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Chau!

—Yo sé que me mintió —asumió el Presidente, después de oír la concisa pero contundente posición de su hermana, que expresaba un viraje drástico a lo que ella misma había sostenido hasta entonces.

—A vos, a mí, nos mintió a todos —dijo Karina.

Tarde, muy tarde, los hermanos Milei se sentaron cara a cara en la Residencia de Olivos y asumieron que Manuel Adorni los había metido en una emboscada demoledora: un proceso que empezó por un desliz y que, paso a paso, terminó por arrasar con los declamados principios morales de La Libertad Avanza, devoró ciertos éxitos económicos y parlamentarios y sumergió al Gabinete en una parálisis de la que aún no puede salir.

El encuentro sucedió unos días antes de que el primer mandatario viajara a España para inaugurar los cursos de verano de la Universidad San Pablo-CEU y recibir una medalla de honor. Por primera vez, Milei aceptaba que podía ser atinado hacer un cambio, aunque más no fuera para sacarse de encima el martirio en el que se vio sumergido en los últimos ciento doce días.

Karina aprovechó aquel diálogo, y la soledad con la que impuso su voluntad en la Casa Rosada durante la ausencia de Milei en el país, para dejar trascender que el ciclo del jefe de Gabinete, investigado por enriquecimiento ilícito en una causa de la que se podrían desprender otras tan o más graves como la de lavado de dinero, estaba cumplido. Llamó a Diego Santilli, el ministro del Interior, y le anticipó que sería el reemplazante. Los colaboradores karinistas lo celebraron en silencio y la información comenzó a filtrarse en algunos rincones del establishment y en las altas esferas del Ejecutivo. Hubo alivio. La suerte de Adorni estaba echada. Fin para él.

Ese hombre de comportamiento afable y sumiso con los Milei, que le valió para ser ungido el 29 de noviembre de 2023 como vocero presidencial y, un año más tarde, como primer candidato en la Ciudad para saltar poco después a la jefatura de Gabinete, es ahora eje de decenas de especulaciones. ¿Qué hará? ¿Cómo se comportará la Justicia con él? ¿Amagará con contar algunos de sus secretos? ¿Y si ya lo hizo ante gente con la que hoy se encuentra distanciada? Adorni tiene miedo, mucho miedo de ir preso. Por eso no se quería ir. Su carta de despedida no se condice con su accionar. Se aferró al cargo como nadie.

Las últimas pruebas recopiladas por quienes investigan su patrimonio aún no se conocen, pero serían irrebatibles. Dicen que eso también contribuyó para que Karina se inclinara por echarlo. Quizá Juan Bautista Mahiques tenga algo que explicar. “No podemos sostenerlo más, nos estamos hundiendo”, habría dicho Karina. Las encuestas, que Milei dice que no lo condicionan, esta vez sí lo hicieron.

La pesadilla de Adorni, que, más bien, fue la de toda una administración, comenzó cuando el funcionario logró camuflar a su esposa, Bettina Angeletti, en el Tango 01 que trasladó al Presidente a Estados Unidos. Se alojó con ella en el exclusivo The Langham, New York, Fifth Avenue y allí ambos recibieron la noticia de que en Argentina solo se hablaba de esa estadía. La polémica creció al otro día, cuando Adorni declaró que se había ido a deslomar a Nueva York, y alcanzó su primer pico dramático a las pocas horas, cuando se constató que, en febrero, había viajado junto a toda su familia a Punta del Este en un avión privado financiado por Marcelo Grandio, un contratista del Estado.

La difusión del video del viaje derivó en la primera tormenta del Gobierno puertas para adentro: en lugar de explicar la situación o de echar a Adorni, la tarea consistió en ver quién lo había grabado y si había sido una movida relacionada a la interna entre caputistas y karinistas.

“¿Qué más hay, Manuel?”, le preguntaron quienes querían ayudarlo. “No hay más nada”, se desentendió. A los pocos días reapareció en televisión y dijo que él había pagado los pasajes y que tenía la factura. Era su primera mentira fuerte de un entramado de engaños constantes y tenaces.

La saga se alimentó cuando trascendieron los detalles de la compra de sus propiedades. No supo cómo explicarlo. Su sueldo ascendía en esos meses a menos de tres millones de pesos y Angeletti era monotributista, inscripta en las categorías más bajas. Mientras eso ocurría, los Adorni viajaban al exterior y se mudaban.

Es cierto, también, que en algunos casos contaban con ayuda: la familia viajó a Bariloche en junio de 2024 y se alojó en el Llao Llao gracias a la reserva que le hizo un empleado de Eduardo Elsztain, que administra el establecimiento. Los dueños del hotel permitieron que Adorni y su núcleo familiar se fueran sin pagar tras cinco noches de relax. Los consumos fueron propios de quienes no quieren dejar pasar nada. El servicio de peluquería del hotel, por ejemplo. Son lindos los privilegios de la casta.

Las anécdotas de los ex compañeros de radio y televisión de Adorni se volvieron virales: uno de ellos contó que le compraba medias porque veía que le costaba llegar a fin de mes. “Se le dio todo junto”, diría la escribana Adriana Nevechenko para explicar el estrepitoso cambio de vida del funcionario.

De pronto apareció un contratista y reveló que la casa en el country en Indio Cua no solo había sido reformada: prácticamente se había tirado abajo para construir una nueva. La cascada, que el mismísimo Presidente se tomó a risa, se hizo célebre, pero fue lo de menos: Adorni y su esposa mandaron a hacer 34 muebles a medida, una parrilla que imitaba a la que tiene Messi, una piscina y una refacción total de los ambientes que costaron, según el contratista, 245 mil dólares. Adorni pagó en negro. Hace días se jactó de eso por chat, frente a los senadores. Se sabe también que los colchones y la ropa blanca fueron pagados por su secretaria para que apareciera su nombre y no el de él.

Los traslados de parte de la mercadería se hicieron vigilados por la Gendarmería, otra atribución que Adorni se tomó para sí porque -dijo entre los vecinos- estaba asustado por los escraches.

Todo esto les pareció poco a los hermanos Milei y, también hay que decirlo, a la mayoría de los integrantes de la Libertad Avanza que avalaron las irregularidades, desde el canciller Pablo Quirno hasta el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, que dijo que ponía las manos en el fuego por Adorni. Apelaron, en todo momento, a un recurso que viene gastado desde la era K: la culpa es del periodismo y de los sectores de poder que quieren tumbar al Gobierno.

Así lo dijo Adorni en su presentación en el Congreso. Mientras lo decía y les mentía a los legisladores, Milei -rodeado de ministros- gritaba desde el palco: “Vamos Manuel”.

Los escándalos no cesaron nunca. Los pedidos internos, primero para solicitar explicaciones sustentables y, luego, para exigir su salida, los lideró Patricia Bullrich. El resto de la plana mayor libertaria acompañaba en silencio o le escribía a la senadora por privado: “Yo estoy con vos, pero no lo puedo decir”.

El viernes pasado, La Nación publicó el último escándalo: Adorni compró por Mercado Libre un monitor gamer y dos proyectores y les hizo poner la tarjeta a dos empleados de su área. ¿El abuso de poder que ejerció durante su paso por la Casa Rosada también fue avalado por los altos mandos?

Adorni arrojó su poder sobre los empleados de su área -a los que llegó a decirles que no le alcanzaba la plata para vivir y que tenía que vender dólares- y subió un peldaño insólito, que podría comprometer aún más su panorama judicial, en una conversación por WhatsApp con Matías Tabar, el hombre encargado de diseñar, reformar y comprar todo lo que pedía Adorni para su casa. Tres días antes de que Tabar declarara en la Justicia, el coordinador del Gabinete lo llamó y le envió audios para presionarlo y consensuar una declaración. Tabar se negó y Adorni, ya sin red, tuvo que confesarles a sus colaboradores más cercanos lo que había hecho. “¿Vos estás loco?», le preguntaron.

Adorni se rió, no contestó y cambió de tema: “Vamos a la sala de conferencias”, dijo. Ese lunes 4 de mayo, a la misma hora, Tabar estaba en Comodoro Py. Al jefe de Gabinete lo esperaban los periodistas. En la platea de acreditados ya no estaba el cronista que tiró primero del hilo: el que descubrió que esa mujer rubia que acompañaba a Adorni en el cementerio de Queens, y a la que habían intentado ocultar, era su esposa. No estaba porque Adorni le había quitado su acreditación.

La conferencia estuvo plagada del sarcasmo propio del estilo del jefe de Gabinete, aunque algo comenzaba a cambiar. Adorni estaba nervioso. Volvió a decir que él no tenía nada que ocultar. Que su declaración jurada estaba perfecta y que el que no entendía era porque no quería. Que hizo siempre todo de buena fe. Y que él, por sobre todas las cosas, no es ningún chorro.