El ex intendente de Tucumán, Germán Alfaro, quien había postulado a su esposa la senadora Beatriz Ávila como candidata a intendenta de la Capital, regresa del ostracismo autoimpuesto. Quien pierde se va a su casa, es una regla de oro de la política. Pero hay quienes la ignoran y tienen suerte de saltar esa regla.
Ahora pareciera que quiere regresar a la arena política de la mano de Osvaldo Jaldo. Atrás quedaron las críticas del ex intendente al actual gobernador por haber perdido la interna con Manzur en su momento. También expresó descalificaciones hacia el entonces candidato del peronismo durante la campaña de 2023.

Hay que recordar que Germán Alfaro, como candidato a vicegobernador de Juntos por el Cambio, presentó un recurso en 2023 para suspender la elecciones citadas para el 14 de mayo de ese año. En ese momento Jaldo le espetó «como decimos en el campo: están tirando la toalla antes que empiece el partido». Las elecciones se postergaron y ganó Jaldo-Acevedo a la fórmula Sánchez-Alfaro.
Cuando se desarrollaron los comicios el 11 de junio de 2023 Alfaro salió a cuestionar el escrutinio. La noche del escrutinio dijo «vemos que están manipulando la carga de datos». De esa manera le endilgaba a la fórmula que finalmente ganó que estaba cometiendo irregularidades en el conteo. también afirmó esa noche «esto es una vergüenza lo que estamos pasando, nada que ver con lo que verdaderamente está sucediendo. Están alterando el escrutinio».

Finalmente esa noche se conocieron los resultados y Jaldo-Acevedo acostaron a la fórmula de Juntos por el Cambio.
Alfaro, quien se había alejado del peronismo, ahora se puso en el papel de auditor ideológico de ese partido. Cuestiona con dureza a Chahla, a quien la desconoce como peronista y va más allá al sostener que «el peronismo ganará la capital si Rossana Chahla no es candidata». La empujó de la boleta sin ningún remordimiento.
En el peronismo hay una frase que se repite «quien se va del partido no vuelve nunca más, porque no es bienvenido». Resulta falsa. Alfaro, se fue y armó el Partido de la Justicia Social con el que se asoció en un frente con Juntos por el Cambio y fue candidato contra la fórmula peronista. Y ahora está su regreso.

El ex intendente no se sabe cuantos votos tiene. Su poder radica en que su esposa la senadora Beatriz Ávila, responde a las directivas del gobernador en el Senado. Esa circunstancia le da un poder enorme. Cada voto en el Congreso es para Jaldo una mina de oro.
Ávila coqueteó con LLA y específicamente con Patricia Bullrich, pero no fue aceptada en ese club. Inmediatamente cambió de camiseta y se acercó al peronismo jaldista. Hoy es dirigida desde esa usina política. Responde sin cuestionamientos a las directivas de Casa de Gobierno.

Cuando Alfaro cuestiona con dureza a Chahla lo hace por resentimiento por haber perdido la intendencia cuando la postuló a su esposa, o lo hace porque lo mandan de Casa de Gobierno para desgastar a la intendenta. es una incógnita. Hay defensores de las dos teorías.
Es un oportunista que se mete en una supuesta interna entre el gobernador y la intendenta y está apostando fuerte para ser candidato en 2027. Seguramente en esta oportunidad aspira a ocupar el vértice, teniendo en cuenta que ya hay un planteo escrito y guardado bajo siete llaves para cuestionar judicialmente a Jaldo si quiere buscar su reelección.
“Voy a participar en las elecciones del 2027, no sé desde qué lugar”, advirtió en una reciente entrevista. Disimula diciendo que se sumará a la campaña de Jaldo, pero es para la popular, está mirando debajo del agua.

En Tucumán se puede esperar cualquier cosa. Por un accidente cósmico un empresario radical fue gobernador durante doce años en nombre del peronismo. A pesar de haber ocupado el sillón de Lucas Córdoba tantos años en nombre del partido de Perón y Evita, nunca se aprendió la letra de la marcha peronista.
Todo es posible porque el absurdo es una norma en la política tucumana.

