponemos nosotros y quien no las respeta, se vuelve”, concluye Denoya.

Acompañar a un grupo de adolescentes a su viaje de egresados es una experiencia inolvidable, pero no es una tarea que pueda hacer cualquiera. De hecho hay una serie de parámetros físicos, de salud y de edad que los postulantes deben superar antes de ser elegidos. Y como en general ninguna de esas personas convivió antes con los otros adultos a cargo ni con decenas de chicos en pleno jolgorio, se requiere de personas con amplitud mental para adaptarse a cualquier contexto. Así, ir con buena onda y optimismo es una condición primordial.

Un consejo para la comunicación con Buenos Aires: apenas despega el avión de Ezeiza o el Aeroparque, cerrar el grupo de WhatsApp de madres y padres y que solo puedan escribir allí los que están en Bariloche, así la información importante no se pierde.

El rol de esas madres y padres que viajan es muy concreto: controlar que la empresa cumpla con todo lo prometido en el contrato y estar cerca ante cualquier contingencia que pueda ocurrir, desde un problema médico grave –que incluso requiera que un egresado vuelva en avión sanitario a su ciudad de origen– hasta para disipar alguna cosa menor vinculada con la dinámica social de los grupos. Todo lo demás está a cargo de la empresa contratada. De hecho, el contacto directo y constante del contingente es con los coordinadores.

“Ustedes descansen siempre que puedan y diviértanse. Lo más importante: no me contradigan en las indicaciones que les haga a los chicos. Al grupo lo manejo yo”, fue el mensaje concreto y sincero de Rodrigo, el experimentado coordinador de Baxtter que tocó en este viaje de un grupo de egresados de la escuela porteña León XIII.

En cada boliche hay un servicio especial para los adultos responsables. En el salón VIP hay atención personalizada e incluso en algunos lugares hay una pista especial con música de la época en la que ellos fueron a Bariloche. También hay barra libre, algo que puede ser una tentación para los que no saben controlarse (que los hay). Pero atención: una persona de seguridad apostada en la puerta de acceso impide que les lleguen a los chicos tragos con o sin alcohol extraídos del VIP hacia la pista.

Genux tiene una pista oculta con música personalizada para los padres acompañantes

En la actualidad no hay destino más seguro que Bariloche para un viaje de adolescentes dentro de la Argentina. Aquí todo está perfectamente pensado para que los chicos disfruten”, dice alguien que forma parte desde hace 25 años de todo ese engranaje que funciona a la perfección, y que pide la reserva de su nombre.

Entre arenga y arenga desde lo más alto de Grisú, el Indio Martín Marino cierra: “Bariloche está preparada para que los padres se queden tranquilos. Los hijos van a estar bien cuidados y van a tener una de las mejores semanas de su vida en un viaje que gracias al esfuerzo de mamá, papá, los abuelos y toda la familia pueden hacer realidad”.