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Para Berensztein la oposición muestra incapacidad para capitalizar las tensiones sociales

El politólogo Sergio Berensztein sostuvo que el gobierno de Javier Milei llegó hasta acá apoyado en dos pilares —inflación e inercia política— que hoy empiezan a mostrar límites evidentes. Describió el momento actual como un “veranito político y financiero” que, sin embargo, no garantiza gobernabilidad futura.

Según Berensztein, el oficialismo logró consolidarse en el poder porque respondió con eficacia a dos demandas centrales de la sociedad argentina: frenar la inflación y quebrar una inercia política que había dejado a la oposición sin reflejos ni liderazgo claro tras las elecciones. Ese doble efecto —económico y político— explica por qué Milei gobierna con relativa comodidad aun con niveles de imagen y confianza que no son excepcionalmente altos.

Para el analista, la baja inflacionaria funciona como un gran organizador social, en un país que arrastra más de dos décadas de deterioro monetario. “La sociedad argentina viene de una experiencia traumática prolongada. No fue una híper, pero estuvo cerca. Eso explica la tolerancia social frente a un esquema de peso fuerte y dólar barato”, señaló. En ese marco, Berensztein advirtió que el éxito del programa económico no puede leerse sólo en términos técnicos. La inflación baja no es un dato macro: es una señal política potente que ordena expectativas, descomprime conflictos y posterga demandas. El problema surge cuando los propios logros empiezan a generar tensiones nuevas, especialmente en empleo, consumo y producción.

La segunda “i” es la inercia política. Tras el golpe electoral, la oposición quedó fragmentada, sin narrativa ni liderazgos claros. “No llama la atención que al gobierno le vaya relativamente bien; lo llamativo es la incapacidad de la oposición para capitalizar tensiones crecientes”, analizó Berensztein. Ese vacío permitió al oficialismo gobernar sin una alternativa competitiva enfrente, aun cuando persisten preocupaciones sociales y una percepción extendida de fragilidad económica a mediano plazo.

Berensztein fue más allá y planteó una discusión de fondo: el atraso cambiario como herramienta política. Recordó que el “dólar barato” suele ganar elecciones —desde la dictadura hasta la convertibilidad—, pero también termina mal. La pregunta abierta es si esta vez será diferente. Aquí aparecen dos hipótesis: “No hay dos sin tres”, y el esquema volverá a colapsar; y “la tercera es la vencida”, apoyada en superávit fiscal y un horizonte de recursos (Vaca Muerta, litio, cobre, agro, economía del conocimiento). Para el politólogo, no hay determinismos. El desenlace dependerá menos de la macro y más de la capacidad política de leer demandas emergentes y construir oferta.

Uno de los puntos más llamativos es la contradicción entre promesa y realidad. Milei ganó prometiendo dolarizar y cerrar el Banco Central, pero terminó fortaleciendo el peso. “No lo marco como contradicción moral, sino como advertencia contra las lecturas mecanicistas: la economía no lo explica todo”, afirmó Berensztein. En ese sentido, remarcó que la oferta política importa tanto como los números, y que hoy el oficialismo muestra sensibilidad en política social (AUH, Tarjeta Alimentar), pero carece de una narrativa sólida en educación, empleo y futuro del trabajo.

Ahora bien, para que exista competencia real en 2027, Berensztein planteó la necesidad de una coalición amplia, similar a la experiencia brasileña, capaz de articular demandas sociales, respetar la macro y ofrecer una alternativa moderna. Sin eso, el riesgo es repetir escenarios de fragmentación que favorecen al oficialismo. “La discusión no es sólo quién lidera, sino qué ideas interpretan lo que Milei no va a hacer”, sintetizó.