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En el Gobierno se debate si aceptan cambios a la Reforma Laboral

“La responsabilidad por la reforma laboral es nuestra”, decía este sábado una voz importante del oficialismo para mostrar que es la propia Casa Rosada la que debe moverse para hacer caminar la iniciativa, pese a las detracciones. Desde el 11 de diciembre en que el presidente Javier Milei firmó el proyecto hasta ahora, dos meses después, el Gobierno no tiene la seguridad de contar con los votos para aprobarlo sin perder los ejes troncales de los cambios que impulsa en lo laboral.

El martes comenzará el período de sesiones extraordinarias y también el tiempo de descuento para el 11 de febrero, día en que piensan llevar el texto al recinto de la Cámara alta. Sin embargo, por ahora el oficialismo tiene abiertos focos de conflictos que obran en detrimento de sus planes: los gobernadores, la CGT y las diferencias que existen dentro del propio gobierno sobre cómo hacer para conseguir los apoyos sin perder los puntos principales del texto. En la Casa Rosada se impuso esta semana el ala dura, que se resiste a implementar modificaciones sustanciales o a ceder en compensaciones y fondos para todos los aliados.

Más allá de que prima el “venimos bien”, con la votación en general encaminada, en el Gobierno saben que precisan un aval, además, en la votación en particular para mantener el “espíritu reformista”. El apoyo mayoritario en ese último aspecto hasta el momento es un acto de fe. En las cuentas más optimistas el mileísmo suma a La Libertad Avanza (20 senadores) más Luis Juez (1), Pro (3) y el radicalismo (10). Con cinco legisladores más dicen que ya estarían tranquilos. Sería uno arriba de los 37 que precisan para abrir el recinto. En otros escenarios, el conteo se aleja más del objetivo.

La senadora Patricia Bullrich y el ministro del Interior, Diego Santilli, del ala negociadora libertaria y con vasta experiencia para medir el humor político, actúan como un radiador de reclamos y hacen malabares para sostener los apoyos en medio de las negativas del ministro Luis Caputo para mover de más la billetera. Se suman a los sectores intransigentes Federico Sturzenegger, que delineó la parte técnica de la reforma; y el estratega Santiago Caputo quien, dicen, es más partidario de dejarles en claro a los socios que si no apoyan el proyecto en el recinto, se les cierra cualquier vía de compensación en la que estén pensando.

Esta semana la nota la dieron los gobernadores y la semana entrante podría hacerlo la CGT. Sin tanta pompa en su oposición contra la reforma laboral hasta ahora, distintas voces de la central sindical consultadas coincidieron en que “seguro” habrá alguna medida el día que se trate el tema en el Senado, pero todavía no está definido el tenor. Todas las fuentes coincidieron en que eso se definirá en una reunión del Consejo Directivo que se convocará en los próximos días.

“Aún no sabemos lo que quiere el Gobierno”, comentó a este medio un importante mandamás gremial enrolado en la central. Dicen en los pasillos de la Casa Rosada que el estratega Caputo, usual interlocutor de los popes cegetistas, se molestó por un comunicado que emitió la CGT contra el DNU de la SIDE (área que controla) y que desde ahí les enfrió el vínculo.

La Casa Rosada no convocó al diálogo ni hubo foto formal, pero los canales informales están abiertos y los llevan Bullrich y el secretario de Trabajo, Julio Cordero, pero no arriban a buen puerto. Según una voz importante del oficialismo, la CGT busca tirar los ejes del texto para atrás. “Se está hablando, pero no se encuentra un punto en común. No hay un diálogo razonable porque quieren que quede todo igual a como está ahora. Defienden sus intereses”, plantearon en La Libertad Avanza. De acuerdo al Gobierno, dar el brazo a torcer con las exigencias sindicales implicaría una reforma que de reforma no tendría nada.

Mientras que algunos sectores de la central no descartan la convocatoria a un paro y movilización para el 11 de febrero, otros vieron más probable una movilización pero no notaron plafón todavía para un paro. Siguen dejándole una ventana al Gobierno, en medio de las presiones de las vertientes gremiales más izquierdistas. Si la reforma es aprobada por el Senado, aún deberá ir a Diputados.

Un funcionario que tiene el pulso de la Casa Rosada no mostró preocupación por la posibilidad de que la CGT haga ese 11 una medida tan agresiva que pueda poner en conflicto al Gobierno, porque dijo ver “con internas” y “dispersos” a los líderes sindicales. No obstante, admitió que hay una posibilidad de que los popes de la CGT obren sobre gobernadores y legisladores con orígenes peronistas que suelen colaborar con la Casa Rosada, para que rechacen la reforma. “Sobre los más peronistas pueden ir y presionarlos con sacarles sostén político”, analizó esa fuente.

Esta semana que termina, los gobernadores aliados y los senadores que les responden sumaron presión sobre la parte del articulado que reduce la recaudación de Ganancias y que afectará los fondos coparticipables que llegan a sus territorios. En el Gobierno dejaron trascender que no piensan tocar ese extracto de la reforma, bajo la postura de que bajar impuestos está en la matriz libertaria. Ese conflicto es el que prima, porque toca a los aliados.

Para apaciguar tensiones, Santilli se reunió con los mandatarios del norte, viajó a Corrientes, y les juró con una cuenta matemática que si por la reforma laboral y el crecimiento económico en 2027 se generan 400.000 puestos formales, los mandatarios verán compensados al 100% los fondos que perderán este año por la baja en Ganancias. Asimismo, buscó agilizar otras demandas de los gobernadores a modo de compensación en especie y con ATN.

Siempre deseoso de alcanzar la gobernación de Buenos Aires, este sábado le replicó un tuit a Axel Kicillof que se leyó como un mensaje subliminal al resto de los mandatarios: “Kicillof y el kirchnerismo se oponen a bajar Ganancias en la reforma laboral porque quieren que las empresas paguen cada vez más impuestos y se fundan. Para ellos recaudar siempre es más importante que generar trabajo”.

Algunos sectores planeaban una reunión de todos los gobernadores en el CFI el miércoles, para hacer una demostración de poder y reclamar lo propio, pero la cuestión sigue sin tomar temperatura.

Mientras en el ala dura del Gobierno mantienen la posición de que los únicos cambios acordados son de forma, Bullrich -en un guiño a los aliados- dijo esta semana: “Estamos llegando a muchos acuerdos, por supuesto que con cambios. Pero no los vamos a decir porque no queremos lobbies”.

Convencer a sus socios, elegir si compensarlos y cómo, ver hasta qué lugar tensar con la CGT… En este arranque de febrero, y por diez días, la mesa chica del Gobierno tendrá que afinar el lápiz para sacar esta reforma que presentó como la estrella del segundo tramo de extraordinarias.