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Amor a la tucumana. Ella tiene 64 años, él 38: “Hacemos el amor todas las noches”

El primer encuentro tuvo la luz encandilada de las tardes del norte y el pulso acelerado de las segundas oportunidades. Cuando Dolores (64) le abrió la puerta de su casa a Pichón (38), a él se le iluminaron los ojos de una manera que ella no va a olvidar jamás.

“Era como que la hubiera visto a Luciana Salazar o a Pampita”, recordó ella sobre aquel instante que pateó el tablero de sus vidas. No importaron los 26 años de diferencia, ni el ruido que vendría después. Aquel día se encendió un fuego que, un año y siete meses más tarde, sigue quemando con la misma intensidad.

Hasta que la vida se le cruzó con la de ese hombre más joven, los días de Dolores transcurrían bajo una sombra espesa. En el universo digital donde empezaba a asomarse, su espacio llevaba un nombre que lo decía todo: “El cielo nublado”. “Yo le he puesto así porque un día estaba bien, un día estaba para la miércoles; el cielo nublado era más oscuro que nublado”, confesó a TN. El trasfondo era un matrimonio desgastado y violento con su exesposo, un policía retirado. “Él era maltratador psicológicamente; los días de semana yo me iba a dormir a lo de una amiga o de mi hija”, relató Dolores.

Pichón, que venía de cerrar su propia historia de pareja y de desarmar un kiosco familiar, apareció primero como un compañero de videos y terminó siendo un salvavidas. Él le abrió los ojos en un mundo que desconocía: “Pichón me había enseñado que yo tenía una plata en el Facebook, que era un millón de pesos, y yo no sabía nada”, explicó Dolores.

Ambos son influencers en Tucumán y se conocieron haciendo videos juntos.  (Foto: gentileza Pichón y Dolores)

El quiebre definitivo llegó en el Día de la Madre de 2024, tras una agresión física que sufrió en su hogar. “Él (su ex) me ha pegado con una lata llena de cerveza en la espalda y una en la pierna. Entonces yo me di la vuelta y dije nunca más”, aseguró Dolores. Se marchó con lo puesto a un departamento en la capital tucumana, pero cuando quiso recuperar sus pertenencias descubrió que su exmarido se encargó de borrar el pasado de manera cruel: “Le digo a mi hija y me dice: ‘No, mamá, si el papá te la tiró toda la ropa‘. Me dejó prácticamente sin nada”.

Al verla desbordada y sin dinero para sostener el alquiler con su pensión de ama de casa, Pichón intervino con una promesa que funcionó como un escudo: “Vino y me dijo: ‘¿Cómo te vas a ir? Yo te amo, yo quiero estar con vos, yo voy a pagar el alquiler, pero no te vayas porque te pueden hacer algo’”.

El amor, en los márgenes de una sociedad que todavía mira de reojo los calendarios ajenos, tuvo que hacerse fuerte entre los reproches de los suyos. “Lo primero que me dijeron mis hijos fue que les daba vergüenza porque estaba con un chico joven. Ellos pensaban que yo estaba bien sola”, recordó Dolores. Por el lado de Pichón, la resistencia vino del lado de su exfamilia política. “Creo que su mamá también ha influido mucho con el tema de mi hijo mayor. Al principio ha sido un revuelo cuando se enteraron”, admitió él.

Dolores tiene cuatro hijos y Pichón tiene tres de relaciones anteriores. (Foto: gentileza Pichón y Dolores)

El bautismo de fuego más genuino y brutal lo vivieron en la calle y en la tribuna. Pichón, fanático de Atlético Tucumán, convenció a Dolores de pisar una cancha por primera vez en sus 64 años. “Le digo: ‘Dolores, acompañame a la cancha, vos nunca me querés acompañar’”, relató él. Ella cedió para hacerle compañía, pero la bienvenida de la tribuna fue letalmente honesta: “Al frente de la tribuna había una barra grande y le dice: ‘¡Eh, Pichón, c… vieja!’”. Pichón se rió: “A mí no me da vergüenza porque lo tomo natural. Al principio me costó, pero después ya la gente no te va a herir cuando uno se toma algo con humor”.

Hoy la convivencia los encuentra en un compás de espera, yendo y viniendo por cuestiones legales entre Tafí Viejo y el departamento de la capital, una distancia que encendió algunos roces domésticos.

Dolores reconoció, con una mezcla de indignación y ternura, que Pichón se volvió extremadamente dependiente: “Él no come, no quiere desayunar, no quiere cenar si yo no estoy. Me hace como que yo soy una mamá de él, y esa es la pelea que tengo. Le digo: ‘¿Cómo no vas a cocinar? ¿Cómo no te vas a hacer un huevo?’”.

La pareja comenzó a verse con más frecuencia a fines de 2024. (Foto: gentileza Pichón y Dolores)

Para Dolores, ver esa actitud es una alarma que la conecta con lo peor de su pasado: “Le dije: ‘¿Vos me estás haciendo retroceder? Me estás haciendo volver al pasado. Yo no te puedo estar sirviendo, mi pasado era eso: servir, servir, una mamá en la casa, no una mujer’”.

Pichón, por su parte, reconoció el golpe que le genera la distancia física en la semana: “A mí me cuesta horrores también. Vengo para acá y yo siempre encontraba que había alguien que me esperaba, y esas cosas yo no tengo ahora, por ahí me vengo abajo. Hay noches que no puedo dormir”.

Sin embargo, detrás de las batallas cotidianas por el orden, habita una reparación íntima que a Dolores le devolvió la vida. Su pasado estaba lleno de inhibiciones provocadas por el desprecio de su exesposo.

“Él me discriminaba, yo no me podía cambiar adelante de mi ex porque me decía: ‘Mirá la gordura, mirá la panza’. Yo dormía vestida”, recordó con dolor. Con Pichón, todo rastro de timidez desapareció: “A él le agradezco mucho que me hizo perder mi vergüenza, me hizo ser mujer. Ya no uso pijama para dormir, con lo que me gustan los pijamas. Él no ve esas cosas, eso es lo que me gusta”.

El objetivo de ambos es abrir una casa de empanadas en Tucumán.  (Foto: gentileza Pichón y Dolores)

Esa complicidad absoluta se traslada a las noches, donde el entusiasmo de Pichón parece no tener freno ni respetar el paso del tiempo. Dolores reveló, con una honestidad brutal y pícara, el secreto mejor guardado de la alcoba: “Hacemos el amor todas las noches. Es algo también que es medio pesadito para mí porque yo ya tengo una edad que no estoy con este ritmo”.

Para ella, el ritual diario se convirtió en la única forma de que su pareja concilie el sueño: “Pichón es como que si no hace el amor todas las noches, da vuelta y da vuelta”, agregó Dolores.

Aferrados a la jubilación de ama de casa, los trabajos mecánicos de él y las publicidades que consiguen gracias a la popularidad de sus videos, Dolores y Pichón caminan sin mirar el reloj biológico. Saben que su historia rompe moldes y que en la calle se convirtieron en un espejo para otras mujeres.

“Hay muchas mujeres que me escriben por mensaje, me dicen lo que les pasa, lo que sienten, que no se pueden ir. En la calle se paran y me dicen: ‘Dolores, fuerza, adelante’. Es como que se sienten reflejadas en mí”, concluyó ella con orgullo. Mientras proyectan en grande, cocinan empanadas y sueñan con subirse a las tablas de un teatro o meter un pleno televisivo. Ambos quieren ser famosos. Pero juntos, nunca separados.