De manera paulatina pero decidida comenzó a operar en el mercado una pulseada, por ahora silenciosa, entre dos fuerzas que tironean de la misma soga: el precio del dólar. Por un lado ahorristas y empresas que buscan girar dividendos e inversores; y del otro, el Banco Central, que activó sus defensas para trazar una línea para el tipo de cambio en torno de los $1.500.
Aunque nadie en el mercado aún lo considera un episodio de tensión cambiaria -como las que experimentó la economía en la previa de las elecciones legislativas- una luz amarilla se encendió entre los analistas por una serie de indicios.
Entre ellos, una demanda de cobertura cambiaria con bonos que escaló en poco tiempo y la necesidad del Tesoro de tener que vender dólares en el mercado para aplacar la demanda. El BCRA, además, compró lo mínimo indispensable para no presionar el valor de referencia.
Hay una suerte de «trinchera» que el Gobierno comenzó a cavar desde hace un tiempo para llegar a los meses de mayor demanda de dólares lo más preparado posible. Hay, en ese parapeto, más de una herramienta a mano. En el mercado empiezan a sospechar que empezó a utilizar la mayoría de ellas.
El tipo de cambio mayorista se mueve desde hace semanas alrededor de los $1.500, un nivel que el mercado interpreta como un límite que el Gobierno procura defender, mientras crecen las señales de cobertura cambiaria de empresas e inversores y se mantiene elevada la demanda privada de divisas.
No es un dinámica completamente inesperada: los procesos electorales suelen traducirse en una mayor búsqueda de cobertura frente a eventuales cambios de escenario, aunque en este caso se trataría de un inicio relativamente prematuro.
El Gobierno intenta convencer a los mercados de que llega con una diferencia respecto de turnos electorales anteriores. Esto es, un Banco Central con mayor poder de fuego y un menú de opciones que le permitirían amortiguar episodios de tensión sin necesidad de recurrir a intervenciones más drásticas, ya sea con ventas de divisas (si tocase el techo de la banda) o, aún más, teniendo que recurrir a prestamistas como el Tesoro norteamericano.
Las señales oficiales comenzaron a acumularse durante los últimos días. El martes de la semana pasada, por primera vez desde principios de enero, el Banco Central dejó de comprar divisas en el Mercado Libre de Cambios.
En esa misma rueda, según estimaciones privadas basadas en las estadísticas monetarias, el Tesoro habría vendido alrededor de US$146 millones en el mercado contado. A eso se sumó un manejo más activo de la liquidez en pesos y una mayor presencia en bonos del Tesoro atados al dólar.
Para la consultora 1816, las tres decisiones enviaron «señales claras de que no quiere al tipo de cambio por encima de $1.500«. Sin embargo, advierte que, pese a esas intervenciones y a un contexto internacional más favorable para las monedas emergentes, el dólar mayorista -referencia para el comercio internacional- continúa operando cerca de ese nivel. «Veremos en los próximos días si no se requiere una mayor tasa para que el peso no se deprecie más allá de ese valor», señala el informe.
Ese diagnóstico dio paso a uno de los principales temas de conversación entre analistas e inversores: hasta qué punto el Gobierno está dispuesto a sacrificar tasas de interés para sostener la estabilidad cambiaria.
Según 1816, la prioridad oficial parece seguir siendo el dólar, aunque reconoce que existe un trade off (disyuntiva) entre ambos objetivos. La consultora recuerda que durante 2025 el equipo económico ya había privilegiado contener la presión cambiaria aun al costo de aceptar fuertes subas en las tasas de corto plazo.
La estabilidad del tipo de cambio puede actuar como ancla inflacionaria y también para la demanda de activos en pesos: de acuerdo con 1816, los períodos en los que el Banco Central logró comprar más reservas coincidieron con etapas de menor volatilidad cambiaria, como ocurrió durante el esquema de crawling peg en 2024 o entre febrero y mayo de este año, cuando el dólar permaneció prácticamente estabilizado alrededor de $1.400.
Mientras tanto, los inversores también comenzaron a reforzar sus coberturas. Portfolio Personal Inversiones (PPI) calcula que durante julio el sector público consolidado -Tesoro y Banco Central- incrementó en unos US$ 5.000 millones la oferta de instrumentos de cobertura cambiaria, principalmente mediante bonos dólar linked y títulos duales ajustados por tasa de interés mayorista en pesos o por la evolución del tipo de cambio.
Según PPI el stock total de cobertura cambiaria ya ronda los US$ 11.240 millones, luego de haber aumentado más de US$ 8.000 millones desde fines de mayo. «Lo llamativo es que esta expansión se haya producido a más de un año de las elecciones presidenciales de 2027«, sostiene el informe. Como comparación: en octubre de 2025, días antes de las legislativas nacionales, ese número había llegado a casi US$ 15.300 millones.
Según esta sociedad de Bolsa, tanto la estabilidad que mostró el dólar durante julio como las compras de reservas por más de US$ 2.100 millones estuvieron asociadas, en buena medida, a esa mayor oferta oficial de cobertura.
Puesto en otros términos: el BCRA pudo comprar porque al mismo tiempo ofreció bonos dólar linked para «correr» de la cancha a otros demandantes de divisas. Hacia adelante, agrega PPI, el desafío será sostener ese esquema sin necesidad de continuar expandiéndolo al mismo ritmo.
La propia evolución del mercado refleja esa búsqueda de cobertura. La consultora LCG observa que en los primeros días de agosto crecieron tanto el interés inversor por los contratos de dólar futuro como el volumen operado en bonos dólar linked, dos movimientos que interpreta como señales de una mayor intervención oficial.
Aunque las expectativas implícitas de devaluación continúan por debajo del 2% mensual para los próximos meses, el dólar mayorista volvió a acercarse al umbral de los $1.500. Hasta ahora no consiguió quebrarlo.
En paralelo, las reservas internacionales continúan mostrando una mejora respecto de comienzos de año. Tras superar momentáneamente los US$ 50.000 millones, el stock volvió a retroceder hacia la zona de US$ 49.000 millones luego del pago de intereses al Fondo Monetario Internacional.
Las compras del Banco Central en el mercado oficial, sin embargo, siguieron siendo reducidas: según LCG promediaron apenas US$ 28 millones diarios, entre los niveles más bajos de 2026.
Frente a ese escenario, el Gobierno sostiene que el Banco Central llega a esta etapa con una capacidad de respuesta muy distinta de la que tenía un año atrás. La estrategia oficial está sostenida en varias columnas. La acumulación de reservas es la principal pero los otros instrumentos también están a la mano.
Este tema también fue abordado, sobre el cierre de esta semana, por el Informe de Política Monetaria (IPOM), el reporte trimestral del Central en el que explica cuál es su línea de acción general en términos de tasas de interés, mercado cambiario e inflación.
El organismo que preside Santiago Bausili afirmó que durante los primeros siete meses del año fortaleció su «margen de acción» mediante la recomposición de distintos mecanismos de intervención. Al aumento de las reservas líquidas se sumó la recuperación del mercado de futuros y de los swaps de monedas.
Según el organismo, ese proceso implicó una mejora de las condiciones de liquidez en moneda extranjera superior a los US$20.000 millones en lo que va del año. La estimación incorpora tanto el incremento de reservas disponibles como la recuperación de instrumentos financieros que permiten intervenir sin recurrir directamente a ventas de divisas.
Dentro de esa estrategia también se inscribe la reciente renovación por cinco años del tramo activado del swap con el Banco Popular de China por el equivalente a US$19.000 millones, un acuerdo que despejó uno de los principales vencimientos que enfrentaba el BCRA y reforzó el respaldo sobre las reservas internacionales.
El fortalecimiento del balance coincide además con una etapa de mayor apertura del mercado de cambios para las empresas, más allá de las restricciones que todavía permanecen vigentes y que el Gobierno no piensa en flexibilizar por el momento. El Banco Central habilitó luego de siete años el giro de utilidades al exterior y aceleró la normalización del pago de importaciones y de deuda comercial.
Según el IPOM que elabora el Central, las empresas ya remitieron al exterior unos US$3.300 millones en dividendos entre enero y julio, mientras que la amortización de los Bopreal permitió reducir aproximadamente a la mitad la deuda comercial que los importadores habían acumulado antes de diciembre de 2023.
A la demanda de dólares por parte de las personas físicas -que ronda los US$ 2.000 millones mensuales, al considerar ahorro y tarjeta de crédito- se sumó en los últimos meses un jugador nuevo como el sector corporativo, que remitió ganancias a sus casas matrices. Principalmente aparecen compañías del sector energía y minería.
De acuerdo con el IPOM, hay un corte claro entre los meses pre y post electorales, en términos de cuántos dólares demanda el ahorrista cada mes. En primer lugar, detectaron que a diferencia del 2025, ahora en promedio el 75% de los dólares adquiridos para atesoramiento permanece depositado dentro del sistema financiero. Y que el promedio por mes, sin contar tarjeta de crédito en dólares, es de unos US$1.100 millones.
En la resultante de ese tira y afloje quedará determinado el precio del dólar en los próximos meses. Aunque para el mercado era razonable que la pulseada arranque en 2027, ya hubo en estas semanas una partida de exhibición en la cual, como mínimo, el Gobierno mostró sus cartas y también cuán dispuesto está a usarlas.
