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El dólar barato dejó de ser una buena noticia

Fue una jornada de sentimientos encontrados para Toto Caputo: por un lado, el dólar cayó a su mínimo real en varios meses, lo cual dio pie para que celebraran los partidarios del gobierno, dado que es raro que una caída del dólar ocurra en simultáneo con una masiva compra de dólares por parte del Banco Central. Pero, por otro lado, el dato del IPC de enero fue un baldazo de agua helada en el discurso desinflacionario del gobierno.

Lo curioso de la situación es que, en cierto sentido, para Caputo fue una confirmación de que tenía razón con su recordada frase «compra, campeón, no te la pierdas». Desde aquel momento -inicio de julio del año pasado- hasta ahora, el dólar al público subió un 15,4% -claro que con bruscos altibajos en el medio-. Y la inflación acumulada de esos siete meses fue de 17,6%.

O sea, que quien le haya llevado la contra al ministro y haya comprado dólares en aquel momento, se encuentra con que tuvo una pérdida real si dejó los billetes verdes «bajo el colchón». Y, si se compara con el costo de oportunidad por no haber colocado pesos en otras colocaciones, como plazos fijos o bonos, la pérdida es mucho mayor.

Pero esa caída del dólar no le dejó mucho margen de festejo al ministro, porque todo queda empañado por la aceleración inflacionaria. La invitación del ministro a blanquear los ahorros y poner los dólares en el banco, ahora que regirá el principio de «inocencia fiscal» se encuentra con el problema de un mal «timing».

Porque la aceleración inflacionaria le da mayor relevancia a los economistas que se quejan de que el tipo de cambio continúa atrasado. Y, además, se expone a críticas como las del economista Roberto Cachanosky, que recordó que si se aplicara el «método Milei» para proyectar la inflación, entonces habría que decir que los precios están viajando a un 41% anual -que es el resultado de elevar 2,9 la potencia 12-.

Lo cierto es que si en enero la cotización del dólar bajó un 1,3% y los precios subieron un 2,9%, entonces los dólares del colchón perdieron un 4% real. En otro país que no se llamara Argentina, esta situación dispararía una venta masiva de dólares por parte del público. O, al menos, llevaría a que los ahorristas atendieran el consejo de Caputo y llevaran los dólares al banco para obtener una tasa de interés.

Pero en el mercado local las reacciones defensivas apuntan en el sentido inverso. Al amplificarse el argumento del atraso cambiario, hay más chances de que el precio actual del dólar sea percibido como «artificialmente barato» y eso estimule a una mayor dolarización de los ahorros.

Y no es el único castigo que está recibiendo Caputo por estas horas. El principal tema con el que se ensañan los analistas es el del «ancla cambiaria». El argumento que más se escucha es que se nota un agotamiento en el método de reprimir el tipo de cambio como forma de frenar los precios.

Ese cuestionamiento no sólo renueva los reclamos por un mayor grado de flotación cambiaria, sino que además supone una crítica a la suba de tasas de interés en pesos, que por un lado controlan el exceso de liquidez pero, por otra parte, encarecen el crédito en la producción y el consumo.

Como ya lo viene haciendo desde hace meses, Caputo insiste con el argumento de que, en realidad, no hay un proceso de inflación al alza -por eso destaca que el «IPC núcleo» fue de 2,6%– y culpa a los «cambios de precios relativos» por los malos números que viene registrando la medición del Indec.

Esto tiene un mensaje entrelíneas: una vez que haya pasado el impacto por la recomposición de tarifas y las distorsiones de las subas estacionales, todo está dado como para que la inflación vuelva a caer.

Su planteo es que está aumentando la demanda de pesos por parte del público -y por eso el BCRA puede comprar dólares sin que haya una presión al alza de la cotización-, y que eso, sumado al esfuerzo de equilibrio fiscal, hará que se vuelva al camino de desinflación.

Sin embargo, es un tema que sigue siendo discutido por los economistas. Varios rechazaron la afirmación de Caputo en el sentido de que la suba en la cotización de los bonos CER fuera un síntoma de confianza del mercado.

«Si los bonos ajustados por inflación suben es porque el mercado espera, equivocado o no, una mayor inflación, usando el índice que usen», afirma Diego Giacomini, uno de los mayores críticos del plan económico, que afirma que la relativa calma actual obedece a una exacerbación del «carry trade».