Muchas personas experimentaron alguna vez esa sensación extraña de “despertarse con la respuesta” a un problema que parecía imposible la noche anterior. Durante años, esta idea fue más una intuición popular que un hecho comprobado por la ciencia. Ahora, un estudio reciente sugiere que no solo es real, sino que además puede potenciarse de forma deliberada.
Neurocientíficos de la Universidad Northwestern demostraron que la estimulación auditiva durante la fase REM del sueño —el momento en el que soñamos con mayor intensidad— puede aumentar la creatividad y la capacidad para resolver problemas planteados antes de dormir. El trabajo, publicado en la revista Neuroscience of Consciousness.
La investigación se apoya en una técnica conocida como reactivación dirigida de la memoria. En términos simples, consiste en “recordarle” algo al cerebro mientras duerme, usando señales suaves como sonidos, sin interrumpir el descanso.
La dificultad histórica para estudiar los sueños radica en que no se pueden controlar ni observar directamente. Sin embargo, este enfoque permite influir en su contenido de manera indirecta, como si se dejara una pista sonora que el cerebro retoma mientras sueña.
Lejos de ser narraciones sin sentido, los sueños parecen funcionar como un espacio donde el cerebro reorganiza información y prueba nuevas conexiones, algo clave para la creatividad.
El equipo liderado por el psicólogo Ken Paller trabajó con 20 personas con experiencia en sueños lúcidos, es decir, personas que suelen ser conscientes de que están soñando.
Antes de dormir, los participantes intentaron resolver una serie de rompecabezas. Cada problema estaba asociado a un sonido particular, como una breve melodía. La mayoría no logró resolverlos en ese momento.
Durante la noche, los voluntarios fueron monitoreados para identificar cuándo entraban en la fase REM. En ese punto, los investigadores reprodujeron únicamente los sonidos vinculados a la mitad de los problemas no resueltos.
Es como dejar una radio muy baja encendida en el fondo del sueño, lo suficientemente suave como para no despertar a la persona, pero lo bastante clara como para que el cerebro la incorpore.
Al despertar, los participantes relataron sus sueños. El 75% mencionó escenas, ideas o situaciones relacionadas con los problemas cuyos sonidos habían sido reproducidos mientras dormían.
Por ejemplo, una persona soñó que caminaba por un bosque después de escuchar el sonido asociado a un rompecabezas sobre árboles. Otra pidió ayuda a un personaje dentro del sueño para resolver un desafío. En un tercer caso, una participante soñó que pescaba en la selva mientras pensaba, sin saberlo, en el problema planteado antes de dormir.
Estos sueños no siempre ofrecían la solución directa, pero sí introducían nuevas asociaciones que resultaron útiles al despertar.
Los resultados fueron claros: los participantes resolvieron correctamente el 42% de los problemas cuyos sonidos habían sido activados durante el sueño, frente a solo un 17% de éxito en los problemas que no fueron estimulados.
Además, la creatividad general aumentó de forma significativa. La capacidad de encontrar soluciones originales pasó del 20% al 40% cuando el problema había sido “recordado” al cerebro durante el descanso.
En otras palabras, el cerebro dormido no solo descansa: sigue trabajando, explorando caminos alternativos que a veces no aparecen cuando estamos despiertos.
Para la investigadora Karen Konkoly, autora principal del estudio, estos resultados muestran que los sueños pueden guiarse de forma sutil, incluso cuando la persona no es plenamente consciente de que está soñando.
Esto abre un campo nuevo para la ciencia del sueño: usar el descanso como una herramienta activa para potenciar la creatividad, el aprendizaje y, en el futuro, el bienestar emocional.
Aunque el estudio se realizó en condiciones de laboratorio y con un grupo reducido, los investigadores creen que la técnica podría aplicarse más adelante en ámbitos como la educación, la resolución de problemas complejos o incluso el tratamiento de ciertos trastornos emocionales.
El trabajo, refuerza una idea cada vez más aceptada: los sueños no son solo historias extrañas de la mente, sino un recurso valioso que, bien comprendido, podría ayudarnos a pensar mejor cuando estamos despiertos.
Si investigaciones futuras confirman estos resultados, dormir bien —y soñar— podría convertirse en una parte activa del proceso creativo y del cuidado de la salud mental.
