La figura de Narciso, que nació en la mitología griega, es una de las más usadas en infinidad de historias llevadas al teatro, al cine o a la televisión. Siempre escondido detrás de alguna venganza o traición, el hombre que se enamoró de él mismo a través de su reflejo en el agua construye su vanidad en función de la opacidad de las relaciones que acumula solo para satisfacer sus gustos y deseos.
Con matices, filtros y sin tanto drama, Adrián Suar delineó en torno a ese personaje Yo, Narciso, la película que se estrena en cines este jueves. Para secundarlo como su contraparte femenina, el cineasta eligió a Natalia Oreiro, con quien ya había formado dupla en la recordada tira Solamente vos (eltrece).
Yo, Narciso está mucho más cerca de ser una entretenida sitcom XL algo reflexiva que de una rom-com en la que los protagonistas dejan todo por su amor. No, está muy lejos de ser eso.
La trama de Yo, Narciso reúne a Rocío Flores (Natalia Oreiro), una profesora universitaria de sociología que escribe un libro sobre el narcisismo moderno, con Máximo Rey (Adrián Suar), un carismático cirujano plástico.
La profesional de las ciencias sociales escucha de casualidad que Rey es una persona muy narcisista y, como investiga sobre ese tópico para escribir un libro, resuelve entender mejor el tema si lo ubica a él como un objeto de estudio.

Para eso, se prepara como nunca, planifica una visita a su consultorio e inicia una presunta conquista bajo otra identidad. De esa manera, pretende no ser descubierta por él.
Poco a poco, con cada uno de los encuentros, Rey iniciará con Rocío su rutinaria manera de seducir a las mujeres. Ella, sin embargo, está muy lejos de caer en sus garras. Por eso, con su entorno de amigos y pareja, armará un delicado plan evitar que se cruce una línea.
Yo, Narciso es la tercera película que dirige Adrián Suar, luego de 30 noches con mi ex y Mazel Tov. Lejos de la historia de amor de la primera y mucho más distante de la trama familiar de la segunda, el film intenta tener una reflexión sintética a las relaciones amorosas modernas que circulan en un mundo cada vez más narcisista.
El film no es una historia de amor convencional, sino que pretende tomarse con humor al narcisismo. Los personajes secundarios, que entran y salen de momentos disparatados y rozando el slapstick, son los artífices de lo mejor del film.
Adrián Suar, además, despliega ciertos retazos estéticos que referencian a los colores primarios que usa con tanto ímpetu en toda su filmografía el director español Pedro Almodóvar.
Fiel a su estilo, el director y protagonista también impone esa lógica de comedia teatral francesa que inunda sus ficciones como también pasó en los anteriores films que dirigió.
Natalia Oreiro, al igual que el resto del elenco, funciona como un reloj en las situaciones graciosas que se dan, con Adrián Suar marcando siempre el tempo de la orquesta.
