La Copa del Mundo de fútbol representa un fenómeno que va mucho más allá de lo estrictamente deportivo en Argentina. Durante las semanas del torneo, la rutina diaria se altera y la vida social adquiere un ritmo propio. Este evento se transforma en un punto de encuentro y un catalizador de emociones colectivas. Ariel Meza, licenciado en comunicación y docente universitario, especializado en sociología del deporte analizó por qué el Mundial ocupa un lugar tan especial en la cultura argentina.
Meza sostuvo que el fútbol en Argentina se convirtió en una práctica cultural que forma parte del patrimonio de los sectores populares desde finales del siglo XIX. “Un Mundial de fútbol trasciende más allá de lo deportivo”, explicó. “La práctica cultural de este deporte forma parte del patrimonio de sectores populares en Argentina, que la tomó como propia desde finales del Siglo XIX”. Para el especialista, el sentimiento que genera el fútbol, y en particular el Mundial, “opera como un universo que produce, genera y construye identidad nacional argentina”.
El Mundial funciona como un escenario donde se pone en juego la identidad nacional. Al ser consultado sobre por qué la representación argentina genera un impacto tan fuerte en la identidad y el sentimiento colectivo, Meza apuntó a la necesidad de construir figuras heroicas. “Necesitamos con urgencia construir héroes o próceres como lo fue Maradona, ahora Messi, e incluso hay un esfuerzo muy grande desde el automovilismo con Franco Colapinto”, señaló.
Este proceso de identificación no solo se vincula con los jugadores, sino también con las expresiones y rituales de la hinchada. “Hay mucho narcisismo con lo de nuestra hinchada y sus rituales estéticos, canciones, aguante. Es una dimensión que ha venido creciendo y entra en escena en los mundiales”. Según el experto, estas prácticas permiten a los argentinos ser visibles de forma carnavalesca. “Podemos decir ‘somos los mejores’ y ganar, al menos simbólicamente, cuando ocupamos el espacio público en los festejos”.
El especialista explicó que el festejo masivo representa, para muchos, una victoria en otros ámbitos donde la experiencia social y política suele estar marcada por frustraciones. “Festejamos ahí entonces un triunfo que en otros aspectos de nuestra experiencia política y social colectiva no podemos alcanzar”, señaló.
Uno de los aspectos más destacados de cada Mundial en Argentina es la “juntada” para ver los partidos. Meza analizó este fenómeno como una excusa para reforzar la pertenencia y compartir una alegría colectiva. “Es una excusa para sentirnos parte, estar juntos y compartir una felicidad colectiva que es muy efímera, pero nos da alegría cuando ganamos. En Argentina cualquier excusa es válida para organizar una ‘juntada’”, afirmó.
El sentido de pertenencia se potencia cuando un equipo o un deportista representa los colores nacionales en una competencia global. “Es una referencia patriótica argentina, se activa o se potencia con aspectos chauvinistas, esa creencia irracional y exagerada en la superioridad del propio grupo o país por encima de los demás. Porque allí puedo sentirme orgulloso de algo si es que ganamos”, mencionó.
Para ilustrar esta idea, recordó una frase de César Luis Menotti: “El fútbol permite ganar y alegrar los domingos a alguien que durante los otros días de la semana pierde frente a la rutina diaria”.
El contexto social y económico de Argentina suele atravesar momentos complejos. En esos escenarios, el fútbol y el Mundial adquieren un valor adicional como espacio de encuentro y refugio simbólico. “Sirve para aglutinar a una gran parte de la población argentina alrededor de una identidad futbolística. Allí confluyen distintas clases sociales, franjas etarias y también atraviesa o coloniza a distintas identidades de género. Pero es bastante efímero, dura como mucho un mes”, concluyó el docente.
A lo largo del Mundial, el país encuentra en el fútbol una narrativa común. La pasión, la esperanza y la celebración colectiva funcionan como un elemento de cohesión social, donde por un tiempo las diferencias parecen disolverse frente a la camiseta celeste y blanca. La Copa del Mundo deja ver que, para los argentinos, el fútbol es mucho más que un deporte: es una expresión cultural que condensa identidad, historia y deseo de pertenencia.
