Los aviones son un problema para el poder, se sabe. No solo por lo que muestran, sino por lo que infinidad de revelaciones que pueden producir. Manuel Adorni probablemente no haya recuperado la paz —y difícilmente lo haga en los próximos días— después de que dos vuelos, uno oficial junto a su mujer en el AR01, y otro privado a Punta del Este, abrieran una secuencia que ya escaló a investigaciones judiciales. Lo que empezó como una incomodidad política se transformó rápidamente en un expediente. Y en la Argentina, cuando eso ocurre, el problema pasa a otra dimensión.
En este caso, el destino del jefe de Gabinete quedó en manos de causas que se acumulan bajo dos juzgados que ahora maneja Ariel Lijo: el suyo histórico -el número 4- que investigará la denuncia de Marcela Pagano por los contratos de la consultora de la mujer de Adorni y el 11 -donde tramita ANDIS- que subroga desde el mes pasado. Lijo fue el candidato fallido del Gobierno a la Corte, una contienda que lo dejó expuesto, desgastado, ¿enojado? Ahora en su despacho confluyen el caso del vuelo a Punta del Este, la presentación de Marcela Pagano y se sumó ayer la causa por enriquecimiento ilícito que tenía María Servini, pero que está enviando a Lijo para que concentre toda la investigación. El volumen de medidas en curso es significativo. Cámaras de seguridad del aeropuerto, registros contables, trazabilidad de gastos.
La famosa factura de pago del viaje a Punta del Este ya reveló incógnitas, pero sobre todo más problemas: costó casi el triple de lo que dijo Adorni en la entrevista que dio y encima está a nombre de la productora de su amigo, Marcelo Grandia, quien voló con él a la ida y tiene contratos en la TV Pública con la misma productora que pagó el viaje en el tramo hacia Uruguay. A esta hora Grandia ya debe saber que posiblemente le toque declarar como imputado por sospecha de dádivas más que como testigo. El tramo de vuelta está produciendo medidas en este mismo momento porque Alphacentauri entregó la factura de contratación de un paquete de vuelos adquirido por un tal Agustín Issin Hansen, radicado en Uruguay. ¿De qué banco provino esa transferencia? ¿Cuál es el motivo de la generosidad de Agustín? Se sabrá en las próximas horas. En principio es información que Adorni no dijo cuando dio sus explicaciones en público.
Un datito especial sobre la compañía de taxi aéreo que lo trasladó es que su dueño es Alfredo Ricardo Lisdero, un abogado que forma parte de un conocido estudio jurídico familiar especialista en radicación de sociedades en el exterior que tuvo que irse a Madrid a vivir después de una operación conflictiva por la compra de una nave en la época del dólar blue y el dólar oficial. El problema político más relevante para Adorni -y en consecuencia para el Gobierno- es que su caso ya está produciendo otras revelaciones intrigantes: hasta asumir en 2023, el jefe de Gabinete vivía en un departamento modesto sobre la avenida Asamblea al 1100 pero en 2024 compraron una casa en el country Indio Cua Golf Club a nombre de su esposa, tal como denunció la diputada Marcela Pagano. La inscripción de la adquisición en el registro de propiedad inmueble de la provincia de Buenos Aires es irrefutable así como las expensas que están a nombre de Bettina Angeletti. Hay que observar otra adquisición de diciembre del año pasado en el barrio de Caballito que también formaría parte del nuevo patrimonio de la familia.
En la Casa Rosada, los integrantes del primer piso y sus allegados decidieron responder con anécdotas del kirchnerismo: “Bolsos con millones de dólares, aviones que llevaban los diarios al sur, lavado de plata en los hoteles. De qué me hablan con Adorni?”, dice alguien de extrema confianza de Karina Milei. A esta hora, el Gobierno está filtrando su propia investigación interna, su propia obsesión: no es si hay un problema con el patrimonio del jefe de Gabinete, es básicamente quién grabó, guardó y filtró el video donde se dirige hacia el jet privado en el feriado de Carnaval. Están seguros de haber identificado a dos trabajadores del aeropuerto con afiliación sindical de izquierda. El problema es que el sueldo del jefe de Gabinete es de 3 millones de pesos en la mano y que eran de apenas 2 millones hasta diciembre. ¿Cómo paga su vida?
Javier Milei, una vez más, afrontará este conflicto desde el exterior. Disertará en Hungría para participar de una cumbre de derecha sin conexión directa con una agenda de interés nacional. Como la semana pasada cuando visitó España para un evento de Vox, el viaje lo costeará el Estado argentino. Otra vez el problema de los aviones. Antes de salir, se posicionó públicamente sobre las dos problemáticas políticas más intensas que transita: agredió a Liliana Franco por escribir que la salida de Adorni era un tema de conversación y ponderó a Santiago Caputo en un acto en el CCK a la vista de su hermana que no disimuló su disgusto.
Las anécdotas sobre el estado de ese vínculo son para una novela de la tarde. Pero ya es aburrido seguir detallando. Quienes vieron al Presidente en estos días aseguran que su decisión es no hacer nada, una dinámica que ha sucedido en otras situaciones conflictivas en la pugna interna.
No se le ocurre como posibilidad tomar ninguna decisión sobre Adorni y tampoco sobre la pelea irreversible entre su hermana y Caputo. Es incierto cómo se desencadenará el final. Ese clima se cruza, además, con otras revelaciones incómodas. La causa Libra volvió a mostrar en los últimos días fragmentos de conversaciones que exponen un vínculo directo entre el empresario Novelli, el presidente y Karina Milei. No hay intermedios ni filtros entre el desbocado Novelli, Hayden Davis y los hermanos Milei. Euforia. Circulación de dinero. Gasto desmedido.
Los audios y videos de un emprendedor que, después de acompañar a Davis a reunirse con el Presidente, hablaba de comprar autos importados, relojes de lujo y propiedades en una misma tarde, con una sola preocupación: los problemas para blanquear ese dinero.
