La semana fue intensa y, desde el principio, el Gobiernoquedó atrapado en una encrucijada. Ahora, la definición tiene fecha: 2 de julio. Aunque Patricia Bullricha opera para retrasarla. El mensaje de los aliados fue contundente: si Manuel Adorni no se va o Javier Milei no lo destituye para esa fecha, los senadores intentarán poner en marcha el mecanismo para removerlo.
Claro que faltan dos semanas o tal vez más. La senadora Patricia Bullrich planteará el martes, en una nueva sesión de Labor Parlamentaria, una cuestión reglamentaria para levantar la vara que autorice la interpelación de Adorni: en la sesión del jueves próximo no alcanza con votar la interpelación por mayoría absoluta -como el miércoles había planteado José Mayans y aceptado Bullrich- sino que para aprobarlo sobre tablas se necesitarán los dos tercios. Si no se consiguen, habrá que enviar el tema a la Comisión de Asuntos Constitucionales, lo que postergará sin fecha la interpelación.
Es Gobierno busca alargar el plazo para negociar y dar vuelta la votación, especialmente si prospera la idea de un sector del peronismo que propone no jugar a fondo, porque no cuenta con los votos suficientes y porque es mejor que Adorni permanezca al lado de Milei como un jarrón chino.
A esta altura, el affaire Adorni ya dejó de ser un tema judicial para convertirse en una trama política.
Ocurre que recién en agosto la Justicia le pedirá al actual jefe de Gabinete que justifique sus bienes e ingresos y, si no resulta convincente, solo después será llamado a indagatoria. Dos o tres meses, en la Argentina, equivalen al mediano plazo. Desde que el caso estalló en marzo, el Gobierno ya pagó el costo político de sostenerlo en el cargo y un eventual procesamiento difícilmente modifique la imagen que la sociedad ya se formó sobre la situación.
El problema que el Gobierno tiene por delante es político. Por lo pronto, ayer buscó solucionar el problema de la comunicación económica con la designación de Adrián Ravier como nuevo vocero, , para poder trasmitir los logros en macroeconomía -superávit fiscal y financiero; descenso de la inflación, compra de dólares por el BCRA, superávit comercial, etcétera-. Pero eso es insuficiente para motorizar la agenda legislativa en el Congreso.
Lo que está en juego es su política de alianzas y su capacidad de gestionar la agenda legislativa. Por ejemplo, la posibilidad de aprobar en Diputados un nuevo régimen de inversiones, el denominado super-RIGI, y, sobre todo, el pago de US$170 millones a los bonistas, una decisión impostergable porque vence el 30 de junio.
La oposición pidió una sesión en Diputados, el martes, con el objetivo de votar la interpelación de Adorni. Seguramente fracase, pero Martín Menem deberá organizar otra sesión para tratar aquellos proyectos. El caso ya no involucra solo al jefe de Gabinete: también pone en entredicho la gestión política del Gobierno en el Congreso.
El miércoles todo parecía a punto de estallar y descarrilarse. Estaba previsto que al día siguiente se realizara una sesión en el Senado. Unión por la Patria quería avanzar contra Adorni, pero no tenía los votos. El problema lo planteaban los aliados, que amenazaban con sumarse.
Finalmente, se resolvió que la sesión se realice el jueves próximo y sería a suerte o verdad: si para entonces Adorni sigue en su cargo, se someterá a votación la posibilidad de interpelarlo el 2 de julio. Se acordó que bastaría votar la interpelación por mayoría absoluta, pero ahora LLA y los aliados no quieren regalarle esa posibilidad a UxP y, como se dijo, propondrán que para votarlo sobre tablas será necesario alcanzar los dos tercios. Riesgo de colisión.
El PRO, con su comunicado y con las declaraciones de Fernando de Andreis —la voz de Mauricio Macri— y del senador Martín Goerling, había encendido la luz amarilla. Ambos sostuvieron que el funcionario no debería seguir un día más en el cargo. También fue contundente el radical Maximiliano Abad.
Días antes, la libertaria Patricia Bullrich, al cuestionar a Adorni, ya había dado la voz de alarma y ahora todos se sintieron corridos por derecha. Nadie quiso quedarse atrás.
No hay que olvidarse de leer todos los movimientos en clave electoral de 2027. Bullrich deja trascender que no quiere ser jefa de Gobierno porteña y que aspira a ser la compañera de fórmula de Milei.
El PRO, por su parte, sostiene que Milei dejó de impulsar el cambio y que ese partido es el verdadero garante de la continuidad del modelo. El tema le viene como anillo al dedo, sobre todo porque Mauricio Macri cuestionó al Presidente por haber designado a Adorni y también por su insistencia en sostenerlo en el cargo.
En La Libertad Avanza, en cambio, ningún oficialista votará en contra de Adorni. El Presidente dio señales de preferir que el funcionario continúe. Ayer, él mismo eligió a Ravier como vocero. Pero Milei considera que permitirle a Adorni renunciar o despedirlo equivaldría a entregarlo a la oposición, a los medios y a algunos grupos empresarios que, luego, irían por su propia cabeza.
Incluso, algunos imaginan que la estrategia del Presidente debería ser atravesar la tempestad legislativa y protagonizar una gesta heroica de la que, si gana las votaciones, saldrá fortalecido.
Hasta ahora, Milei nunca se dejó acorralar ni cedió ante las críticas. ¿Por qué lo haría esta vez? ¿Llegará a arriesgarse a una votación y sufrir una derrota? ¿Renunciará Adorni a último momento? ¿O tal vez tiene alguna chance de ganar la votación legislativa? Quedan siete días para seguir negociando y Bullrich busca estirar el plazo, es decir, sacar la interpelación de la agenda
Milei todavía puede esconder dos cartas salvadoras. Una es la mirada que tienen los gobernadores aliados. En los últimos días, hubo varias conversaciones entre mandatarios del norte y de provincias cordilleranas -Raúl Jalil, Osvaldo Jaldo, Gustavo Sáenz y otros-. Están convencidos de que la continuidad o no de Adorni es un tema del Presidente y de la Justicia, en el que ellos no deben intervenir. La prioridad de los mandatarios es cuidar sus provincias y su propia gestión, no involucrarse en una trama política ajena. La Constitución nacional les da a las provincias la oportunidad de intervenir en el asunto, pero las necesidades y el pragmatismo les aconseja ser prudentes.
La otra carta es inesperada: el peronismo jugará en dos velocidades. Por un lado, el kirchnerismo dice que quiere ir a fondo e imagina la interpelación y la remoción de Adorni. Pero otro sector del peronismo, donde está el masismo, propone una posición más racional y estratégica y considera que no se justifica avanzar a fondo porque no están los votos para vencer. En última instancia, entiende que no hay que darle razones a Milei para victimizarse y que resulta más conveniente dejar que sostenga a Adorni, porque eso lo desgasta frente a la opinión pública.
El trámite legislativo para remover a un jefe de Gabinete es engorroso y requiere conseguir quórum, conseguir mayoría de dos tercios para plantearlo sobre tablasy, para votar la censura, reunir mayorías absolutas en ambas cámaras. Es decir, demanda varias votaciones que se realizan en distintos días. El escenario no es sencillo y el Gobierno todavía tiene margen para maniobrar.
