Victoria Villarruel observa en silencio los avatares y desventuras del Gobierno de Javier Milei y sigue con atención cada nuevo capítulo de las internas sin fin que atraviesan a la administración libertaria de la que, no tiene dudas, fue expulsada por cuenta y orden de la hermana presidencial y secretaria general de la Presidencia, Karina Milei.
Por el momento, la vicepresidenta no tiene un plan político con la mira puesta en 2027 lo que, en definitiva, es todo un plan. “No decimos que va a ser candidata, pero tampoco decimos que no lo va a ser”, es el retruécano retórico al que apela una persona de su círculo íntimo para describir la partida de ajedrez que pretende jugar la vicepresidenta desde sus oficinas del primer piso del Senado.
La ambigüedad es, hoy por hoy, la mejor forma de describir el momento que atraviesa la vicepresidenta. Una vida de claros y oscuros, de altas y bajas, de momentos de euforia, como los vividos en la Vendimia, cuando se movió en Mendoza a sus anchas en los círculos de poder, casi como una jefa de Estado; atravesado por los ataques de indignación por los permanentes y feroces embates del Gobierno hacia su persona.
El ejemplo más claro quedó a la vista hace tres semanas, después de que Milei volviera a humillarla en público acusándola de traición en su discurso sobre el estado de la Nación ante la Asamblea Legislativa del domingo 1° de marzo. La decisión en ese momento fue guardar silencio y poner la otra mejilla ante las acusaciones de traición o de conspiración contra el Presidente.
Pero aquella directiva apenas si duró poco más de 24 horas. En la noche del lunes siguiente al discurso presidencial la vicepresidenta tuvo un nuevo ataque de furia ante la irrupción del actual diputado nacional Luis Petri como nuevo integrante del coro que la acusa de golpista.
“A Petri lo conozco por sus cosplays y por los trencitos de la alegría con el presidente Milei. Y por el vaciamiento de Iosfa y los sueldos más bajos de todas las fuerzas”, fue la furibunda respuesta de Villarruel al ahora legislador, recordándole uno de los puntos más polémicos de su paso por el Ministerio de Defensa: la crisis casi terminal en que se encuentra la obra social de las Fuerzas Armadas.
La reacción se convirtió en una denuncia penal contra Petri y dos periodistas de un canal de noticias que, de manera periódica, se dedican a castigarla a coro. “No va a confrontar de manera abierta con Milei, pero no va a dejar que cualquier persona diga barbaridades -la de golpista no es una acusación cualquiera-, sólo para sumar porotos en la carrera por mostrar quién es el más alcahuete de Karina”, explicaron en el entorno de la vicepresidenta la presentación en los tribunales de justicia.
Esta no es la primera vez que Villarruel reacciona con una denuncia penal ante los ataques desde el corazón del poder. En agosto del año pasado acusó a la diputada Lilia Lemoine de participar en una campaña de hostigamiento en redes sociales. En la presentación también sumó a dos “periodistas” libertarios y a los titulares de cuentas en la red social X que, de manera orquestada, la atacaban con imputaciones de naturaleza tanto políticas como personales.
Sin embargo, las aguas parecen haberse calmado en los últimos días en el reducto íntimo de Villarruel. Ya no se habla de los ataques de la Casa Rosada. Hoy, la atención pasa por los errores no forzados del Gobierno, con el viaje de Manuel Adorni en avión privado de vacaciones con su familia a Punta del Este y el resurgir del caso $LIBRA con la revelación de nuevas pruebas en la causa judicial.
“Adorni todavía sigue sin explicar cómo pagó el avión privado y se le cayó el discurso de que en este Gobierno no se usan para fines privados los bienes públicos en el mismo momento en que subió a su mujer al avión presidencial”, comentan en una usina política ligada a la vicepresidenta sobre los hechos de los últimos días. Un silencio que se nota forzado y más que sugestivo es la respuesta ante la consulta sobre el caso $LIBRA y la responsabilidad de los hermanos Milei en el escándalo.
Por lo pronto, no hay planes políticos concretos para el 2027. Una certeza, por ahora, es sostener el perfil nacionalista y productivista, a favor de la industria nacional, al que apela Villarruel en cada una de sus visitas al interior, como su reciente presencia en Expoagro, que sabe que la diferencia de Milei y su política de apertura indiscriminada de la economía.
“En 2023 ganó la fórmula presidencial; fue Javier, pero también fue Victoria, los dos aportaron votos para llegar al Gobierno”, sostiene un hombre de confianza de Villarruel que está convencido de que sin la actual vicepresidenta en la fórmula no había triunfo de La Libertad Avanza.
Sin embargo, hay una duda que carcome en los cuarteles del primer piso del Senado y es saber cuál es el peso electoral de Villarruel, cuántos de los votos de 2023 fueron de ella y, lo más importante, cuántos tiene ahora, después de casi dos años y medio de gestión y con una guerra con los hermanos Milei de por medio. “En eso, Patricia (por Bullrich) la tiene más fácil: ella sabe que tiene 20 puntos, y eso no es poco en una elección presidencial”, comenta otro colaborador de Villarruel con un cierto dejo de envidia.
Esta falta de certidumbre no es un dato menor, mucho más cuando las encuestas de imagen de poco sirven en este momento como parámetro para definir el camino del año próximo. Si se tratara de una partida de naipes, la vicepresidenta sabe que no le queda otra que orejear las cartas, armarse de paciencia y esperar.
