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El cierre de empresas impacta en el humor social

¿Le importa a Javier Milei el cierre de Fate? ¿Sintió el Presidente el golpe cuando la fábrica de Whirlpool clausuró sus puertas en noviembre? Entre un caso y otro, pasó algo. ¿Antes no importaba y ahora sí? Hay una nueva realidad. Se profundizó un vuelco en el humor social que el Presidente lee muy bien: analistas indican que se creció entre los argentinos la incertidumbre sobre el futuro de la actividad económica –el empleo y el salario- por encima de aquella sobre los precios, la principal bandera ganadora de Milei.

Entre un momento y otro, también el discurso oficial sufrió un cambio sutil. Pasó de centrarse en la eficiencia económica a focalizar valores morales. El modelo superior dejó de ensalsarse para poner el foco en empresarios “delincuentes”. Uno de los manuales de Giuliano De Empoli, el Mago del Kremlin, ese que suele consultar el asesor presidencial Santiago Caputo, recomienda no intentar enamorar a los seguidores (en este caso, con un modelo aperturista y sus virtudes), sino –conociendo que la bronca revuelve las tripas en la política- encausar el enojo en la sociedad (contra quienes cierran sus empresas hoy).

De esta manera, se pusieron a un costado los beneficios de la baja de precios que generan las importaciones de bienes y se pasó a apuntar contra empresarios privados porque “está moralmente está mal ponerte de acuerdo con un político chorro” para obligar a comprar a la gente algo de mejor calidad a menor precio. El jurista romano Domicio Ulpiano desbancó desde Davos al adorado austríaco Von Mises.

Una ilustración más del cambio de foco llega del pasado. El Milei candidato criticaba al kirchnerismo que individualizaba en “empresarios malos” a los creadores de la inflación. El Presidente pregonó entonces que el problema era el modelo, el sistema, al que se acogían los “degenerados fiscales” (la casta política). En su primera presentación de medidas a fines de 2023, el ministro de Economía, Luis Caputo, dijo que los problemas de la inflación, la deuda y el dólar tenían que ver con la incapacidad histórica de los políticos de gastar menos dinero del que ingresa a las arcas (el equilibrio fiscal). Eso se solucionaba con deuda o inflación. “La inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario”, dijo históricamente Milei sacando de la ecuación por los aumentos generalizados de precios a los empresarios.

Al explicar la crisis de Whirlpool meses atrás, el oficialismo hizo alusión a la eficiencia económica citando a Von Misses, para quién las crisis responden a inversiones “mal orientadas en el pasado” por el Estado y terminan en “recesiones necesarias”. El Presidente destacó ese axioma en contraposición al denostado –por él- que pregonó Keynes. El ministro de Economía lo reafirmó, a su manera, en septiembre del año pasado en el abandonado streaming de Carajo. Allí dijo que las empresas que hayan sobrevivido gracias a las “distorsiones” del pasado son las que sufrirán en el actual modelo económico.

El cierre de Fate se da en un contexto que preocupa a Casa Rosada. El principal problema que afecta a los argentinos, según la histórica encuesta que repite con asiduidad la consultora Synopsis (Lucas Romero), es el desempleo (28,6%); luego aparecen la corrupción (26,2%) y la inflación (15,9%). Los datos del SIPA –el empleo registrado- muestran una caída en los últimos meses, pero el desempleo en la Argentina no es un drama similar al 2001, según los propios datos del Indec (bajó a 6,6% en el tercer trimestre de 2025). Sin embargo, en la encuesta coyuntural –no ya la histórica-, Romero detectó otro problema que se destaca sobre todos: los bajos salarios (44,9%). La falta de empleo, en esa coyuntura, aparece segunda (17,4%).

Qué tiene Milei en la cabeza

Desde su visita a Davos, el Presidente pregona a Ulpiano. Dice que para tomar decisiones aparecen primero los valores éticos y morales, después recién la eficiencia económica y detrás el utilitarismo político. “Las decisiones se toman en base a lo que es justo”, lo escuchan en los pasillos de Casa Rosada. Pone nombres y apellidos. El problema, suele repetir, con lo de (Paolo) Rocca y (Javier) Madanes Quintanilla es que “está moralmente mal ponerte de acuerdo con un político chorro para prohibir”. Según el primer mandatario, trae consecuencias: recorte de libertad, trato desigual ante la ley y robo de la propiedad privada. Las reacciones de tales actos crean, según lo que piensa, políticos corruputos, empresarios ricos y “salarios de mierda”.

Con ese trasfondo, tras el cierre de Fate, intentó canalizar su bronca –y la de la sociedad ante la incertidumbre- hacia los empresarios en su discurso en el Congreso. “¿O acaso les parece normal pagar la tonelada de tubo de acero US$4000, cuando se paga US$1400; y que si no se accede a dicho capricho, se amenaza con adelantar el pago de dividendos para intentar poner en jaque al mercado de cambios? (…) “¿O acaso les parece bien pagar los neumáticos tres o cuatro veces más caros, contra la extorsión de tirar 920 trabajadores a la calle, mientras se negocia la protección para el sector del aluminio?” (…) “¿O acaso les parece bien pagar una remera básica 50 dólares, cuando la importada cuesta 5?”, disparó sus misiles.

A los días, los empresarios contestaron. Desde la Asociación Empresaria Argentina (AEA) y la Unión Industrial Argentina (UIA), entidades en las que Rocca pisa fuerte, escribieron: “Es importante señalar que el empresario argentino no diseñó el marco económico previo ni es responsable de las distorsiones estructurales acumuladas durante décadas”. En ambas cámaras pidieron “respeto” y condiciones para invertir (equilibrar la cancha frente a los importados). Las inversiones-el combustible del que depende el crecimiento y que el Gobierno necesita- depende de estas empresas.

Una encuesta de la UIA, publicada a horas del comunicado, dijo que el 46,1% de los industriales identificó a la caída de la demanda interna como su principal problema. Responde a menos ingresos y se suma a otra causa: “La dificultad para competir con bienes importados pasó de no registrar menciones en octubre de 2024 a representar el 19,4% en enero de 2026”.

¿Hay culpa empresaria? Cerrar una empresa pagando indemnizaciones es una tragedia para trabajadores y empresarios si sus inversores no encuentran la capacidad para adaptarse a otro modelo que requiere otro nivel de competitividad. Pero es legal en un país libre, como el del Presidente, y en una economía de mercado. ¿Hubo “extorsión” en los casos que molestaron a Casa Rosada? No hay denuncias ni las habrá porque, dijo Milei en una entrevista, no hay registros. Es la palabra de uno contra la del otro. Sólo quienes bailan el tango -entre funcionarios y empresarios- del histórico lobby argentino lo saben. La buena noticia: en su discurso del domingo, el Presidente mencionó la ley de financiamiento de partidos políticos.

Crece cada vez más la preocupación entre empresarios argentinos por la reacción de un Gobierno del cual destacan la estabilización, la baja de la inflación, del gasto y de la presión tributaria. Cuando hablan los comunicados y callan los dueños, el clima de inversiones se resiente.

Buscando paralelismos, uno recordó en off the record, que Axel Kicillof dijo como viceministro de Economía en 2012 que “habría que fundir al señor Rocca”. Los problemas argentinos de hoy unificaron las formas; también los enemigos elegidos, más allá de los diferentes modelos propuestos. Uno, el de Kicillof, que fue proempresa -un capitalismo de amigos, lo llamarían sus críticos-; otro, el de Milei, autopercibido como promercado o “cruel”, como califican sus opositores.