La atracción principal es el sabor. Frutales, mentolados, inspirados en bebidas populares, de café, de crema. En los últimos años se observa en Argentina un aumento sostenido del uso de cigarrillos electrónicos o vapeadores, especialmente entre adolescentes y adultos jóvenes.
Se promocionan entre los jóvenes como una alternativa menos dañina y hasta más estética y segura que el cigarrillo tradicional, pero lo que venden es solo una imagen engañosa de inocuidad.
Muchos chicos creen que están inhalando apenas vapor de agua, cuando la realidad es otra. Se están exponiendo a una mezcla de sustancias químicas potencialmente tóxicas que pueden producir daño respiratorio, neurológico, una fuerte adicción. Y, en casos más extremos, incluso pueden derivar en muerte.
La adicción a estos dispositivos de vapeo se genera principalmente por la presencia de nicotina dentro de sus componentes.
La expansión de este consumo problemático preocupa a los expertos de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) y de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC), quienes advierten sobre los riesgos que representan para la salud, especialmente entre los chicos, de cada al Día Mundial Sin Tabaco que se celebra este 31 de mayo.
«En los productos de cigarrillo electrónico, la mayoría de soluciones que se venden para vapear contienen nicotina. Y la nicotina es una sustancia adictiva cuando ingresa al cerebro de los jóvenes, sobre todo de los adolescentes. Y hasta los 25 años más o menos es mucho más dañina y es mucho más nociva, porque el cerebro hasta esa edad no termina su maduración», advierte Maximiliano Salim, médico especialista en neumonología infantil.

Para Salim, miembro del Comité de Neumonología de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), este componente adictivo es el que inicia la cadena para que una vez que los adolescentes empiecen a consumir «no puedan abandonar la adicción».
No es una opinión infundada. Desde hace años que a nivel mundial y nacional se está midiendo el crecimiento de este fenómeno de consumo entre chicos y adultos jóvenes, así como también existe evidencia médica que expone los riesgos y daños de salud que provoca.
En 2019, la Encuesta Mundial de Tabaquismo en Jóvenes (GYTS) reportó que el 7,1% de los estudiantes de 13 a 15 años consumía cigarrillos electrónicos y el 14,4% había probado estos dispositivos alguna vez, aún cuando su comercialización estaba prohibida en el país.
La cifra creció mucho de ese reporte a los dos que surgieron en el segundo semestre de 2025, en donde las prevalencias superarían ya el 30% en algunos grupos etarios.
El reporte llamado «Séptimo Estudio Nacional sobre Consumo de Sustancias Psicoactivas en Estudiantes de Enseñanza Secundaria. Argentina 2025», realizado por el Observatorio Argentino de Drogas (SEDRONAR), representó a más de 2,1 millones de adolescentes escolarizados en el país y mostró que el consumo de vapeadores o cigarrillos electrónicos alcanzó una prevalencia de vida del 35,5%.
Esto la colocó como la tercera sustancia de mayor consumo entre adolescentes, detrás de las bebidas energizantes y el alcohol. El cigarrillo electrónico superó al tabaco convencional, el cual descendió bastante respecto de décadas previas.
En sintonía con estos datos, la encuesta REMAP realizada en 2025 por el Centro de Estudios Sociedad y Estado (CEDES) mostró que el 37,4% de adolescentes probó alguna vez un producto con nicotina no combustible, como el cigarrillo electrónico.
«El peligro es que la adicción a la nicotina de alguna manera los «setea» a los jóvenes, los hace mucho más proclives a probar otras sustancias de abuso, como cannabis o cocaína. Y en esa línea, hay un espectro de daño que ya está reconocido«, destaca Salim.
El especialista advierte que hay una proporción de pacientes jóvenes que consumen estos dispositivos y que empiezan a mostrar problemas con el ejercicio y las actividades físicas.
Estos tienen más casos de tos crónica, de bronquitis. Es decir, el consumo de estos productos va llevando a que el aparato respiratorio empiece a sentir los efectos dañinos que estos productos producen.

«En el extremo del espectro hay una enfermedad pulmonar que se llama EVALI («lesión pulmonar asociada al consumo de cigarrillo electrónico»). Hay evidencia de la asociación entre el consumo de estos productos y el desarrollo de esta enfermedad. Es como si uno tuviera una infección respiratoria grave que produce daño pulmonar severo«, explica.
Dicha insuficiencia respiratoria grave se detectó inicialmente en Estados Unidos en 2019. Generó miles de internaciones y en algunos casos graves resultó mortal.
«En algunos pacientes hay alguna asociación con enfermedades oncológicas, de eso también ya aparece en evidencia», destaca Salim.
«Todo dispositivo que tenga nicotina, ya sea electrónico, de vapeo, cigarrillo convencional, bolsas de nicotina, van a perpetuar la adicción. Y la nicotina produce hipertensión arterial, aumento de la frecuencia cardíaca, taquicardia, disfunción endotelial. A la larga lleva a la enfermedad aterosclerótica. No son inocuos, porque se cree que aunque no hay combustión no hay daño, pero no es así», expresa a Clarín María Inés Sosa Liprandi, médica cardióloga y miembro de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC).
«Estos vienen saborizados, en unas cajitas que parecen caramelos y los chicos van ingresando en la adicción a la nicotina y terminan siendo adictos sin haber consumido un solo cigarrillo en su vida», señala Salim.
Estas bolsitas de nicotina se ven en kioscos y se colocan de forma «muy atractiva cerca de golosinas, cosa que por supuesto está prohibida y esas bolsitas son como un pequeño saquito de té».
Adentro está la nicotina, los saborizantes, los estabilizantes. Esas bolsas se introducen entre el labio superior y la encía, y al ser comprimida y mojarse, la nicotina se va liberando en la mucosa de la boca.
«Con lo cual, un chico puede estar adentro de un salón de clases con una bolsita de nicotina en el labio superior y nadie se va a enterar. Porque esto no tiene olor, no se ve en el medio ambiente, tiene un tamaño chiquito y es un problema. Si uno mira las estrategias de las tabacaleras se ve que están posicionadas para que los que más las puedan ver y las puedan consumir sean los jóvenes«, comenta Salim.
En el país la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica prohibió en 2011 la importación, distribución, comercialización y publicidad de cigarrillos electrónicos. En el 2023 la prohibición se amplió a los productos de tabaco calentado (PTC). Pero estos dispositivos continúan disponibles a través del comercio informal.
El último 4 mayo, el Ministerio de Salud comunicó a través del Boletín Oficial la creación del Programa Nacional de Control de Tabaco, para brindar un marco regulatorio a los productos de nicotina, vapeadores, tabaco calentado y bolsitas de nicotina con el objetivo de exigir trazabilidad, estándares de calidad y registro obligatorio -con base única de datos- para los fabricantes y comerciantes en todo el ámbito del país.
«Es mejor regular que ignorar que está el problema. Es mejor para que los productos estén aprobados, para que cualquier producto que se consuma tenga que tener un etiquetado y un envase que diga que debe estar fuera al alcance de los chicos. Es innovador en nuestro país, pero no en el resto del mundo. Inglaterra, Canadá, Estados Unidos, Alemania, Japón, todos tienen regulaciones para el tabaco y cigarrillo electrónico«, dice Sosa Liprandi.
Sabe que los resultados de esta disposición se verán más adelante, pero confía en que la regulación pueda brindar un apoyo en la lucha contra la expansión de este consumo.
«De alguna manera se va a tener que hacer un control para ver el impacto que va a tener esta medida, pero tenemos que saber de qué están compuestos estos productos, qué es lo que están consumiendo estos chicos sin saberlo», concluye la cardióloga.
Salim, por su parte, señala que la Sociedad Argentina de Pediatría desde hace por lo menos 3 años está dedicando una semana entera casi exclusivamente a hablar y concientizar acerca de este consumo problemático. Ponen el foco en los chicos de 11 o 12 años que están entrando a la adolescencia.
«Estamos migrando de nuestros consultorios a esas estructuras que la industria tabacalera tiene muy bien aceitadas. Mandamos nuestros mensajes a esos canales de difusión para llegar a los lugares donde los jóvenes se juntan. Queremos alertar a los jóvenes y hacerles ver la realidad, que la información que tienen está equivocada y que les puede producir un daño a la salud», dice Salim.
