Se tejieron muchas versiones interesadas de las causas de la muerte de Paulina Lebbos. De las más variadas. Había un objetivo claro, confundir y esconder la verdad.
Gendarmería después de haber practicado la autopsia concluyó que Paulina había fallecido por estrangulamiento mecánico. Alguien con sus manos y mucha fuerza la ahorcó hasta hacerla perder la vida por falta de circulación del oxígeno. Un acto salvaje y criminal.
Por eso la sospecha cae sobre quien era pareja de la joven, Cesar Soto. A él fue a ver Paulina la noche que terminó de festejar con amigas el haber rendido bien un examen en la carrera de Comunicación Social. Paulina tomó un remís «trucho» junto a Virginia Mercado. su «amiga» se bajó primero y Paulina siguió camino hacia el domicilio de Soto. Ese es el último rastro que se conoce de ella.
Sergio Kaleñuk está sospechado de ser el que ayudó a Soto a deshacerse del cadáver de la joven. Cruzaron llamadas. Esa noche el ex colaborador de José Alperovich realizo centenares de llamadas y hizo otras tantas. Están sospechado de la coartada para eliminar todo tipo de rastros.
El testimonio de la bioquímica Lilia Moyano, ex jefa del Laboratorio Toxicológico de la Policía de Tucumán, fue concluyente. En la mano derecha de Paulina había pelos y también en su ropa. Esas eran pruebas clave para tener en cuenta. También describió en las muestras había ADN de dos personas y un perfil detectado. Nada de eso se mando a peritar. En ese sentido los fiscales que intervinieron tenían en claro que todas las pruebas recolectadas se tenían que perder, degradar o no se debían peritar. El objetivo era claro. Hacer todo para no se conozca quienes son los responsable de este horrendo crimen. La imagen de un Tucumán macabro los tiene como protagonistas centrales.
Hay que recordar que en 2019, condenaron al ex secretario de Seguridad Eduardo Di Lella, el ex jefe de Policía, Hugo Sánchez, el ex subjefe de Policía, Nicolás Barrera y el ex jefe de la Regional Norte, Rubén Brito. Los jueces del tribunal Carlos Caramutti, Rafael Macorito y Dante Ibáñez ordenaron que se investigue a 40 personas por falso testimonio y encubrimiento. Una de ellas fue Moyano. Sin embargo, en 2024, se archivó la causa en su contra. Fue patético ver que los testigos después de brindar sus declaraciones salían imputados. Fueron escenas propias de una película policial de bajo presupuesto.
Rita Luna Urrejola, médica perteneciente al Cuerpo Médico Forense y Morgue Judicial del Poder Judicial de Tucumán, no contradijo a la bioquímica Lilia Moyano. La especialista fue la que practicó la primera autopsia y coincidió con que la muerte de Paulina fue por presión mecánica sobre su cuello.
Quedó en claro que se dejaron deteriorar y se contaminaron las pruebas y hay sospechas que el ADN que se utilizó para cotejar no era el de Paulina Lebbos. La película sigue.
