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Conmoción y dolor. Encontraron el cuerpo de Agostina Vega, la adolescente de 14 años

Llegó la noticia que nadie quería dar, el final que se intentaba ahuyentar con marchas, rezos y la terca esperanza de una madre. Agostina Vega, la adolescente de 14 años que faltaba de su hogar desde el sábado de la semana pasada, apareció muertaSus restos fueron localizados en un sector descampado cercano a barrio Ampliación Ferreyra.

El misterio y la angustia que mantuvieron en vilo a Córdoba y al país durante seis días interminables se transformaron de golpe en un dolor profundo y desgarrador que cala hondo en el corazón de la provincia.

Agostina había sido vista por última vez en barrio Cofico, cerca de la medianoche, antes de que su rastro se borrara por completo. Detrás de su ausencia quedó una familia destruida por la incertidumbre: un papá sorprendido y ajeno a los movimientos que rodeaban a su hija, y una madre, Melisa Heredia, que apenas unas horas antes marchaba por las calles del centro aferrada a un presentimiento materno, gritando con las pocas fuerzas que le quedaban que su hija iba a aparecer bien. Esas caminatas desesperadas entre las avenidas General Paz y Colón, marcadas por el llanto y las descompensaciones físicas, hoy se convirtieron en un luto colectivo.

El caso, que ya asomaba con una extrema complejidad judicial y territorial, movilizó un despliegue sin precedentes. Más de 200 efectivos —entre bomberos, personal del DUAR, el ETAC, la división Canes y drones con visión nocturna— rastrillaron palmo a palmo un predio de 240 hectáreas cercado por pozos profundos y lagunas. El nerviosismo de las últimas horas del ministro de Seguridad, Juan Pablo Quinteros, apostado en el terreno, y el hermetismo en la fiscalía de Raúl Garzón presagiaban que se jugaban horas decisivas mientras el único imputado, Claudio Barrelier, ampliaba su declaración en Tribunales.

Hoy, las contradicciones del detenido, las mentiras que la querella liderada por la abogada Fernanda Alaniz por un lado y Carlos Nayi por otro, denunciaron desde el primer momento y el quiebre de los allegados que confirmaron el ingreso de la menor a la vivienda del sospechoso, dejan de ser pistas de una búsqueda para transformarse en las pruebas de un crimen que estremece a la sociedad. El crudo realismo institucional de la querella, que pedía cautela ante la posibilidad de no encontrarla en las mejores condiciones, se chocó de frente con la realidad más brutal.

Córdoba siente la ausencia de una nena a la que le arrebataron el futuro, en medio de una comunidad que exige justicia inmediata y el esclarecimiento total de un entorno que calló y encubrió. Ya no hay rastrillajes ni helicópteros que buscar en la noche; queda el silencio, el dolor inconsolable de una familia y el reclamo urgente para que el nombre de Agostina Vega no sea un caso más en la lista de la impunidad.