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Racismo cultural. Por qué la Argentina enfrenta dificultades para reconocer su raíz indígena

La politóloga Inés Palacios sostuvo que el racismo en la Argentina se manifiesta de manera internalizada y estructural, impactando a quienes tienen raíces indígenas en un escenario social marcado por resistencias históricas y negación identitaria.

Inés Palacios expuso su mirada sobre cómo el racismo y el clasismo se entrelazan en la Argentina. “Por sí o por no, sí somos racistas”, afirmó, y describió las distintas formas en que este fenómeno se expresa: “El racismo argentino opera en cuatro formas. La primera, un tipo de racismo que yo le llamo internalizado… Cuando uno mira el censo de la Argentina, solo el 2,4% de argentinos se reconocen o pertenecientes a una población originaria o con raíces indígenas. Pero cuando mirás los estudios genéticos, lo que se ve es que las provincias con menos participación indígena tienen un 40% y las provincias con más tienen un 98%. Si los argentinos genéticamente somos entre un 40 y un 98% indígenas, pero solo el 2% lo reconoce, claramente ahí hay un fenómeno de vergüenza de decir que somos indígenas”

Palacios contextualizó su análisis a partir de su historia personal y su recorrido académico: “Mi familia es de los Valles Calchaquíes, de Santa María de Catamarca. A los 18 me vine a estudiar a Buenos Aires con una beca en Di Tella. Después me fui ganando becas para hacer un intercambio en Washington, otra con la Fundación Obama en la Universidad de Columbia”.

Relató que su experiencia le permitió ver cómo el racismo se manifiesta desde la infancia: “La chica que me cuidaba me decía negra fiera y a mi hermana le decía flaca linda, y mi hermana no era marrona como yo. Por mucho tiempo creí que lo que yo vivía era hiperpersonal. Hasta que cuando tenía 21, y estaba haciendo mi intercambio en Washington, una amiga afro me preguntó cómo me sentía siendo de color. Ahí entendí que no era solo algo personal”.

La politóloga subrayó la importancia de la negación identitaria en la Argentina: “Hay un fenómeno de vergüenza de decir que somos indígenas. Eso está asociado no solo a la historia de cómo se construyó la nación argentina, sino también a lo que transmitieron los medios: ‘No hay indígenas en Argentina como hay en otras partes de Latinoamérica’. Probablemente fuimos un país supereuropeizado, pero eso no quita que tengamos un 40 u 80% de población indígena”.

Durante la charla, Maia Jastreblansky propuso analizar la relación entre racismo y clasismo. Palacios coincidió: “En la Argentina hay clasismo, una discriminación por tus oportunidades socioeconómicas. Pero ese clasismo opera fuertemente con racismo, que hay una desigualdad. Los pueblos originarios tienen peores indicadores de desarrollo humano que el resto de los argentinos”.

Aportó que los datos académicos muestran una correlación “muy fuerte en Argentina entre color de piel oscuro y menos oportunidades educativas. La pobreza de la Argentina es indígena o descendiente. Los indígenas o descendientes como yo hemos tendido históricamente a tener menos oportunidades económicas y sociales”.

A la hora de comparar con otros países, Palacios marcó diferencias estructurales: “Las categorías étnico-raciales en países como Estados Unidos, donde hubo segregación, llevaron a que un blanco se autoperciba blanco. En Argentina es neutral ser no indígena”.

Palacios puso en valor la aparición de referentes en la cultura pop y el deporte: “Algo positivo que está pasando es el patrón común entre Milo J., Cazzu y Anabel Sánchez. Surgieron figuras que representan ese tipo de belleza, aunque tal vez no digan ‘tengo raíces indígenas’, yo me animo a decir que las tienen y que están haciendo historia en la Argentina. Son los primeros arquetipos que representan un símbolo de poder simbólico para los marrones”.

Consultada sobre la resignificación de palabras en el habla cotidiana, Palacios fue taxativa: “A mí me han dicho toda la vida negrita, que entiendo perfectamente cuando me lo dicen de cariño y cuando no. Pero también entiendo que me digan negrita es que me racialicen, porque yo no le digo a mis hermanas blanquitas. Si hilamos fino, es complejo… Es verdad que hay una buena intención, pero esa buena intención, si la desempacás, es racialización”.

Al cierre, la politóloga evaluó el estado actual del debate público: “Creo que cambió un montón. Si uno hace un paralelismo con el feminismo, la Argentina no es la misma después de lo que pasó en 2017 y 2019. Todavía a la Argentina no le pasó eso en términos de antirracismo. Soy optimista y creo que eso va a pasar. Sí, estamos en un momento supercrítico, superconservador, con mucho backlash, donde incluso se ponen en cuestión cosas que habíamos aceptado culturalmente en términos de desigualdad de género. Creo que en algún momento puede haber mayor conciencia cultural, social, sobre que la Argentina tiene una deuda sobre este tema”.