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Final feliz para los depravados e indecentes: la impunidad

Los hechos existen independientemente que la Justicia reconozca su existencia. La realidad es independiente de los jueces. A Paulina Lebbos la mataron y tiraron su cuerpo a la vera de una ruta. Para llegar a la verdad se necesitan fiscales comprometidos con la verdad, profesionales y con valores humanos inconmovibles. Algo de eso estuvo ausente en esta investigación en la que el tribunal exculpó a los acusados.

El tribunal se sacó la responsabilidad de la absolución diciendo que dictó un fallo teniendo en cuenta las pruebas fácticas con las que contaba y que era responsabilidad de la instrucción haberlas conseguido. Por eso se explicó que no se había acreditado la participación de Cesar Soto en el crimen y menos la de Sergio Kaleñuk.

Hubo pocas pruebas según el tribunal y además, hizo una enumeración de las pistas y pruebas que se podían haber buscado. Desde testimonios hasta la inspección del lugar donde vivía Soto. Tampoco se habló con los vecinos para que alguien pueda dar algún dato sobre lo que escuchó o vio esa fatídica madrugada del 26 de febrero de 2006.

No hay antecedentes que un tribunal acuse al Ministerio Fiscal de no haber hecho “absolutamente nada” para llegar a la verdad material del caso. Hizo alusión a la falta de trabajo, empeño y compromiso con la causa.

Por haber transcurrido 20 años los delitos prescribieron. Ya no hay escapatoria. Una dura consecuencia de la promiscuidad moral de miembros de la Justicia y políticos abyectos que desde el primer momento minaron de obstáculos el caso para llegar a esta instancia: la impunidad.

A todo esto la hija de Paulina Lebbos se cambió el apellido, desconoce a su madre y no fue partícipe de esta causa. Tendrá muchas razones elaboradas con la ayuda de una abogada que se declara defensora de los derechos de las mujeres, pero dejar de lado su origen cuesta aceptarlo. Esa actitud está alineada perfectamente con los que encubrieron el hecho.

El tribunal ordenó investigar posibles delitos de falso testimonio y falsedad ideológica contra algunos testigos, debido a contradicciones detectadas en sus declaraciones. Pero esos son actos secundarios para esta historia. La trama central quedó con final abierto.

Alperovich, quién mató a Paulina Lebbos? esa pregunta queda grabada en la historia.