Agustín Mancini es el más chico de tres varones. Cumplió 24 años el 5 de diciembre, pero ahora -como suele decirse en estos casos- sumó una nueva fecha para celebrar: este lunes volvía a su casa de la localidad de Bigand, en el sur de la provincia de Santa Fe, cuando al pasar por un puente perdió el control de su auto, que salió disparado como una flecha y cayó al río Saladillo. Se salvó de milagro.
A pesar de las fracturas, el joven logró salir del Chevrolet Cruze, que quedó sumergido con las ruedas para arriba, y llegó hasta la orilla, adonde no pudo moverse más. Con medio cuerpo adentro del agua y medio cuerpo afuera, tapándose con pastos por el frío y llamando a su novia, Agustín permaneció allí durante casi 24 horas.
Fue un vecino suyo -un ciclista que había salido a entrenarse- quien el martes a media mañana vio unos plásticos blancos tirados en el asfalto y sospechó que podían ser del auto.
A esa altura, las redes sociales eran el principal motor de búsqueda de Agustín. Su hermano mayor, Mauro (41), había salido con amigos y familiares en 20 vehículos, con reflectores iluminando las banquinas de la ruta nacional 178, pero la última señal del celular lo ubicaba en Tortugas, a casi 140 kilómetros de Bigand.
Como todos los lunes, Agustín viajó de madrugada hasta Oncativo (Córdoba) para cumplir con un encargo de Mauro, que trabaja para una empresa de genética de cerdos.

«Hablé con el 09.30. Me dijo ‘estoy volviendo, vengo perfecto‘, aunque llovía mucho. A las 11 habló con la novia y con unos amigos. Desde entonces no le llegaron más mensajes. Para las 13 me llamó su novia preocupada porque no atendía el teléfono. Mi instinto fue salir directamente a la ruta en sentido contrario. Presentía que le había pasado algo, pero no lo pude encontrar», le contó Mauro a Clarín.
Los Mancini son de Venado Tuerto, pero los dos hermanos se fueron a vivir en 2014 a Bigand, un pueblo de casi 5.600 habitantes donde la actividad agrícola-ganadera es el motor del desarrollo económico de la zona.
Agustín, un joven sano y deportista, tiene dos carnicerías. Su papá Néstor (66), que enviudó hace varios años, atiende uno de los negocios. El otro hermano es Matías (37).
Lo concreto es que, por la búsqueda de esa señal en Tortugas, perdieron tiempo valioso.
Diego «Chicha» Cardoni (41) es de Chabás y el martes salió en su bicicleta para su entrenamiento diario. «Por las redes y mis amigos en un grupo de WhatsApp, todos nos preguntábamos qué le pasó», relató a Radio Líder Bigand 90.
«Salí y cuando iba cruzando el puente, había unos pedazos de plásticos blancos, chicos, sobre el otro lado del pasillo peatonal. El (guardarrail de) hierro estaba intacto. Ahí se me prendió la lamparita y me dije ‘¿no estará el auto acá?’. Pegué la vuelta con la bici, me bajé, y el auto no se veía, se veían dos ruedas asomándose y el paragolpes. Estaba casi debajo del puente», indicó.
«Chicha» conocía el Cruze porque vive a pocos metros de lo de Agustín. «Se me aflojaron las piernas, a unos 30 o 40 metros, en la orilla, estaba él, mitad del cuerpo en el agua y mitad afuera. Empecé a gritar y movió un poco la cabeza», relató.
El ciclista, convertido en un ángel, bajó corriendo. Tuvo que atravesar unos yuyos altísimos mientras llamaba por teléfono a la Policía y los bomberos. Estaba a apenas ocho kilómetros de Bigand, entre esa localidad y Chabás.
«Quedate tranquilo que ya va a pasar todo«, fueron sus palabras para intentar tranquilizarlo. El joven solo movía los ojos y no hablaba. Estaba con principio de hipotermia (la noche había sido fría y él estaba empapado) y dolorido por las lesiones.
En el mismo momento que logró encontrarlo, una camioneta pasó despacio por el puente. Eran familiares de Agustín que lo estaban buscando. «Chicha» les gritó, desesperado y emocionado: «¡Está con vida, está con vida!». El hombre le respondió: «¡Yo soy el tío, yo soy el tío!».
La Guardia Urbana tardó apenas cinco minutos en llegar. Lo trasladaron a a un centro de salud de Casilda y luego al Hospital Español, de Rosario, donde se recupera.
Mauro precisó que sufrió «un edema cerebral, una fractura en la parte de arriba de su ojo y una quebradura de brazo, más golpes en el resto del cuerpo, pero nada grave».
«No sé por qué, pero teníamos que estar ahí. Le puso una fuerza terrible. Dios lo quería acá. No sé cómo hizo para salir del auto y llegar hasta ahí, para pasar el frío, no se entiende», completó Cardoni.
Para Mauro, que lo hayan encontrado tiene que ver también con lo místico. «En este milagro estoy aferrado a algo, que es mi vieja«, sostuvo.
Agustín no se acuerda nada de lo que pasó. Fue clave que en el impacto se hayan activado todos los airbags para amortiguar el golpe en el agua. También que llevara colocado el cinturón de seguridad. Creen que salió por el parabrisas o por la luneta del Cruze, porque estaban las cuatro puertas trabadas y las ventanillas cerradas.
Este jueves fueron a sacar el auto del lugar, que es un brazo del río Saladillo. Algunos aclaran que es un arroyo. Al extraerlo, no podían entender cómo pudo salir. Y con vida.
Ya en el hospital, el protagonista del milagro dio muestras -una vez más- de que no es una persona que se entregue fácilmente. Apenas lo llevaron, en terapia, le preguntó al médico: «El viernes tengo un torneo de pádel y estoy anotado, ¿llego no?«.
