En lo que va de la gestión de Javier Milei, hubo cuatro ciclos de inflación bajista que se cortaron con nuevas alzas. El primero fue desde el 25% de diciembre de 2023 al 4,2% de mayo de 2024. Desde allí alternó subas y bajas hasta el 4,2% de agosto, donde arrancó el segundo ciclo netamente descendente hasta marcar 2,4% en noviembre de 2024. Empieza allí una nueva alternancia hasta el 3,8% de marzo de 2025, que encadena dos mejoras hasta el 1,5% de mayo, hasta ahora el menor registro de esta presidencia. En ese punto arrancó una nueva fase alzas, que se cortó con el 2,6% de abril pasado, seguido por 2,1% de mayo y el 1,9% de junio.
¿Esta vez es en serio? ¿Qué chances hay de que este ciclo bajista se mantenga? Para los analistas, la inflación se mantendrá en tónica bajista en la segunda parte del año en un rango que va de 1,9 a 1,6%. Para julio, las proyecciones anotan 1,8%.
Hay tres factores decisivos para determinar qué pasará con la inflación en el segundo semestre.
El tipo de cambio viene corriendo de atrás a la inflación desde principios de año. Solo le ganó en junio, cuando subió 5% contra un índice de 1,9%. Para julio se esperaba que con menor oferta por el fin de la cosecha gruesa y la mayor demanda por el Mundial, los aguinaldos y las vacaciones de invierno, la cotización cobrara impulso. Al borde de la primera quincena del mes eso no ocurrió: el dólar baja 0,3%, aunque los pronósticos muestran que debería reacomodarse al alza en los próximos meses.
Eric Ritondale, economista jefe de Puente, señala que «las previsiones anticipan que la tendencia de desinflación continuará en los próximos meses de manera paulatina, con el anclaje del tipo de cambio y el sostenido proceso de compras de reservas como los factores que dinamizan este proceso. No obstante, la trayectoria de la inflación mensual no presentará un comportamiento lineal, dadas las correcciones de precios relativos y la estacionalidad propia de ciertos rubros de la canasta».
En junio, el rubro alimentos y bebidas subió 1,3%, el aumento más bajo en el último año. Aquí la clave es que la carne estuvo prácticamente planchada: apenas se movió 0,1% en GBA. Y no se espera que haya cambios marcados en los precios en los próximos, meses, a diferencia de lo que ocurrió el año pasado, cuando la carne subió más de 25%.
Javier Bongiovanni, economista Fundación Libertad, apunta que «más allá del dato puntual de junio, lo importante será observar la tendencia de la inflación en los próximos meses.Lo verdaderamente relevante será que la inflación no solo logre ubicarse por debajo del 2%, sino que también pueda sostener ese nivel en el tiempo. En un contexto de una macroeconomía más ordenada con un tipo de cambio relativamente estable desde principios de año y el BCRA que mantiene un saldo comprador de reservas y tasas de interés en descenso, la inflación podría continuar con su proceso de desaceleración. A esto se suma un año con menor volatilidad política, un factor que también contribuye a sostener expectativas más estables».
En la primera parte el año, los precios de los combustibles treparon 25% en el caso de la nafta y 30% en el del gasoil empujados por el conflicto en Irán y la escalada del petróleo, que llegó a superar los US$ 110, aunque hoy ronda los US$ 80. Hacia adelante dependerá de cómo siga el conflicto, pero en principio no se esperan nuevos aumentos, aunque tampoco bajas marcadas. El precio del combustible es clave en la inflación porque tiene efectos directos e indirectos, ya que incide en los costos logísticos.
LCG apunta que «la inflación vuelve a la zona del 2% mensual. Aumentos postergados en regulados (básicamente combustibles y tarifas) podrán sumar presión en los próximos meses, pero no un cambio de tendencia».
«Seguimos insistiendo en que consolidar el proceso de desinflación va a demandar algo más que ancla cambiaria, apertura comercial y actividad poco pujante. Posiblemente se requieran otras herramientas complementarias para coordinar mejor expectativas y remarcaciones, y llevará más tiempo«, sostiene LCG.
